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El 'Curiosity' lleva hasta Marte un laboratorio del CSIC y la Politècnica

El robot de la NASA llega hoy al planeta rojo si sobrevive a la compleja operación de aterrizaje

La estación meteorológica tiene como misión estudiar si la atmósfera permite que haya vida

MICHELE CATANZARO
BARCELONA

Si el robot Curiosity de la NASA supera la arriesgada operación de aterrizaje en Marte (prevista para las 7.30 hora de hoy lunes, hora española), el nombre de cinco ingenieros de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y el logotipo de esta universidad también pisarán el planeta rojo. Los investigadores de la UPC han fabricado el medidor de viento del robot con el cual la agencia espacial estadounidense pretende estudiar el clima presente y pasado de Marte. En ese sensor, que forma parte del primer instrumento fabricado en España (una estación meteorológica) que se ha enviado al planeta rojo, se han grabado los nombres de sus creadores y el logo de la UPC.

Esta estación meteorológica está diseñada para medir, entre otros fenómenos, las enormes tormentas de arena del Marte, que pueden abarcar hasta una cuarta parte de su superficie. Sin embargo, antes de enfrentarse a estas calamidades, el instrumento debe resistir a los «siete minutos de terror». Así llaman los ingenieros de la NASA a la operación de aterrizaje del Curiosity. Este robot con ruedas (rover) de 900 kilos -el mayor que se haya enviado nunca a otro planeta- entrará en la atmósfera de Marte a una velocidad de 20.000 km/h y, en tan solo 125 kilómetros que recorrerá en 7 minutos, se posará suavemente sobre el planeta. Si todo sale bien, claro.

ANTENA La estación meteorológica REMS (Rover Environmental Monitoring Station) se fabricó en el Centro de Astrobiología de Madrid (CAB), un instuto del CSIC y del INTA (Instituto Nacional de Técnica Aerospacial), menos el sensor de la UPC y una pieza hecha en Finlandia. Curiosity dispone también de otro instrumento hecho en España: una antena de alta ganancia fabricada por las empresas Casa Espacio y Sener, que no tienen una finalidad científica, sino que sirven para que el robot funcione.

«REMS es un instrumento innovador, por esto ganamos la convocatoria que la NASA sacó en 2004», explica Roser Urquí, gestora de proyectos del CAB que se ha ocupado de la estación en los últimos años. «El sensor de viento fue una pieza clave para hacernos con esta oportunidad, pero los medidores de la temperatura del suelo y de la radiación ultraviolada también son muy innovadores. Y los sensores de temperatura del aire, de presión y humedad son alta tecnología», explica Urquí.

El equipo preve emitir boletines meteorológicos de Marte cada día. Las previsiones nos son alentadoras: durante el invierno marciano las temperaturas alcanzan los 90 grados bajo cero, y los días más cálidos no superan los cero grados. Sin embargo, REMS pretende averiguar si la atmósfera de Marte ofrece alguna oportunidad para la vida. «Además, los otros instrumentos de Curiosity necesitan conocer las condiciones meteorológicas: por ejemplo, si su brazo mecánico recoge una muestra en un día de mucho viento puede perderla», señala Urquí.

«Si el clima de la Tierra es difícil de entender, el de Marte es aún menos conocido», afirma Luis Castañer, ingeniero de la UPC que ha liderado la fabricación del sensor de viento. El instrumento se basa en el principio de que cuando el aire se mueve, enfría los objetos. «Disponemos de grupos de chips en las tres dimensiones y, a través de los cambios de temperatura, podemos medir la velocidad y la dirección del viento», explica Castañer. Las condiciones de Marte - una presión 100 veces menor a la terrestre, por ejemplo - exigen chips ultrasensibles.

La estación ha costado unos 12 millones de euros (el sensor de viento, 400.000), que han invertidos por los ministerios españoles con competencias en investigación. En su trabajo han participado una cincuentena de personas.

RENTABILIDAD «Hemos hecho docenas de prototipos», explica Jaime Serrano Conesa, jefe de proyecto para el contratista principal de REMS, la empresa aerospacial española Crisa, parte de la multinacional Astrium. «La rentabilidad no es muy grande en estos proyectos, pero son imprescindibles para acceder para negocios más rentables como los satélites de comunicación o la geolocalización», explica Serrano.

Sin embargo, la recesión amenaza el futuro. «La crisis puede tener un impacto en las misiones aún por aprobar», admite Felipe Gómez, investigador del CAB implicado en el proyecto. «Nosotros ya estamos trabajando a tope para ExoMars», dice Urquí, en referencia al rover que la Agencia Espacial Europea (ESA) pretende enviar a Marte en el 2016. Castañer, por su parte, está cooperando con Rusia en Metnet, un proyecto que pretende lanzar 16 estaciones meteorológicas en diversos puntos del planeta. 

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