Ir a contenido

contrastes en la era de la tecnología

A oscuras junto al sincrotrón

Las redes de conexión, que pasan por el vecino bosque, flaquean en cuanto hace mal tiempo

Un barrio de Cerdanyola que linda con la flamante infraestructura padece problemas de luz e internet

ALBERT SEGURA
CERDANYOLA DEL VALLÈS

la escritora Caterina Albert, Víctor Català, difícilmente pudo imaginar cuando bautizó el barrio de Montflorit de Cerdanyola del Vallès, a principios del siglo pasado, que sus casas estarían hoy en día encalladas en el tiempo a pesar de encontrarse a pocos metros de una joya científica del sur de Europa. La magnificencia del sincrotrón Alba y del que fue el primer parque tecnológico de España contrasta con la realidad que vive la urbanización. Mientras en las flamantes instalaciones se habla de lanzar electrones a casi la velocidad de la luz, de analizar células y de explorar el interior de la materia, la endémica preocupación de los vecinos de Montflorit es no quedarse sin electricidad al más mínimo chaparrón y que el teléfono e internet no fallen continuamente.

«El sincrotrón ensanchará la ciencia española», afirmó el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el 22 de marzo, día de la inauguración del recinto. Mientras tanto, a escasos metros, los vecinos de Montflorit se las veían y se las deseaban para poder conectarse a internet. Los medios de la mayor infraestructura científica de España contrastan con la realidad que viven a diario los vecinos de esta ciudad jardín, que siguen denunciando un cierto aislamiento pese a las mejoras que se han realizado en sus alrededores.

ZONAS BOSCOSAS / La ubicación del barrio, situado en la trama urbana del área metropolitana de Barcelona, entre la riera de Sant Cugat y la falda de Collserola, provoca que muchos de los servicios que llegan hasta allí crucen zonas boscosas, lo que en caso de inclemencia meteorológica supone un riesgo: los vecinos ya saben que están expuestos sin amparo alguno a la posibilidad de que una rama o un árbol caigan y corten el fluido eléctrico. «Tenemos muchos problemas con Fecsa-Endesa porque cada vez que llueve, nieva o hace viento nos quedamos sin luz», sostiene Miquel Martínez, presidente de la asociación de vecinos de Montflorit.

Con gran preocupación denuncia que hay instalaciones que no se han mejorado en 30 años y que esto los deja en una su situación de debilidad. Fuentes de la empresa matizan las quejas y aseguran que se está trabajando para soterrar parte del cableado que cruza el bosque. La compañía asegura que si en las últimas semanas han sufrido algún apagón momentáneo es porque se está trabajando en la red, por lo que por motivos de seguridad se tiene que cortar el suministro de corriente al barrio de manera muy puntual. La explicación no convence a los vecinos. De hecho, recuerdan que no han recibido ningún comunicado o aviso previo que les haga esperar la interrupción del fluido.

INTERNET, UN SUPLICIO / La situación se agrava en el caso de la conexión a internet. Desde la mayoría de patios, jardines, terrazas y pérgolas que gobiernan esta ciudad jardín se ve el sincrotrón, donde los haces de electrones viajan casi a la velocidad de la luz. «Mientras, aquí, a pesar de tener contratado un mega de internet, el régimen de subidas y bajadas no supera los 150 kilobites», explica Martínez.

Desde el ayuntamiento aseguran que entienden la preocupación de los vecinos, y que trabajan constantemente con las empresas implicadas en los cortes de servicio para que se mejore la situación. «Los problemas se presentan en casos excepcionales porque las líneas pasan a través del bosque. Las compañías ya saben que deben llevar a cabo una inversión importante y paralelamente nosotros estamos trabajando en ello», explica el teniente de alcalde de Espacio Público, Alfons Escoda. El portavoz municipal recuerda que Fecsa-Endesa cambió hace unos meses un transformador eléctrico para mejorar la calidad de su servicio en el barrio y que consideran los esfuerzos insuficientes, e insisten en que las conversaciones entre ayuntamiento y empresas son eternas porque ambos se pasan el problema mutuamente sin resolverlo.

Los vecinos siguen observando a escasos metros de sus hogares que la ciencia evoluciona y empuja hacia adelante la conocimiento científico, pero ellos siguen a la espera de poder engancharse a ese viaje tecnológico. Quizá no piden tanto: se conformarían con igualar las condiciones de acceso a los servicios básicos del resto de cerdanyolenses.