09 jul 2020

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MEDIOAMBIENTE

Las medusas más venenosas se alejan del litoral mediterráneo

Los expertos prevén menos enjambres y de especies poco urticantes

Las zonas catalanas más expuestas son el golfo de Roses, el Maresme y Salou

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ
BARCELONA

Habrá pocas medusas y, cuando las haya, causarán escasas molestias. Eso sí, en los momentos en que las corrientes marinas y los vientos acerquen los enjambres a las playas, su presencia «será abundante durante dos o tres días». Esta es, al menos, la previsión que para este verano lanzaron ayer los responsables del Projecte Medusa, un programa del Institut de Ciències del Mar (ICM) y de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA) que lleva más de una década recogiendo datos y estudiando el comportamiento de los molestos organismos gelatinosos en las costas catalanas.

Los indicios con que trabajan los investigadores para este verano apuntan a un más que probable aumento en el número de avistamientos de medusas, sobre todo después de un 2009 de relativa tranquilidad para los bañistas, ya que la presencia del voraz Mnemiopsis leidyi –otro gelatinoso algo más complejo que la medusa– hizo que la población de estas se redujera considerablemente en la costa catalana.

Además, la temida y venenosa carabela portuguesa, que llegó a Murcia y Alicante en primavera, «se ha retirado del Mediterráneo», tranquilizó Josep Maria Gili, director del programa, que está auspiciado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Gili, que admitió que el aumento de temperaturas de los últimos años ha favorecido la proliferación de cnidarios, no prevé sin embargo que en los próximos meses lleguen hasta Catalunya «especies foráneas como ha ocurrido en otras ocasiones».

Los lugares donde están previstos más avistamientos de medusas son, como viene siendo habitual los últimos años, las playas del golfo de Roses, determinados puntos del Maresme y el Barcelonès, y algunos tramos de litoral entre Cambrils y Salou, en la Costa Daurada.

FARMACIAS Y HOTELES / Pese a los importantes avances del Projecte Medusa, que ha logrado que por primera vez algunas especies se reproduzcan en cautividad, todavía quedan asuntos por resolver, admitió ayer Gili. Hay que encontrar, por ejemplo, fórmulas para la divulgación entre los bañistas de los protocolos de actuación que se han elaborado en caso de picadura. «Sería óptimo si las farmacias, las oficinas de turismo o los hoteles colaboraran en la distribución de folletos», explicó.

Entre las líneas de investigación que desarrolla el Institut de Ciències del Mar destacan los ensayos para controlar biológicamente el crecimiento de las colonias de medusas. Los expertos analizan en qué sustratos se asientan los pólipos (o crías de medusa) y estudian cómo eliminarlos o sustituirlos por otros menos favorables.