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La memoria

Eclipses democráticos

Simpatizantes de CDC agredieron a Obiols y a otros dirigentes del PSC en mayo de 1984, frente al Parlament

Pujol culpaba a los socialistas de instigar la querella de Banca Catalana

ANDREU FARRÀS
BARCELONA

La dignidad de los representantes legítimos de la soberanía popular sufrió un grave atentado el miércoles al ser agredidos por una minoría de exaltados que asediaron el parque de la Ciutadella. Miembros del Govern han comparado estas algaradas con la guerrilla urbana y la kale borroka e incluso las han equiparado al 23-F. Probablemente por su edad, estos miembros del Ejecutivo catalán no estuvieron en los no menos graves incidentes que simpatizantes de Jordi Pujol y militantes de Convergència protagonizaron hace algo más de 27 años dentro de la misma Ciutadella, donde otros legítimos representantes de la soberanía popular fueron increpados, insultados, zarandeados e incluso amenazados de muerte.

Eran otros exaltados, pero exhibieron similar virulencia. El 30 de mayo de 1984, poco después de que Pujol fuera investido por segunda vez presidente de la Generalitat, su entonces principal adversario, Raimon Obiols, primer secretario del PSC, fue agredido con objetos, golpes e insultos cuando salía del edificio de la cámara legislativa. Otros dirigentes socialistas fueron abucheados e increpados por el mismo grupo, a pesar de haber esperado algún tiempo a que la manifestación convocada por CDC a las puertas del Parlament se trasladara a la plaza de Sant Jaume. Tanto aquellos nacionalistas enfurecidos como los que se dedicaron solo a jalear a Pujol en el antiguo arsenal construido por Felipe V culpaban a los socialistas catalanes de ser los impulsores de la querella incoada contra el president por su gestión al frente de Banca Catalana.

Agitación y propaganda

Pocos días después de que Pujol alcanzara su primera mayoría absoluta, la fiscalía de la Audiencia de Barcelona se querelló contra él por unas graves irregularidades detectadas en aquella entidad financiera. Los nacionalistas lo tomaron como una declaración de guerra, un torpedo contra la santabárbara del buque insignia convergente. El aparato de agitación y propaganda del partido, con la inestimable ayuda de la recién nacida TV-3, dirigida entonces por el periodista Alfons Quintà, funcionó a toda máquina para lograr que el día de la investidura de Jordi Pujol decenas de miles de catalanes --casi 100.000, según la crónica de EL PERIÓDICO-- hicieran sentir su ira ante la sede del Parlament, primero, y ante el Palau de la Generalitat, más tarde.

En el balcón de la plaza de Sant Jaume, escenario de tantas proclamas históricas, fue donde Pujol pronunció una de sus arengas más citadas: «Dejadme decir una cosa por última vez. El Gobierno de Madrid, o el central, mejor dicho, ha hecho una jugada indigna. A partir de ahora, cuando se mencionen las palabras moral y ética podremos hablar nosotros, pero no ellos».

Hacía muy pocos minutos que los más significativos representantes de «ellos» -Obiols, el alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, Romà Planas, Anna Balletbò- habían sido despedidos en el Parlament con golpes, gestos obscenos y gritos como: «¡Obiols, cabrón, somos una nación!», «¡Botifler!», «¡Traidor!» o «¡Matadlo! ¡Matadlo!». El presidente y el vicepresidente del Gobierno español también fueron recordados con «Felipe y Guerra atacan a nuestra tierra», aunque se oyeron otras consignas perennes: «Fuera las fuerzas de ocupación». Un diario conservador barcelonés relató: «Los Mozos de Escuadra (sic) tuvieron que correr muchos metros junto al coche de Obiols para que este no fuera golpeado e interceptado».

El servicio de orden montado por el partido fue coordinado por Lluís Renau, director general de Seguridad Ciudadana, que se esmeró tanto que intentó cortar el paso de los mossos que escoltaban a Pujol. Ahora, 27 años después, Pujol y Maragall viven retirados de la política activa; Obiols es eurodiputado y prefiere «no remover aquellos sucesos vergonzosos», y Lluís Re-

nau ha aparecido en el auto de Baltasar Garzón por cobrar comisiones por una recalificación destapada en la operación Pretoria.

El pasado 15 de junio hubo eclipse de luna. El 30 de mayo de 1984, eclipse solar. En ambas fechas, la democracia también permaneció oculta unas horas en Catalunya.

Temas: Indignados

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