Publicada en El Periódico el día 29 de junio

Crecen las sectas con tapaderas sanitarias

Grupos coercitivos adoptan la apariencia de centros de terapias alternativas

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ELENA PARREÑO

En España nacen y desaparecen cada año decenas de grupos de manipulación psicológica. Persisten los colectivos religiosos, filosóficos, culturales y políticos, pero crecen de forma notable los grupos coercitivos que actúan bajo la apariencia de centros terapéuticos y proponen todo tipo de terapias alternativas para lograr bienestar y curación. Algunas incluso afirman que curan el cáncer. «Hace 10 años eran grupos más de corte hinduista o religioso-cristiano. Ahora tienen más trascendencia los terapéuticos, esotéricos y de la nueva era, por la llegada del 2012 [año sobre el que recae una profecía más del fin del mundo]», explica Laura Merino, terapeuta de Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS), una de las entidades que asesoran a personas afectadas por fenómenos sectarios.

Técnicas como la meditación o el yoga y ramas científicas como la física cuántica, entre otras, son a veces usadas de forma fraudulenta como gancho, mezcladas con teorías con las que no tienen relación. El resultado es un mensaje reduccionista pero atractivo, vinculado a una exigencia de entrega emocional y finalmente de explotación económica. «La gente piensa que el tema de las sectas tiene que ver con un movimiento que se quedó en los años 70. No, han cambiado las maneras de funcionar, pero siguen existiendo», añade Merino.

VACÍO LEGAL / En España no hay una legislación que regule el ámbito de las terapias alternativas, ni tampoco una titulación oficial reconocida en este campo. No es así en otros países, como Francia, donde una ley específica regula el campo alternativo de la salud y de las nuevas psicoterapias. Cualquier grupo debe acreditar formación y titulación legal.

Así las cosas, la ley española de la libertad de culto abriga a decenas de grupos fraudulentos cuya actividad es difícil de denunciar, puesto que tampoco existe -a causa de la falta de jurisprudencia y a pesar del deseo de los especialistas- una comisión profesional oficial que se encargue de peritar sus prácticas.

AIS recibe cada año entre 150 y 200 peticiones de ayuda de familiares de personas que han entrado en un grupo coercitivo, últimamente casi siempre relacionados con las nuevas terapias. «Viene la familia preocupada, muchas veces cuando el familiar ya está dentro del grupo», dice Merino. Hay quien se queda en él y lleva una vida «más o menos normalizada pero no satisfactoria». Otros casos se resuelven con éxito tras una intervención que ayude a las víctimas a ser críticas. Suelen quedarles secuelas psicológicas en forma de miedos, sentimiento de culpa, depresión y trastornos agravados por la dependencia grupal.

FRÁGILES Y DÓCILES / Pepe Rodríguez, experto en sectarismo, apunta que existe mucha gente «que cree que un psicólogo normal no puede ayudarle. En este punto, a un manipulador le resulta fácil montar una pseudosecta, porque la gente que le llega ya tiene problemas, y aprovecha su fragilidad y docilidad». «Muchos adeptos han donado fortunas a las sectas», añade.

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A través de servicios gratuitos, cursillos o talleres, cualquier persona puede entrar en contacto con un grupo coercitivo. Algunos elementos que permiten identificar una dinámica sectaria son «la presencia de un líder muy carismático, una tendencia a encerrar a los miembros en sí mismos y en el grupo, y un maniqueísmo que se va radicalizando», dice Rodríguez. El objetivo es el control absoluto sobre los adeptos y su explotación económica. Según Rodríguez, algunos cabecillas tienen un perfil de liderazgo psicopatológico, «muchas veces narcisista, con trastorno de la personalidad de tipo paranoide, muy megalómano y sin respeto por los demás».

«Hasta que el adepto no se dé cuenta de su problema, no podrá recibir una ayuda eficaz. La familia tiene que llevar a cabo una estrategia para que la persona baje al pozo lo antes posible y que allí esté acompañado, porque si en el fondo del pozo está solo, no tendrá salida», explica Rodríguez. «Nadie puede salvar a nadie, las personas deben salvarse a ellas mismas, y nosotros podemos dar un contexto para ver opciones», añade.