INCÓGNITA JUDICIAL

El misterio de Óscar

Un empleado de un túnel de lavado de Montgat está preso en Italia acusado de ser un potente narco

Su entorno descarta que este hombre, que ni viajaba ni habla idiomas, pueda ser culpable

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M. CATANZARO / A. BIESOT / A. BAQUERO / Barcelona

 Si aquello de lo que le acusan resulta ser cierto, Óscar Sánchez es un formidable actor: ha tenido engañados a todos sus conocidos, convenciéndoles de que no es más que un sencillo trabajador de un túnel de lavado de coches que apenas ha salido de su pueblo, Montgat (Maresme), cuando en realidad es el enlace en España de una asociación mafiosa que traficaba a gran escala con cocaína desde Suramérica hasta Italia. Por el contrario, si es inocente, está siendo víctima de un grave error judicial y de un fallo en cadena de todas las garantías procesales, pues está encerrado desde hace nueve meses en la cárcel romana de Rebibbia.

Sánchez, de 44 años, fue detenido por la Guardia Civil en Montgat el pasado 5 de julio. Un mes después, el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional lo extraditó a Italia por dedicarse al tráfico internacional de drogas en colaboración con los clanes Bianco y Iadonisi, de la Camorra (la mafia napolitana).

El martes y el viernes próximos, Óscar será juzgado en Nápoles en dos juicios fundamentados en sendas investigaciones de cuerpos de policía italianos ¿los Carabineros y la Guardia de Finanzas¿ que le acusan a partir de multitud de grabaciones telefónicas y de reservas de aviones y hoteles a su nombre que acreditan numerosos viajes y estancias en Italia. Su abogado, Fabio Salcina, afirma que su cliente es víctima de una suplantación de identidad, posiblemente ocasionada por la pérdida del DNI en el 2002. Salcina ha pedido un juicio rápido, condicionado a un peritaje que comparase la voz de Sánchez con la de las grabaciones. Sin embargo, los resultados son contradictorios: el peritaje solicitado por el juez sostiene que la voz de las grabaciones y la de Óscar coinciden. En cambio, el que pidió el abogado dice que se trata de voces diferentes.

Entre febrero del 2004 y julio del 2006, los Carabineros de Nápoles y la Guardia de Finanzas de Catanzaro, en colaboración con la Guardia Civil, persiguieron a decenas de integrantes de clanes mafiosos que disponían de enlaces en España para importar droga de América Latina y reenviarla a Italia. Las investigaciones condujeron a dos grandes operaciones, una de ellas conocida como operación Perpignan.

Según las órdenes de captura derivadas de estas investigaciones, en ese periodo Sánchez coordinó el envío a Italia de al menos 100 kilos de cocaína, se reunió con mafiosos en cinco ciudades italianas y obtuvo cientos de miles de euros por estos servicios de enlace.

Según los informes policiales, solo en abril del 2006, Sánchez se encargó de enviar a Salerno (Nápoles) 74 kilos de cocaína para venderlos a miembros del clan Bianco. La droga fue interceptada por las fuerzas de seguridad. Esas diligencias también señalan que, en febrero del 2005, Óscar ganó 130.000 euros por la venta de nueve kilos de cocaína en Sanremo (Génova). Decenas de llamadas telefónicas a una línea a su nombre le delatan, según las investigaciones. En las llamadas, un individuo que se identifica como Marcelo habla italiano con acento castellano.

Sorpresa absoluta

En su entorno, nadie puede creer que ese hombre, ese narco capaz de mover grandes cantidades de droga de un país a otro, sea el Óscar que conocen. «No tiene la maldad para hacer aquello de lo que le acusan; él no sería capaz de hacerlo», asegura Jonathan, uno de sus amigos más próximos y compañero de trabajo en el túnel de lavado. Los compañeros, que coinciden en que tiene unas limitadas capacidades intelectuales, han hecho una colecta y le han transferido dinero a Italia para que pague a su abogado.

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 Los viajes de los que se le acusa no cuadran con su modo de vivir. «No salía nunca del pueblo, ni siquiera iba a Barcelona, y no se tomaba más de 15 días de vacaciones en agosto. Siempre pedía trabajar, incluso los fines de semana», afirma incrédula Ana, su jefa en el autolavado. «Solo habla el castellano y casi no entiende el catalán. Me parece casi imposible que Óscar sepa hablar italiano», apunta.

Tampoco hacía ostentación de dinero, añade. Tanto es así que su jefa le ingresaba la nómina en dos cuentas separadas para evitar que se la gastara toda. «Es una buena persona, pero muy influenciable», observa Ana, que muestra la última carta que le ha enviado. Óscar, que apenas sabe escribir, le pide a un preso suramericano que le redacte la misiva, en la que relata: «El abogado me dice que las cosas van bien y que pronto saldré. En la cárcel soy un poco el bufón de los otros presos».