Pesadilla entre rejas

«Andate tutti fuori!»

La sala de la apelación.

La sala de la apelación.

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A. B. / M. C.
NÁPOLES

Ella manda en la sala. No tiene ni voz, ni toga, pero su presencia lo llena todo. La jaula desde donde los presos asisten a sus juicios parece sacada de un zoo decimonónico. Es imposible no sentirse amedrentado. Ayer albergaba a dos condenados. La jaula les transforma. Solo por verles a través de los barrotes los dos individuos parecen de otra especie.

La sala intimida. Verde oscuro es el suelo de linóleo y la pared tras el estrado de los jueces. Como el resto de muros son blancos, la sala parece un frontón. Colgado, un cartel que reza«la ley es igual para todos»y un crucifijo.

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Los familiares esperan ver a Óscar. Quieren sentirse cerca de él, darle ánimos. Pero no va a venir. Siguen optimistas.«Luego, cuando salga, nos lo vamos a llevar a comer una pizza y tomar mojitos», dice Jordi Funtané.

Pasan las horas y los juicios. Antes de cada vista, la jueza repite:«Andate tutti fuori»(iros todos fuera). Obliga a salir a los periodistas, los familiares, los representantes del consulado y hasta a los policías italianos. Mirando por la rendija que deja la puerta de la sala y pegando el oído, van cayendo las expectativas. Si al principio confiaban en la absolución, los familiares ahora se conforman con una libertad condicional. Al final, les bastaría un arresto domiciliario. Cualquier cosa menos que Óscar siga en prisión. Pero no hay suerte. Ni piedad. Aunque la jueza no ha parado de repetir «tutti fuori», Óscar seguirá dentro.