02 dic 2020

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BALANCE AMARGO DE LA POLÍTICA DE INFRAESTRUCTURAS

España la tiene más larga

El Ministerio de Fomento lleva años obsesionado por desplegar una red de alta velocidad que no responde a criterios económicos

C. B.
BARCELONA

Cada llegada de un ministro a la cartera de Fomento ha traído consigo un nuevo plan de infraestructuras que ha reorganizado las prioridades del Gobierno de turno. No obstante, hay un nexo en la última década: la obsesión por la alta velocidad. Ni siquiera una crisis tan galopante como la actual ha logrado desalojar de los despachos del departamento esa fijación. Los presupuestos de este 2013 vuelven a destinar una cantidad obscena a este apartado, en concreto el 71% del total, a pesar de que hace años que los expertos en la materia alertan del despropósito que representa continuar en esa dirección, sin atender a criterios económicos y actuando solo en clave política.

La alta velocidad a Galicia, la comunidad de origen de la actual ministra, Ana Pastor, recibirá una inversión de 1.079 millones de euros este año. Ni el corredor mediterráneo, con obras repartidas entre cuatro comunidades, logra una cantidad tan importante (se queda en 1.019 millones). Por no hablar de Rodalies de Catalunya, que acumula un memorial de agravios tan mayúsculo que es difícil de justificar frente a los 400.000 usuarios diarios. Pero Fomento -que en cambio sí ha sido sensible a las necesidades de las Cercanías de Madrid- solo ha presupuestado para este servicio 82 millones de euros, un 2% del total.

Además, el AVE a Galicia ya había logrado el año pasado situarse como la partida más importante, con otros 900 millones para el Ourense-Zamora. Y el antecesor de Pastor, el también gallego José Blanco, había sido el primero en colgarse la medalla del tren de altas prestaciones en su tierra, ya que en diciembre del 2010 (ya en tiempo de descuento, porque el PSOE acababa de ser desalojado de la Moncloa y él estaba en funciones) inauguró los primeros 150 kilómetros, entre Santiago de Compostela y Ourense. Un trayecto cuya línea convencional, por cierto, solo había conseguido un 8% de tasa de cobertura, que es la proporción entre lo que gasta el Estado en un servicio y lo que ingresa de los pasajeros que atrae. Por compararlo con otro servicio ferroviario, las líneas de Ferrocarrils de la Generalitat tienen una tasa superior al 90%.

Estas circunstancias son las que denuncian en 'La Gran Bacanal' el diputado en el Congreso Pere Macias y la periodista Gemma Aguilera. En esta obra publicada recientemente, además de repasar estas contradicciones, los autores recuerdan que «uno de cada cinco kilómetros de línea de alta velocidad que está en servicio o se está construyendo en el mundo corresponde al Estado español, más de la mitad si se excluye a China».

Líderes en ineficiencia

Macias y Aguilera añaden que los más de 2.200 kilómetros de trazado de AVE pasan por delante de Francia y Japón pero en cambio los trenes españoles son «líderes en ineficiencia», porque recorren menos kilómetros al año que los de otros países: un TGV de la SNCF (la operadora francesa) cubre 632.657 kilómetros de media, mientras que un S-103 de Renfe se queda en 373.077.

El catedrático de Economía Germà Bel, siempre mordaz en sus críticas al dispendio en infraestructuras, ha asegurado en ocasiones que España sí ha logrado «tenerla más larga», en referencia a la red de alta velocidad, pero que esto no significa que sepa usarla mejor. Críticas como la suya, sin embargo, no han disuadido a los políticos, que solo se han atrevido a parar inversiones mastodónticas en estaciones del AVE pero siguen con la obcecación de la red.