Xavier Puigdollers, DIRECTOR GENERAL DE AFERS RELIGIOSOS

«El problema es cuando el oratorio de barrio no reúne condiciones»

Xavier Puigdollers, en la dirección general de Afers Religiosos.

Xavier Puigdollers, en la dirección general de Afers Religiosos. / ÁLVARO MONGE

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FIDEL MASREAL
BARCELONA

-¿Qué cambiará el Govern de la ley centros de culto aprobada por el tripartito, que obliga a los ayuntamientos a prever suelos donde se admitan los usos religiosos?

-Hay que clarificar el punto de la obligatoriedad. Ha de ser el municipio el que decida en función de la necesidad de nuevos centros. No debemos interferir en sus competencias.

-Esta ley tiene mucho que ver con los espacios destinados a los oratorios, en concreto con las mezquitas. Llama la atención que en Catalunya la gran mayoría de las mezquitas estén en garajes y bajos de edificios. ¿Hay que ir hacia la normalización de que algún día exista una mezquita propiamente dicha?

-Aquí debemos distinguir el problema social de la integración de la cuestión religiosa. ¿Molesta el vecino por su origen o lo que molesta es el hecho religioso? Es así como entenderemos que hay otras cuestiones al margen de lo religioso. Debemos intentar que todos puedan practicar su culto. Y si todo el mundo debe poder, una de las cosas es que el templo esté cerca; si hacemos la gran mezquita pero está lejos... El problema es cuando el pequeño oratorio de barrio no reúne condiciones. Hay que velar para que cumpla las normas de seguridad y tranquilidad.

-¿Puede haber financiación pública para locales más decentes?

-En principio no existe. Las arcas no llegarían. Hay subvenciones para casos concretos y puntuales. Ha de ser la propia confesión la que encuentre su financiación.

-Una de las primeras medidas que anunció la vicepresidenta Joana Ortega fue prohibir por ley el uso del burka en espacios públicos. ¿Qué va a pasar con ese anuncio?

-La vicepresidenta dijo que se crearía una comisión interdepartamental. Yo creo que el enfoque del asunto del burka no debe ser religioso sino de seguridad, y más cercano a la realidad social, que es que realmente hay muy pocos burkas.

-¿Cree que al burka se le da demasiada importancia?

-Posiblemente. Nos sobrarían bastantes dedos para contar los burkas que hay en Catalunya.

-¿Lo ve justificado por el islam?

-Que las mujeres vayan con burka no es algo que el islam marque. Es propio de unas sociedades muy determinadas. Y deberíamos verlo desde esta perspectiva. Quien lo lleva aquí es gente venida de allí. Y deben hacer un camino intelectualmente, como lo han hecho físicamente: el cambio de mentalidad de esa sociedad a esta. Creo que se debe hacer con respeto a las personas que lo lleven, para evitar una lucha.

-¿Qué es más útil para que las mujeres que lo llevan se lo quiten: prohibirlo o trabajar con ellas?

-Creo que hay que trabajarlo. Toda cuestión pedagógica que se haga es mucho mejor, porque la gente debe entender los motivos para llevarlo y para no llevarlo. Y trabajar con la sociedad para no plantear problemas de admisión. Y después, si debe haber una normativa, la habrá. Las prohibiciones a la larga son difíciles. Al final se tendrá que hablar y concretar, pero todo tiene que ir acompañado de una pedagogía, una explicación y una comprensión.

-¿Comparte la impresión de algunos sectores de que en Catalunya existen focos de líderes radicales islámicos? ¿Le preocupa?

-Hay algunos, pero tampoco tantos como se habla con voz de alarma. Pero hay que tener cuidado.

-¿Es menos de lo que se comenta?

-Cuando trazamos una línea nunca sabemos cuánta gente quedará de un lado y de otro. Nunca sabes la auténtica realidad. La gente cuando está aquí quiere vivir tranquila y no importan los problemas de fuera. Quieren vivir tranquilos aquí, instalarse aquí. Por tanto tenemos que facilitar este sentido. Y el interés es que estos líderes más radicales puedan situarse aquí con facilidad.

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-¿Qué opina sobre la petición de confesiones religiosas como la musulmana de adaptar ciertos horarios laborales en períodos como el Ramadán?

-Lo que no puede ser es que los horarios queden rotos porque una confesión tiene unos horarios u otros. Hablamos de una, luego vendrá la siguiente... y la siguiente. ¿Aquí qué horarios tenemos? Los de la religión que ha ocupado el espacio de este país. Por ejemplo, la Semana Santa, se habla de cambiar el nombre y ese es un debate traidor. Si usted quiere ir a trabajar, estupendo, más horas de trabajo, el país irá mejor. Y en cambio si dice: más fiesta, le cambiamos el nombre, y si hay más fiestas mejor.