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La actividad de una organización delictiva

Ladrones con placa

Los delincuentes se hacían pasar por policías y ponían en escena operaciones antidroga falsas para robar a los narcotraficantes

A. B.
BARCELONA

Los casuals se habían convertido en «auténticos profesionales» del atraco a narcotraficantes, según fuentes cercanas al caso, que destacan las puestas en escena que la banda realizaba para cometer los robos. La clave de su forma de actuar era hacerse pasar por policías o guardias civiles para, simulando llevar a cabo operaciones antidroga, sustraer la mercancía. Para ello, se agenciaron todo un atrezo policial: placas, chalecos antibalas con logos copiados de esos cuerpos, sirenas y luces.

La trama comenzaba mucho antes, en la cárcel. Algunos casuals, que por su violenta trayectoria entraban y salían de prisión, aprovechaban esas estancias tras las rejas para hacer amistad con convictos por tráfico de droga. Una vez fuera, uno de los casuals comenzaba a comprarle pequeñas partidas de droga para ganarse su confianza hasta que le pedía una cantidad importante.

Los casuals preparaban la emboscada el día del intercambio. Citaban a los narcotraficantes en un lugar y ellos se apostaban en la carretera por la que habían de transitar. Cuando los narcos pasaban por ahí, los casuals se ponían pasamontañas y, haciéndose pasar por policías, montaban un falso control de carretera.

Secuestros y torturas

En el montaje no faltaba de nada. De pronto, los traficantes veían aparecer coches con sirenas, y agentes con armas cortas y chalecos antibalas les obligaban a colocarse en el arcén. Ahí, los falsos policías les sacaban a empujones del coche, les inmovilizaban con esposas o bridas de plástico y fingían detenerles hasta que sacaban la droga del coche.

Otras veces, dejaban a los narcos llegar a la cita e incluso aparecían casuals a comprar la droga. La transacción avanzaba como si no pasara nada. Sin embargo, de repente, irrumpían en el lugar unos falsos agentes de policía que simulaban una operación antidroga para quitarles la mercancía. Si el vendedor no se fiaba y acudía a la cita sin la droga la cosa se complicaba aún más para él. Entonces, los casuals se quitaban la careta de policías, lo secuestraban y lo empezaban a torturar hasta que decía dónde estaba la mercancía.

Tanto perfeccionaron el sistema en esos robos que llegaron a atreverse a atracar a un miembro de la banda de los Jodorovich. Pero ahí, en un primer momento, los engañados fueron ellos, pues el casual que custodió el dinero huyó con el botín. No obstante, tras pasar varias semanas fugado, el temor a la venganza de sus excompañeros le llevó a regresar y a compartir lo robado.