In memóriam

Sigue riendo, lo necesitamos

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Gabriel Pernau
Gabriel Pernau

Periodista

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Por primera vez en mi vida, escribo un artículo en el ordenador de mi padre, sobre el mismo teclado, hoy mojado de lágrimas, del que salieron cientos de columnas de opinión. ¿Qué puedo contar sobre la persona que, junto con mi madre, me trajo al mundo y me enseñó -al menos lo intentó- a mirar el mundo con curiosidad, con una mirada escéptica e irónica? Cuando yo dudaba de qué carrera estudiar, él me decía que no me hiciera periodista, aunque ya era demasiado tarde. Si él había vivido este trabajo con tanta pasión, estaba claro que algo bueno debía tener.

Él fue quien coló bajo mano mis primeros escritos en los periódicos, modestas cartas al director redactadas por un adolescente. Y en 1982, cuando tenía 18 años, mi primer artículo con motivo del Mundial de fútbol. Yo me sentía muy orgulloso tras escribirlo. La decepción vino al día siguiente, cuando salió publicado en EL PERIÓDICO. En lugar de mi nombre, iba firmado por un inexistente Gabriel Peunzu. Con mi inexperiencia, había olvidado firmarlo, de modo que lo había hecho él. Pero con tan mala letra que las teclistas se habían confundido y habían leído Peunzu donde decíaPernau. Sin saberlo, mi padre me acababa de dar la primera lección de humildad profesional.

No hace falta que lo diga, él ha sido mi maestro y mi referente, la persona en la que de joven te reflejas aunque tampoco quieras ser exactamente como él.

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La hospitalización que sufrió en el verano del 2009 lo dejó en una silla de ruedas y, lo que quizá es peor en una persona que siempre había trabajado el intelecto, le impidió hacer todo aquello que tanto le gustaba: leer los diarios, escribir, buscar chismorreos por internet, recopilar chistes, ver las noticias por televisión o los partidos del Barça. Él era un recién llegado a la tecnología, aunque se había adaptado bastante bien. Estos últimos meses he pensado que es una lástima que no haya tenido ocasión de conocer Twitter, porque se habría divertido mucho. Aunque no creo que hubiera escrito mucho -no era muy amante de expresar lo que sentía-, seguro que se habría hartado de retuitear y de leer las frases ingeniosas que otros vierten ahí.

Hoy, los que hemos estado a su lado queremos pensar que no lo despedimos del todo. Preferimos pensar que el 31 de julio del 2009, cuando firmó su últimoOpus meien este diario, mi padre se fue de vacaciones. Queremos pensar que, allí donde esté, sigue haciendo guasa sobre todas las situaciones surrealistas, divertidas o tragicómicas que suceden cada día aquí abajo. Al fin y al cabo, su forma de ser iba escrita en su nombre. La mayoría lo conocía solo comoJosep Pernau. El segundo apellido eraRiu, y llamarseRiues casi una predisposición genética para explotar la guasa y la ironía como él hizo durante tantos años. Allí donde estés, padre, sigue riendo. Más que nunca, los de aquí abajo lo necesitamos.