Ir a contenido

El Papa dejará el pontificado el 28 de febrero por problemas de salud

Ratzinger, de 85 años, es el primero en dejar la jefatura de la Iglesia católica desde el siglo XV

Benedicto XVI ha anunciado que a las ocho de la tarde del 28 de este mes abandonara el cargo, lo que está provocando un shock inédito en la iglesia católica, tanto entre las jerarquías como en la base.

Lo ha dicho Joseph Ratzinger, en latín, durante un consistorio de cardenales durante el que se han decidido 800 beatificaciones y canonizaciones. Se abre así un período nuevo y totalmente desconocido en la vida de la iglesia, cuyos cardenales deberán celebrar un cónclave para elegir al sucesor mientras el papa anterior sigue en vida.

“Siento el peso del cargo, abandono por la edad y el bien de la iglesia”, ha dicho en un comunicado. Joseph Ratzinger (16 de abril de 1927) asumió la tiara de San Pedro el 19 de abril de 2005, tras la muerte de Juan Pablo II; tenía 78 años cuando asumió el cargo. Por tanto, renuncia antes de cumplir los 86 años.

“Se trata de un acto de grande fe, ya que el Papa ha preferido dimitir antes de dejar el timón de la iglesia en mano de sus colaboradores”, ha comentado el obispo italiano, Luigi Bettazzi. El cardenal Angelo Sodano, decano del colegio cardenalicio, ha definido la decisión como “una relámpago en un día de sol”, lo que da a entender que ni él mismo estaba informado sobre la renuncia.

Después de haber sido acusado de no realizar las reformas que pedían muchos católicos de todo el mundo para la iglesia, Joseph Ratzinger establece un precedente que constituye probablemente su reforma fundamental, ya que es como si hubiese dicho que un Papa no es vitalicio, sino que puede dimitir, como se obliga los obispos cuando alcanzan los 75 años

Con su dimisión admite no está a la altura física para afrontar aquellas reformas, entre las que se encuentra una verdadera refundación de la iglesia católica, después del escándalo de la pederastia clerical, la carencia de sacerdotes en todo el mundo, las cuestiones no resueltas vinculadas a la sexualidad moderna, como la readmisión en la iglesia de los divorciados católicos. Las reformas del gobierno central y periférico de la iglesia fueron decididas por el Concilio Vaticano II (1963-1965), comenzadas por Paulo VI en 1967, pero quedaron interrumpidas desde entonces.

Según prevén las normas de la iglesia para la elección de un sucesor, el colegio cardenalicio se comportará como si el Papa hubiese fallecido. De manera que dentro de menos de un mes, los cardenales de todo el mundo deberán acudir a Roma para reunirse en cónclave.

En estos años Benedicto XVI había dicho alguna vez que consideraba normal que un Papa dimitiese “si su salud no le hubiese permitido desempeñar el cargo, en el caso de que encontrarse en una situación de estrés o dificultad física”.

En el siglo XIII Celestino V abandonó también el cargo, pero las circunstancias fueron totalmente distintas, ya que los cardenales de Roma le obligaron a dimitir. Sucesivamente, tanto Paulo VI como Juan Pablo II habían manifestado su intención de dimitir, el primero retirándose en el monasterio de Cassino y en segundo en Polonia. Pero el entorno curial y cardenalicio se lo impidió.