EL PERSONAJE DE LA SEMANA sHELDON ADELSON

El déspota de los casinos

Barcelona y Madrid postran a los pies del 14º hombre más rico del mundo buscando que, en época de crisis severísima, les elija para recrear Las Vegas en Europa. Ya lo ha hecho en Macao y Singapur. Tal es el poder de este ambicioso judío conservador hecho

El déspota de los casinos

TÀSSIES

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IDOYA NOAIN

Cuando era niño, Sheldon Adelson dormía con sus tres hermanos en el suelo. Su padre, inmigrante lituano, era taxista en Boston. Su madre, galesa e hija de un minero de Ucrania, cosía en el modesto apartamento familiar en el barrio donde él, como tantos otros niños judíos en los años 40 en Estados Unidos, era víctima de palizas de irlandeses.

Hoy, las camas asociadas a su apellido están en miles de suites de muchos metros cuadrados más que muchas casas, en establecimientos con nombres como Venetian o Palazzo en Las Vegas, Macao o Singapur, donde se extiende un imperio de casinos, hoteles y centros de convenciones que, cinco años después de que Adelson pusiera la diana en España, está a punto de extenderse, sea en Barcelona o en Madrid. Y nadie se ríe ya de Adelson.

Temor e influencia

A este hombre bajito, de piel pálida, escaso cabello rojizo y fama de duro e irascible lo temen los sindicatos, a los que desprecia (el Venetian es el único gran hotel en Vegas donde los trabajadores no pueden afiliarse).

Le temen los progresistas de EEUU, que han visto como un hombre que fue demócrata y relativamente discreto en sus actividades políticas ha desatado conforme crecía su fortuna no solo sus donaciones filantrópicas y a la investigación médica, sino a los republicanos (este año ha mantenido él solo la candidatura de Newt Gingrich).

Y le temen también los convencidos de que solo la creación de dos estados pondrá paz entre Israel y Palestina. Él mismo le dijo a George Bush que era «el judío más rico del mundo». Y sobre todo desde que  en 1991 se casó con Miriam, su segunda esposa, israelí, está decidido a influenciar no ya la política exterior de Washington, sino quién manda en Tel Aviv, sea haciendo lobi, dando millones a grupos sionistas o lanzando un diario derechista en Israel.

Con una fortuna de 16.300 millones de euros según Forbes, Adelson hace las cosas a su manera. «En mis 63 años en más de 50 negocios diferentes he roto el molde y cambiado el statu quo». dijo en 2008 al recibir un premio (no da entrevistas para hablar de temas personales y argumenta: «Algún día escribiré un libro»).

A los 12 años pidió prestados 150 euros para vender periódicos. A los 16 lanzó un negocio de máquinas expendedoras, moviéndolas de las fábricas con horarios a gasolineras abiertas 24 horas. Tras pasar por el Ejército vendió productos de baño a hoteles y publicidad, fue inversor inmobiliario y dirigió una empresa de tours.

Sin estudios universitarios, siempre pensando en grande, alguien que hoy sigue sin usar correo electrónico se dio cuenta en 1979 del éxito de los ordenadores y lanzó Comdex, una feria en Las Vegas. Diez años más tarde compró uno de los hoteles históricos, el Sands, y empezó su revolución. Construyó el mayor centro de convenciones privado de EEUU y transformó la ciudad del pecado en destino de hombres de negocios.

En 1995 Adelson vendió Comdex. Dos de los tres hijos de su primer matrimonio (con problemas de abuso de sustancias) le demandaron, acusándole de engañarles para que le vendieran sus acciones baratas sabiendo que él recibiría un precio mucho más alto. Perdieron ante alguien de quien el juez, pese a darle la razón, dijo: «Quizá carezca de bondad paternal y cordialidad general».

Millones más rico, enemistado con dos hijos (uno de los cuales murió de sobredosis), Adelson derribó el Sands y empezó en 1997 a levantar el Venetian. Y en el 2001, cuando le empezó a afectar la neuropatía periférica que le ata a una silla motorizada, se abrió camino en el verdadero volcán de su fortuna: Macao.

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El primer casino en la antigua colonia portuguesa abrió en el 2004 (año en que Las Vegas Sands salió a bolsa haciendo a Adelson milmillonario). Y su complejo (que pronto sumará un cuarto hotel-casino) le ayudó a superar la crisis que en el 2008 estuvo a punto de hundirle y le costó 19.000 millones de euros.

Ha recuperado el dinero. Su expansión a Singapur ha sido otro éxito. A los 78 años, sigue pensando en no parar, y ha dicho que "hay espacio para varios Las Vegas" pensando en Japón, Corea, Taiwán y Vietnam. Pero un hombre que reconoce tener "mucho más apetito por el riesgo que otra gente" y un "inquebrantable valor en sus convicciones" está hoy en el ojo del huracán. Hay acusaciones de vinculación a mafias y corrupción en Sands Macao. Y Sands es Adelson. En Las Vegas, en Macao y también en España. H