15 ago 2020

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50 años de las riadas

El diluvio del Vallès

Las riadas causaron oficialmente 617 muertos, pero estudios recientes apuntan a que fueron un millar

La mayoría de víctimas eran inmigrantes del sur de España que trabajaban en la industria textil

ELENA PARREÑO / Barcelona

Riuada del 25 de septiembre de 1962.

Más de 600 muertos, barrios enteros desaparecidos, centenares de fábricas dañadas y más de 12.000 damnificados. El escenario no responde a los efectos de un tsunami en un país lejano sino a la peor catástrofe natural de la historia reciente de España: las riadas que el 25 de septiembre del 1962 devastaron todo lo que hallaron a su paso en algunas zonas del Vallès. Se cumplen 50 años de la tragedia y aun hoy el número de víctimas es incierto: la cifra oficial quedó en 617 fallecidos, pero centenares de cuerpos desaparecieron bajo las aguas y nunca fueron encontrados, así que no se descarta que hubiera hasta mil muertos.

El desastre sigue grabado con fuerza en el recuerdo de los supervivientes que, medio siglo después, describen minuto a minuto aquella noche. Aunque el Vallès Occidental fue la comarca más afectada, las inundaciones también golpearon el Barcelonès, el Baix Llobregat y el Garraf. Un alud de ruinas, cadáveres, barro y árboles llegó hasta Sant Adrià del Besòs. Fue un episodio excepcional de lluvias; en algunos puntos cayeron unos 200 litros por metro cuadrado en menos de tres horas. Los ríos Llobregat y Besòs crecieron y también las rieras de Les Arenes, en Terrassa, y la del Palau, en Rubí, cauces que normalmente bajaban con poca agua y en cuyos márgenes se acumulaban centenares de viviendas. Las dos poblaciones más afectadas fueron Terrassa, con más de 300 muertos, y Rubí, con cerca de 300.

El periodista Jaume Valls Vila, autor del libro 'La riuada de 1962', destaca que lo que más le sorprende es "la indiferencia oficial ante el alud migratorio que había duplicado la población de algunas ciudades". Centenares de inmigrantes procedentes del sur de España habían llegado a Catalunya para trabajar en la industria textil, "basada entonces en una mano de obra barata", dice Valls. Ellos fueron la mayoría de víctimas de aquellas inundaciones.

EL PERFIL DE LAS VÍCTIMAS

"En general, en un desastre mueren siempre los pobres; no hay justicia ni ante las catástrofes", dice Carles Carreras, catedrático de Geografía de la UB, que atribuye la responsabilidad del dramático episodio a los dirigentes políticos. "Había un gran déficit de vivienda y ningún control de las normas urbanísticas", afirma.

Y es que los habitantes de las orillas de las rieras habían construido sus propios hogares, en general casas hechas con material de derribo. "Levantaron barracas o casas muy precarias en terrenos que algunos propietarios vendieron en lugares inadecuados con total pasividad de la Administración", dice Valls.

El agua actuó por su cuenta, se adueñó de su cauce natural y barrió lo que encontró a su paso, con especial virulencia en los devastados barrios de Les Arenes y El Escardívol. "En toda la ribera mediterránea, el peligro de inundaciones catastróficas es constante. Cuando caen en una hora 100 litros por metro cuadrado, eso no hay quien lo canalice --dice Carreras--, pero aunque el peligro siempre existirá, si se construyen casas en las orillas, el río se las llevará". Era conocido el riesgo que conlleva vivir en los márgenes de un río, pero nadie esperaba una riada de tal magnitud.

DESASTRE BAJO EL FRANQUISMO

Las víctimas fueron protagonistas en el plano público en los días posteriores al diluvio. Hubo una gran repercusión mediática hasta que llegó el general Franco, una semana después. La presión política, bajo la consigna de enterrar rápido los cadáveres y pasar página, provocó un proceso ineficaz de identificación de los cuerpos que contribuyó a la ausencia de cifras de muertos y desaparecidos, junto al hecho de que muchos ciudadanos no estaban censados. "La fiabilidad de las identificaciones fue muy escasa, los cadáveres eran llevados al cementerio de Terrassa o Rubí en función de donde fueran encontrados; se identificó muy ligeramente y el juez hizo la vista gorda", dice Valls.

Ante la realidad de un contexto sin libertad de expresión, hoy cobran relevancia las centenares de imágenes de archivo que fotógrafos de la zona realizaron durante y después de la catástrofe y que prueban cómo el régimen dictatorial dificultó una gestión organizada del desastre. El Ayuntamiento de Terrassa acoge la exposición 'La riuada del 62 i els seus fotògrafs', cuyo comisario es Cristóbal Castro, con muchas imágenes inéditas. La muestra de Rubí, 'La Nit tràgica. 50 anys dels aiguats al Vallès', está en el Museu Municipal.
"Una desgracia puede suceder, pero en este caso las causas y las consecuencias se deben a la dictadura. No se avisó a la población ni se actuó de forma organizada, la distribución de ayuda se hizo sin transparencia, prevalecieron las ayudas a las personas con poder, y los dirigentes y especuladores sociales no fueron procesados. Se pasó página muy rápido, pero en este aniversario podemos poner las cosas sobre la mesa", dice Valls.