EBTREVISTA CON LA ESCRITORA, GUIONISTA Y AUTORA DE 'PALABRAS ENVENENADAS'

Maite Carranza: «Quería transmitir la angustia y el dolor de una víctima de abusos»

La escritora Maite Carranza, el pasado martes en la librería Laie de Barcelona.

La escritora Maite Carranza, el pasado martes en la librería Laie de Barcelona. / JULIO CARBÓ

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Con un bagaje de más de 40 obras infantiles y juveniles, la autora de la trilogía La guerra de les bruixes

-traducida a 25 lenguas y 375.000 ejemplares vendidos- aparcó la fantasía para denunciar y romper el tabú de los abusos sexuales a niños, inspirados en los casos de Natascha Kampusch y Elisabeth Fritz, en Palabras envenenadas. Con esta novela Maite Carranza (Barcelona, 1958) ganó el Premi Edebé de Literatura Juvenil 2010.

-Acaba de cumplirse el 25º aniversario del mejor día de su vida.

-¡Sí! Fue el día que nació mi hija y que me trajeron a la clínica mi primer libro, Ostres tu, quin cacau! Me estrené como madre y como escritora. No crees que eres madre hasta que ves al bebé y publicar un libro es muy similar. Lo ves, lo tocas, lo hueles, y dices '¡lo he escrito yo!'.

-¿Qué le da el público infantil y juvenil que no le ofrezca el adulto?

-En 1999 publiqué un libro para adultos y puse en él muchas ilusiones pero no encontré lo que hallaba en el lector infantil y juvenil: estimación, afecto, emoción. Cuando el escritor está acostumbrado a eso, el mundo de la literatura para adultos es un universo muy frío. Yo me sentí en él muy sola. La cara de los adultos no refleja con tanta sinceridad como los niños, para bien y para mal, la experiencia lectora.

-¿Y a nivel profesional? 

-El libro infantil y juvenil puede perpetuarse, se lee generación tras generación. Eso te hace sentir mucho más vivo y útil como escritor. Algunos no mueren nunca. Ostres tu, quin cacau! lleva 24 ediciones.

-¿Y Palabras envenenadas?

-Fue una apuesta consciente el dirigirla al lector joven, al que le había ahorrado historias sucias o duras, que sí usé para guiones de tv movies. Quería que a través del libro se hablara de los abusos en las escuelas para ayudar a posibles víctimas.

-Y, además de cuatro ediciones, lleva ya 30 charlas en institutos.

-Es fácil que sea recomendado en el aula pues el profesor ve que abre una puerta hasta ahora cerrada. Los jóvenes hablan de temas que desgraciadamente no se tratan en el entorno escolar ni en el familiar, como los celos, la posesión dentro de la pareja, la manipulación psicológica, el síndrome de Estocolmo... Deben entender que nadie puede decirte 'te mato porque te amo'. Los chicos te dicen 'yo quiero a mi novia y no me gusta que hable con otros', y las chicas, 'si mi novio no está celoso significa que no me quiere'. Debemos corregir este concepto erróneo del amor.

-Los abusos sexuales infantiles siguen sumando titulares.  

-Pero la mayoría de noticias son de casos de hace 20 o 40 años. Es un tema ignorado y silenciado. Hay pocas de abusos intrafamiliares, que son más del 80 % de casos. Son los que hipócritamente no se denuncian para evitar un escándalo dentro de la familia y son los que los niños se sienten más desamparados porque los padres, que deberían protegerlos, son responsables o cómplices.

-Ha dicho que cuando escribía la novela sentía miedo, asco y rabia. ¿Ha hablado con alguna víctima?

-Me esforcé en transmitir la angustia y el dolor que siente una víctima. Y sí, algunas me han abrazado llorando. Están heridas de por vida. Las que leen lo mismo que les ha pasado explicado por otro se dan cuenta de que que es algo común y se liberan de la culpa que les ha inculcado el abusador. Unas profesoras me contaron dos casos de criaturas que estallaron a llorar y explicaron lo que les ocurría.

-La mujer, en su obra, es fuerte. 

-Me considero luchadora. A los 16 ya militaba en el PSUC y había ido a tantas manifestaciones como otros en toda su vida. Creía optimistamente que el mundo tendía al igualitarismo, pero con los años me he vuelto más feminista. Ves que son lacras muy difíciles de modificar y que se perpetúan. Mis personajes femeninos ponen el dedo en la llaga en temas que deberían estar resueltos, sobre todo en España, donde se ha maquillado una igualdad que dentro de las casas y las conciencias no existe. El discurso imperante ha sido la misoginia.

-¿Qué poder de bruja elegiría? 

-La inmortalidad no, esa búsqueda es una quimera, y ¡es muy cansado vivir tanto! Pero sí la invisibilidad, desaparecer de vez en cuando.

-Y si fuese invisible ¿qué le gustaría ver sin ser vista?

-Ja, ja. ¡Mi entierro! Ver quién llorará de verdad y quién lo fingirá.

-¿Sorprendida de ser finalista a Català de l'Any?

-Mucho. Cuando te dedicas a una tarea tan anónima e invisible como es la escritura infantil y juvenil no estás acostumbrado al eco mediático y sus exigencias.

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-¿Qué querría que los libros transmitiesen a sus tres hijos?

-Lo que yo he querido transmitir: el amor a la vida, que la vida es una aventura y que lo mejor que pueden tener para vivirla es la confianza en ellos mismos. Y que una puerta cerrada puede abrir otra mejor.