Desahucios con ojos de niño

Los alumnos víctimas de un desalojo suelen manifestar rabia, rencor e introversión

Los colegios abordan esta lacra social en talleres y hacen seguimiento familiar

Noemí Rocalbert, directora del colegio Mestre Morera, en Ciutat Meridiana, coloca unos dibujos en el pasillo del centro.

Noemí Rocalbert, directora del colegio Mestre Morera, en Ciutat Meridiana, coloca unos dibujos en el pasillo del centro. / JOSEP GARCIA

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
BARCELONA

Los pasillos del colegio Mestre Morera tienen el aspecto de una auténtica galería de arte. 'Collages', acuarelas que reproducen los colores del otoño, cuadros en tonos pastel y óleos inspirados en historias y cuentos explicados en clase. El arte infantil cubre, a lo largo de metros y metros, los muros del corredor central de esta escuela de Ciutat Meridiana, uno de los barrios de Barcelona más castigados por la lacra de losdesahucios. Casi todos los autores de las obras que decoran el colegio, artistas de entre 3 y 13 años, conocen de cerca, algunos en primera persona, la angustia que supone vivir esperando a que, antes o después, vengan unos señores con traje a casa y te echen de ella. Y las paredes del centro escolar no son ajenas a esa inquietud.

Noemí Rocalbert, ocho años como directora delMestre Morera, conoce casi caso por caso las historias personales y familiares de sus aproximadamente 250 alumnos. Y las circunstancias de los chicos, asegura, van bastante más allá deltraumadel desahucio. «Es que no se trata solo deldesalojo, que es, por decirlo de algún modo, el punto final de un proceso. Se trata de todo lo que están viviendo estos chicos desde el momento en que el paro entra en sus casas, en que se termina el jabón y deja de haber ropa nueva, en que ya no queda nada en la nevera...», afirma.

«El desahucio para quienes han pasado por todo eso es solo un problema más», proclama la docente. En un barrio como Ciutat Meridiana, el niño cuyos padres trabajan todo el día, encadenando contratos precarios o directamente en la economía sumergida, puede considerarse afortunado. «La pobreza aquí es estructural, no es un fenómeno de los últimos años», sentencia.

LA PUNTA DEL ICEBERG / Sea como fuere, lo cierto es que esa punta del iceberg que es la pérdida del hogar es tema de preocupación y de debate en las escuelas. «Es un asunto que afecta a toda la comunidad educativa, especialmente a la de los centros situados en las áreas másvulnerables», alerta Àlex Castillo, presidente de la federación de asociaciones de padres de alumnos de Catalunya (Fapac). La entidad ha iniciado una campaña pidiendo a los partidos políticos que se presentan a las próximas elecciones autonómicas «que se comprometan a bloquear los desahucios de familias con niños escolarizados», explica Castillo.

«Las oficinas de escolarización de los barrios más afectados vienen detectando, de un tiempo a esta parte, numerosos cambios de residencia, con lo que eso supone para el funcionamiento de un colegio», dice el presidente de la Fapac. Y aún más grave: «Los niños que viven esa problemática, los que saben que pueden ser desahuciados, presentan un alto grado defracaso escolar, no pueden seguir el curso, no se concentran en clase y pueden llegar a mostrar malos comportamientos», avisa. Eso por no hablar de lo que supone, una vez ejecutado el desahucio, tener que abandonar el barrio, los amigos y los lugares habituales de juego y ocio.

A CASA DEL ABUELO / Aunque, como insiste la directora, el fenómeno en Ciutat Meridiana no es en absoluto nuevo, baste señalar que este curso 2012-2013, uno de cada cinco alumnos del colegio Mestre Morera es nuevo. Al centro han llegado 52 estudiantes y se han marchado 17 de los alumnos que habrían tenido que continuar en el colegio. «Al principio, esta alta movilidad fue creada por la llegada masiva de inmigrantes [que suponen un 40% de la población del barrio], pero ahora es porque la gente viene a Ciutat Meridiana en busca de un piso más barato o bien se trasladan a vivir a casa de los abuelos, con lo que eso supone para la convivencia diaria», observa Filiberto Bravo, presidente de la asociación de vecinos de la zona.

«Las familias son cada vez más extensas, hasta el punto que en el barrio hay pisos donde están compartiendo techo entre 10 y 12 personas», admite Bravo. Quienes se marchan son, en gran parte, ciudadanos extranjeros que regresan a sus países de origen.

Y los niños, que son como esponjas que observan y absorben todo lo que ocurre a su alrededor, «lo acaban manifestando con rabia, con resentimiento, con introversión... Cada uno lo expresa según forma de ser, según su carácter», indica Rocalbert. «En algunos casos, todo eso lo detectamos a través de los dibujos, que son reveladores. Algunos evidencian una fuerte opresión», dice.

EL BON JAN / Tras el patio, poco después de las 11 de la mañana, algunos de los pequeños artistas del Mestre Morera pasan por delante de sus cuadros y señalan con orgullo cuál, de entre las decenas de obras, es la suya. ¿Por qué han pintado este dibujo tan gris? «Es su interpretación de una historia que les gusta mucho, la del Bon Jan, un personaje real que vivía en la sombra y que, tras su paso por la cárcel, vio la luz y la posibilidad de convertirse en una buena persona», explica la directora, mientras pone en fila algunas de las cartulinas expuestas.

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En estas circunstancias, a Noemí Rocalbert lo que más le preocupa es que sus chicos sean, como el Bon Jan, unas buenas personas, que tengan suficientes habilidades y herramientas para valerse en esta vida tan difícil que les ha tocado. «Quizás no somos la mejor escuela en las pruebas que hace la Generalitat sobre competencias básicas (lenguas y matemáticas), pero en estas aulas tenemos auténticos sabios», afirma la directora. Se lo demuestran cada día en clase, sobre todo «en la de filosofía, donde se les plantean debates a partir de situaciones de la vida cotidiana, para que reflexionen, piensen y hablen sobre ello», explica la docente. En esas clases, los alumnos trabajan, eminentemente, la expresión verbal, «aunque a veces no encuentren la palabra adecuada».

Además, «como la escuela es pequeña» el contacto con las familias es fluido. «Pagan los gastos en cuotas reducidas para que la educación no sea una losa y las actividades extraescolares se organizan a través de convenios con entidades del barrio», explica la directora. Cuando se detecta una necesidad urgente, «se pone en seguida en marcha la solidaridad vecinal, que es la que está evitando que surjan conflictos». Ellos, los niños, también aprenden de eso. «Si un día llega uno sin haber desayunado, no tengas dudas de que, en el patio, habrá alguien que le ofrecerá un trozo de su bocadillo», dice Rocalbert.