VIAJE A LA NUEVA ACRÓPOLIS DE ATENAS

Sin andamios

Tras más de 30 años de restauración, el monumento más visitado de Grecia se despoja de los aparatosos armazones que la escondían y muestra su mejor cara a los turistas

En el centro del Partenón, donde ahora hay una grúa, antes reinaba la estatua de Palas Atenea.

En el centro del Partenón, donde ahora hay una grúa, antes reinaba la estatua de Palas Atenea. /

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TEXTO: XAVIER MORET
FOTOS: MIGUEL LORENZO

Son las 10 de la mañana, cae un sol implacable sobre Atenas y la Acrópolis está sorprendentemente vacía, como si estuviéramos en un sueño. Ni ríos de turistas, ni poses forzadas para la posteridad ni luchas a brazo partido para tomar una buena foto. Por extraño que parezca, el lugar está presidido por la soledad y un silencio de siglos, con la Acrópolis como testigo eterno. Por no haber, no hay ni rastro del habitual atasco en los Propileos, la angosta entrada que era antaño el final de la Vía Sagrada y que hoy debería recibir, como cada día, incesantes grupos de turistas. Tassos Tanoulas, arquitecto responsable de la restauración de los Propileos, nos comenta con una sonrisa: «Sois afortunados. Pocos tienen el privilegio de poder ver la Acrópolis así. Si no fuera por la huelga, esto estaría lleno de turistas».

Hoy hay huelga, en efecto. Este es el secreto de la extraña soledad de las ruinas. Hartos de no cobrar, los funcionarios han decidido, para desespero de los turistas, parar cuatro horas. Grecia está en crisis: los ciudadanos tienen que apretarse el cinturón, las arcas del Gobierno están vacías, hay manifestaciones a diario y hasta la Acrópolis se declara en huelga. Si los dioses levantaran la cabeza... En cualquier caso, gracias a la huelga podemos movernos sin agobios por la Acrópolis.

Tanoulas, ataviado con un sombrero de paja de aire veneciano, nos invita a seguirle mientras se encarama por el último andamio que queda en los Propileos. «La restauración terminó hace solo unos meses –nos informa– y por fin pudimos retirar los aparatosos andamios que cegaban la visión del pórtico de entrada. Ahora el monumento luce mejor que nunca, como el Partenón, al que han retirado el andamio del lado norte».

MÁRMOL Y TITANIO / La restauración de la Acrópolis ha sido lenta y minuciosa. En 1975, con el retorno de la democracia, se decidió que había que actuar para corregir importantes fallos de estructura. Entre 1979 y 1987 se restauró el Erecteión, con las famosas cariátides; en 1982 se empezó con los Propileos y, en 1984, con el Partenón. El templo de Atenea Niké se dejó para lo último, aunque ya está casi terminado.

«Empecé a trabajar aquí en 1984 y hubo un tiempo en que temí que no podría ver terminadas las obras», confiesa Tanoulas. «Por suerte, en el 2004, con los Juegos Olímpicos, el Gobierno dio un impulso a las obras. Ha sido un trabajo muy laborioso en el que tuvimos que corregir errores de la restauración realizada hace 100 años por Nikolaos Balanos, que utilizó cemento y hierro comercial para unir los bloques. Con el tiempo, el hierro se oxidó y dañó el mármol. Ahora hemos sustituido el cemento por mármol y el hierro por titanio. No ha sido fácil, ya que tuvimos que desmontar un total de 270 bloques, que pesaban de media 11 toneladas».

Un dato para la reflexión: mientras los antiguos atenienses tardaron cinco años (entre el 437 y el 432 a. C.) en construir los Propileos, un edificio con dos pórticos a distintos niveles concebido como transición arquitectónica entre el mundo profano de la ciudad y el mundo sagrado de la Acrópolis, ahora han sido necesarios 25 para restaurarlos.

A pesar de sus 63 años, Tanoulas se mueve con agilidad sobre el techo de los Propileos. Parece conocer la historia de cada fragmento y salta de viga en viga sin miedo a la altura. «Llevo 35 años trabajando aquí», sonríe. «Lo extraño sería que tuviera vértigo. Estos eran los techos de mármol más admirados de la antigüedad. Fijaos en las vigas: hemos conservado fragmentos originales y completado el resto con mármol. Se aprecia la diferencia, pero es respetuoso con el pasado. ¡Ha sido como completar un puzle! Conseguimos identificar 1.300 fragmentos, aunque muchas piezas del edificio central desaparecieron por culpa de las explosiones».

La historia de la Acrópolis es convulsa. Por ella han pasado griegos, bizantinos, francos, catalanes, venecianos, turcos... y sus templos han sufrido varias transformaciones. El Partenón fue durante siglos una iglesia y después una mezquita; el Erecteión fue también una iglesia, aunque en tiempos turcos albergó un harén, mientras que los Propileos se convirtieron en un palacio fortificado. El ataque con bombas del veneciano Morosini, en 1687, provocó grandes explosiones en los Propileos y el Partenón, donde los turcos tenían el polvorín. Allí se perdieron buena parte de las esculturas y elementos arquitectónicos de la Acrópolis.

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LA GRAN OBRA DE FIDIAS / Desde lo alto de los Propileos contemplamos las impresionantes columnas dóricas que escoltan la rampa de acceso. La vista es bellísima: a un lado, el Erecteión y el Partenón; al otro, la ciudad de Atenas, el puerto del Pireo y el mar. A la izquierda queda el templo de Atenea Niké, envuelto en andamios, y a la derecha, la Pinacoteca.

Tanoulas nos invita a observar un capitel jónico reconstruido. «Fijaos qué belleza», nos indica emocionado. «Es nuevo, tallado a mano. Los talladores de piedra casi desaparecieron en los 50 por culpa del cemento. Por suerte, en la isla de Tinos hay una escuela tradicional. Yo me jubilo el año que viene –concluye– pero estoy satisfecho del trabajo hecho. En algunos elementos no ha sido fácil, ya que hemos tenido que trabajar como los dentistas cuando hacen un empaste, manteniendo todo lo salvable y reconstruyendo el resto con esmero».