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Patricia: «El cierre de bares y 'meublés' trae más precariedad»

Prostituta. Lleva 30 años en el oficio. Participó en la protesta contra las nuevas ordenanzas municipales.

Patricia

Patricia / JOAN PUIG

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OLGA MERINO

Prefiere cobijarse tras el nombre ficticio de Patricia. Tiene 50 años y nació en un país latinoamericano. 

-¿Desde cuándo ejerce?

- Desde la edad de 17 años. Empecé en mi país; después, a los 18, hice un viaje a Japón y luego vine a Europa.

- ¿Cómo las trata la policía?

- En la vida se encuentra una de todo. Hay agentes que son buenas personas y tienen consideración con nosotras. Pero hay otros que parece que no los hubiera parido una mujer porque, de verdad, se pasan.

- ¿Qué opina de la nueva ordenanza que prohíbe ejercer en la calle?

- Fatal. Perjudica a las que trabajamos en la calle. Hay mujeres que tienen sus hijos, que nunca han pedido una ayuda al ayuntamiento ni a la asistenta social, y que han tirado con sus familias para adelante.

- ¿A cuánto sube la multa?

- A 376 euros. Y te multan por nada. Si estás parada, sin estar negociando, como dicen ellos, se bajan del coche y, de pronto, el papelito. Hay señoras que trabajan y viven en la calle de Robador, que bajan a tirar la basura y las multan, aunque en ese momento no estén ejerciendo.

- ¿Por qué lo han decidido?

- Mire, la prostitución es un trabajo que se ejerce desde hace muchos años, y eso no se acaba así como así. El ayuntamiento ha cerrado muchos bares, 'meublés' y pisos donde se trabajaba. ¿Qué les molesta? Ellos creen que quitando los pisos van a erradicar la prostitución, y lo que han generado es más precariedad, peores condiciones de vida.

- Algunas lo hacen en la calle.

- Yo no estoy de acuerdo. Hacer sexo en la calle no favorece a nadie. Pero la mayoría de las chicas que lo hacen es porque no tienen donde ocuparse porque han cerrado los meublés . Y la gente tiene que comer y subsistir. Si lo hacen, es porque están en una situación desesperada. Nadie se baja los calzones en la calle por gusto.

- Imagino que usted sería partidaria de que se legalizara.

- Claro, sería una solución. Hay cantidad de mujeres que han trabajado en esto y han criado a sus hijos.

- ¿Usted los tiene?

- Sí, tengo dos. Y, además, nietos. Mis hijos están muy bien criados. Nunca en mi casa se habla de esto porque es una cosa aparte, y ellos no tienen por qué criticarme. Nunca les ha faltado de nada, han vivido bien, han estudiado, tienen sus buenos trabajos. Y lo he conseguido yo sola.

- No tiene pareja...

- No. Es difícil llevar esta vida con pareja. Las veces que he tenido pareja estable dejé la prostitución, pero no funciona. Yo no sirvo para planchar, cocinar y esperar a que llegue.

- Si se legalizara, ustedes tendrían que pagar impuestos.

- Sería muy bueno que se legalizara porque así se evitarían malentendidos. Yo pago impuestos por todo lo que compro. Toda la vida he pagado mi seguridad social como autónoma y no tengo derecho a nada, ni a la baja por enfermedad.

- ¿Son solidarias entre ustedes?

- Sí, las chicas nos ayudamos bastante las unas a las otras. Veo a niñas muy desubicadas, que no saben¿ Algunas viven en habitaciones y el dueño del piso no las empadrona, de forma que no tienen tarjeta para ir al médico. Yo trato de ayudarlas.

- ¿Se ha visto en algún aprieto?

- Gracias a Dios nunca me ha pasado nada. Siempre me fijo con quién voy y, si no lo veo claro, no subo.

- Si pudiera, ¿lo dejaría?

- No. Yo soy dueña de mi propia empresa y trabajo las horas que me da la gana. Toda la vida he trabajado en esto, y para irme ahora a limpiar escaleras¿ He vivido bien, con altibajos como cualquiera.

- Pero usted es la excepción.

- Hay muchas mujeres en la calle que piensan como yo.

- No me negará que hay mafias. Y menores ejerciendo.

- ¡Con la explotación no estoy de acuerdo en absoluto! Muchas son chicas pobres, de campo, que vienen muy engañadas. Pero observan, y en el momento en que empiezan a ganar su dinero y ven que pueden ayudar a sus familias, se van espabilando. Las mayores, que llevamos tanta espuela en esto, les aconsejamos que trabajen para ellas y que guarden todo el dinero que puedan.

- ¿Tomó usted la decisión de prostituirse con plena libertad?

- Lo decidí siendo muy jovencita. Me gustaba mucho el dinero.

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- ¿Le asusta envejecer?

- Sí, es a lo que más miedo le tengo. Hay que aprender a hacerlo.