14 jul 2020

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LAS CAUSAS DE UNA LACRA SOCIAL

No son arrebatos

El Govern vincula los recientes asesinatos machistas con el mayor grado de convivencia en Navidades, pero los expertos recuerdan que son la culminación de una escalada violenta

JOSEP SAURÍ
BARCELONA

Todo indica que son ya tres las mujeres muertas en Catalunya en lo poco que va de año a manos de quien se suponía que más las quería. Para el conseller de Benestar i Família, Josep Lluís Cleries, en épocas de vacaciones como las Navidades, «cuando la gente se encuentra más y las familias se ven más, emergen más hechos problemáticos». En términos parecidos se expresó el conseller de Interior, Felip Puig. Los expertos en violencia contra las mujeres recuerdan sin embargo que estos asesinatos no responden a arrebatos, sino que culminan un proceso de maltrato creciente.

Dos casos están confirmados, los de Girona en Nochevieja y L'Ametlla de Merola el día 3. La autopsia descartó que la muerte de una joven el jueves en Ciutat Meridiana se debiera a un homicidio, pero la policía ha detenido a la expareja de otra mujer fallecida en Tarragona, aunque de momento no le ha acusado. También está arrestado el presunto autor de la muerte de un bebé de cinco meses en Valls, pareja de la madre.

Las cifras apuntan que algo hay de lo que dicen Cleries y Puig. Los Mossos detectan un «repunte» de las agresiones machistas en festivos y vacaciones, y casi la mitad de los asesinatos de mujeres (el 46,68%) en España entre el 2000 y el 2009 se produjeron en días de fiesta, según el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. «Pero no hay que olvidar que antes de que ocurran hay una situación establecida de violencia. Se trata de procesos progresivos, con un inicio, una cronificación y una intensificación hasta llegar al desenlace», explica Beatriu Masià, presidenta de Tamaia, entidad dedicada a «ayudar a mujeres a salirse del engranaje de la violencia».

Los asesinatos son «la punta del iceberg» de la violencia machista, sostiene también Esther Álvarez, directora del Centre d'Intervenció Especialitzada Baix Llobregat, que trabaja en la recuperación de las víctimas. «Son relativamente pocos con respecto a la cantidad de denuncias, y estas lo son a su vez frente a los casos reales», recuerda.

¿Influyen, pues, factores como la convivencia en vacaciones o el embate de la crisis económica? «Puede ser, pero las causas de la violencia son múltiples y cada caso es distinto», dice Álvarez. «Situaciones como la de estos días deben ponernos en alerta, mostrarnos que aún no hacemos lo suficiente y llevarnos a analizar qué no se está haciendo bien en el día a día», apunta Masià, para quien «hay que insistir en el acceso a la información. Para evitar que acaben pasando estas cosas, lo decisivo es si las mujeres que sufren violencia conocen los recursos que tienen a su alcance; si al usarlos reciben la respuesta adecuada, y si la ayuda llega a tiempo».

«Perversión» del sistema

El análisis de Esther Pérez, abogada del Col·lectiu Ronda especializada en violencia contra las mujeres, es mucho más duro. «Estamos dando pasos hacia atrás. El sistema se está pervirtiendo», afirma. A su juicio, «los instrumentos para proteger a las mujeres existen, pero se aplican de manera disuasoria, para que denuncien menos».

La letrada denuncia la «criminalización» de las víctimas, a las que «se acusa sistemáticamente de poner denuncias falsas», y se muestra preocupada por la eliminación por parte de Interior del programa contra la violencia machista y su «disolución» en el concepto de violencia doméstica. «Los juzgados específicos están colapsados. Las órdenes de alejamiento se incumplen y no pasa nada. Las mujeres viven con miedo a que las maten, y las matan», concluye con desazón.