El fin del calvario de un inocente

«Quiero otra vida»

Óscar Sánchez, el lavacoches de Montgat, relata a EL PERIÓDICO su infierno en prisión

Óscar, ayer, ante el Palacio de Justicia de Nápoles. Abajo, el DNI que le copiaron.

Óscar, ayer, ante el Palacio de Justicia de Nápoles. Abajo, el DNI que le copiaron.

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A. BAQUERO / M. CATANZARO / M. TUDELA

Como los marineros en tierra, los presos que acaban de salir a la calle caminan de un modo distinto. Y así andaba Óscar Sánchez por Nápoles ayer, su primer día en libertad, con trayectorias extrañas y pegándose a las paredes, como si aún estuviera en el patio de prisión. Andaba, y de repente, se alejaba no en línea recta, sino con un brusco cambio de sentido. Su brújula interior de este hombre tremendamente ingenuo parecía desnortada tras 626 días de encierro.

El instante previo a abandonar la prisión seguía ayer muy vivo en sus pensamientos. «Yo me acercaba a la salida y, aunque sentía el alivio de ver que todo se acababa, de que iba a ser libre de nuevo, me decía a mí mismo: 'Por favor, Dios mío, que se abra esa puerta; por favor, que se abra esa puerta'». El lavacoches de Montgat quería dejar atrás cuanto antes los 20 meses de pesadilla que ha pasado tras ser condenado por un delito que no cometió.

Pertenencias arrebatadas

Incluso sus últimos minutos en la cárcel de Poggioreale fueron malos. «Los presos de mi celda me lo querían quitar todo. Me decían que fuera ya no lo necesitaría, que eso me lo podría comprar en España. Me quitaron la ropa y el cepillo de dientes. Querían que les dejara hasta las bambas que llevo», recuerda con ese particular modo de hablar suyo en que parece pedir perdón constantemente. Y, si no, suelta su particular risa,«je, je, je»,uno de los elementos en que se basaron los peritos fonéticos de la Universitat Pompeu Fabra para exculparle. El narco que le suplantó reía«ji, ji, ji».

Ataviado con un tabardo de pana y un jersey burdeos, Óscar se mueve como un extraterrestre. Su andar encorvado, la palidez de su rostro, sus manos agrietadas, su andar a saltitos... La experiencia le ha convertido en alguien especial. Tanto, que ni siquiera parece guardar rencor. Pese a todo lo sufrido en prisión, llega a disculparse por el corte de mangas que hizo al salir de la cárcel.«No fue con mala fe. Pero un desahogo viene bien», dice.«Lo hice porque ahí dentro he sido humillado y maltratado y todo eso está aquí dentro, ¿sabes?», comenta señalándose el pecho. Y, con un tono monocorde que no casa con la brutalidad que relata, empieza a desgranar su infierno diario.«Los primeros días en Nápoles no fueron mal. Yo era como una novedad. Pero luego todo se torció. Los otros que había en la celda, si discutían me echaban la culpa a mí. Decían: 'Todo esto es por el español'».

Esos pocos metros cuadrados de la celda se convirtieron en un circo romano donde Óscar era un mero instrumento para pasar el rato, un bufón al que maltratar por el placer de hacerlo.«Me pegaban con un palo de escoba en las piernas, me daban pellizcos, me empujaban. Llegó un chico nuevo a la celda y, al ver lo que los otros hacían conmigo, comenzó a hacerlo él también. Me metía la cabeza en un armario y cerraba la puerta de golpe», explica, liberando un torrente de maltratos que parecen no tener fin.«Un día me preguntaron qué equipo italiano me gustaba. Dije que la Juventus y el Milan. Y ellos me dijeron que eso no podía ser, que tenía que ser del Nápoles. Cogieron un cuchillo de plástico y me marcaron la N del Nápoles en el hombro. Luego me restregaron sal». Cuando

él preguntaba por qué le hacían eso, le respondían:«Son bromas».

Era habitual el maltrato verbal.«Si se enfadaban conmigo me llamaban 'basura', 'mongoloide', 'subnormal'», dice, y sentencia: «Los italianos son un poco racistas. A mí me han discriminado». También tuvo que

hacer de camarero.«Me ordenaban que les hiciera café y, mientras lo hacía, me pedían que les llevara agua. Y ojo que no obedeciera o tardara...»

El abuso consistía incluso en impedirle usar el baño.«Solo podía ir de noche, cuando todos dormían. Tenía que tener cuidado de no despertarles. Me quitaba los zapatos y no podía tirar de la cisterna. Un día desperté a uno y me empujó».

Recuerda con precisión milimétrica su detención.«Era la una y media y estaba a punto de plegar. Acababa un lavado especial que hacemos en Montgat. Entonces, me llamó la jefa y me dijo que la Guardia Civil había venido a buscarme».

Dos 'camellos' de Montgat

No sabía por qué estaba detenido.«Yo pensé que era porque conozco a dos pequeños camellos de Montgat. En cambio, me dijeron: 'Queda detenido por traficar con Italia'. Y les dije: '¿Yo? Pero mire, jefe, que yo nunca he estado en Italia, yo no sé nada, yo de Italia solo sé de fútbol y de lo que he visto en la tele». Los agentes le llevaron a su casa donde, hablando como si de un viaje de placer se tratara, recuerda:«Como era verano me cogí un pantalón corto, una toalla y una bolsa». Y de ahí, a comisaría.«Me hicieron fotos, me pusieron en pelotas, me sacaron huellas de todas partes».

Al no ser preguntado por los doscamellosque conocía, Óscar empezó a sospechar que«algo no encajaba». Ya en Roma, se le entregó el sumario del caso.«Era un tocho en italiano. Vi que mi nombre aparecía por todas partes. Solo entendí que iba a estar mucho tiempo ahí». Ni siquiera cuando fue condenado a 14 años, Óscar perdió la esperanza.

«En el juicio, ahí comprendí que lo que me pasaba era por haberle dejado yo el carnet a esa chica. Pero yo no perdía la calma. Estaba tranquilo porque sabía que no había hecho nada y que antes o después todo iba a aclararse y yo iba a salir de allí. Decidí dejar pasar el tiempo».

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Esa paciencia, quizá templada en su profunda ingenuidad, le hace incluso ser capaz de ver algo positivo en lo ocurrido.«He visto Roma, aunque ha sido desde la ventanilla del furgón en que me trasladaban. He visto Nápoles. He conocido gente. Yo tenía una vida muy monótona y ahora he vivido una aventura. Han sido como unas vacaciones con todo completo, con lo bueno y lo malo».

Hasta para sus gustos es especial este hombre menudo y risueño. El único capricho que quiere darse es ver la final del Eurobasket España-Francia del verano pasado.«Me supo muy mal perdérmela». Ha pensado sobre su futuro.«Yo era un poco desastre con la ropa y ahora en cambio soy más ordenado, más limpio. Mi intención es volver a trabajar en el autolavado y quiero apuntarme a una escuela para aprender a leer y escribir mejor», comenta exultante, antes de rematar:«Voy a ser más familiar. Quiero otra vida».