La situación

La Generalitat impulsa el debate sobre el copago sanitario en España

Salut defenderá ante el resto de comunidades el aumento del presupuesto de la sanidad pública

Los consejeros de Economía sopesan cobrar un euro por visita y receta a las rentas medias y altas

Unos enfermeros atienden a una paciente en un CAP de Barcelona.

Unos enfermeros atienden a una paciente en un CAP de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

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ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

La insostenible situación económica del sistema sanitario público preocupa en todas las comunidades autónomas españolas, que buscan de forma acelerada soluciones capaces de salvar una asistencia de calidad reconocida pero presupuesto insuficiente. Aunque esta vía ¿el aumento del presupuesto sanitario¿ sería a juicio de sus responsables la solución más eficaz, no parece ser la opción más atractiva para los consejeros de Economía de las autonomías ¿ocho del PSOE, siete del PP y dos de partidos locales¿ que, desde hace semanas, debaten en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) la aplicación de un «copago suave» para servicios de uso masivo. En esos debates interviene elconsellerAntoni Castells.

Una propuesta similar aparece también en el segundoinforme Vilardellque lasconselleriesde Salut y Economia encargaron el pasado año a un grupo de expertos con el fin de recibir sugerencias sobre la financiación del sistema sanitario. El documento será presentado esta semana ante el Consejo Interterritorial de Salud para que sea analizado por todos los consejeros de sanidad.

TASA DE USO / Dado que la palabra «copago» desagrada, los responsables de Economía reunidos en el CPFF hablan de fijar «tasas de uso» de pequeña cuantía: uno o dos euros por visita médica, más un euro por cada receta de fármacos, y otros dos euros cuando un usuario acuda al servicio de urgencias de un hospital sin sufrir una emergencia que lo justifique. También estudian cobrar de dos a cinco euros por cada cinco días de ingreso hospitalario.

Esos cobros, que entrarían en vigor al unísono, introducirían una cultura insólita en la sanidad pública española ¿lagratuidadde la asistencia está profundamente arraigada en la sociedad, aunque en realidad se financia con los impuestos de los ciudadanos¿, pero no serían capaces de resolver la insuficiencia económica del sistema. Los defensores de la idea sostienen, no obstante, que su objetivo sería más «disuasorio» que recaudatorio: cualquier cobro, sostienen, ejercería de eficaz resorte disuasivo en quienes hacen un uso «inadecuado o excesivo» de la asistencia. Los copagos, puntualizan, solo se aplicarían a usuarios de renta media y alta, con el fin de impedir que algún enfermo deje de ir al médico por causas económicas.

ZAPATERO / La alternativa del copago, cuyo debate está bastante adelantado, es suscrita por consejeros de Economía de los dos partidos mayoritarios. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero encabeza el bloque de los que, en estos momentos, se oponen. En un punto intermedio se sitúa laconsellera de Salut, Marina Geli, que defiende como prioritario un aumento «del 4% anual» del presupuesto dedicado a sanidad, partida que este año no ha crecido. Elinforme Vilardellse pronuncia en el mismo sentido, y añade que ese incremento presupuestario debería alcanzar al 8% anual en 10 años.

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Cualquier medida distinta a un mayor presupuesto será insuficiente si se aplica en solitario, por lo que se prevé que será imprescindible promover una batería de alternativas dirigidas a recaudar dinero para la sanidad. Aumentar los impuestos del tabaco y el alcohol con ese fin y fomentar la adscripción a aseguradoras privadas (porque si baja la demanda se reduce el gasto) son dos de ellas. La tercera alternativa sería suprimir alguna de las prestaciones que ofrece el sistema nacional de salud, opción que nadie contempla.

No será fácil que estas conjeturas ¿en especial la del copago¿ adquieran forma y se expongan en público de forma unánime por todos los consejeros de salud. Ahí es donde pretende incidir la entrega delinforme Vilardell, dicen fuentes de Salut. En uno de sus últimos capítulos, el documento propone crear un Pacto de Salud estatal que, indican, «encauce la reforma del sistema sanitario por encima de intereses socioeconómicos y políticos». Un pacto difícil.