TRIBUNA

Artículo de José Luis Gallego: 'Por un Copenhague individual y ciudadano'

Lo peor del cambio climático es que es verdad: permanecer ajenos a él no nos librará de sus efectos

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JOSÉ LUIS Gallego
PERIODISTA AMBIENTAL

El cambio climático es inequívoco. Con la de Copenhague han sido necesarias 15 cumbres internacionales para aceptar la realidad. Ahora debemos abandonar inmediatamente el escepticismo. No daremos ni un solo paso hacia la solución mientras continuemos militando en la desconfianza. Porque el clima del planeta se está recalentado y lo va a seguir haciendo en los próximos años. ¿Cuánto? Esa es una pregunta para la que no tenemos respuesta. 20.000 delegados de cerca de 200 países están reunidos en la capital danesa para pronosticarlo y mitigar sus efectos.

Los científicos que estudian el clima del planeta son gente reservada. Su tarea consiste en corroborar una y otra vez el resultado de sus investigaciones y someterlas a todo tipo de revisiones. Por eso, cuando levantan el dedo tras gritar ¡Eureka! conviene prestarles atención. Y hace tiempo que permanecen con el dedo levantado. Nos dicen que la Tierra se está recalentando como otras veces. Pero apuntan que en esta ocasión el responsable es la acción del hombre. El dióxido de carbono siempre ha estado allí arriba, por eso nosotros podemos vivir aquí abajo, pero llevamos siglo y medio desenterrando carbono en forma de petróleo, carbón o gas natural para liberarlo a la atmósfera en forma de CO2. Y la Tierra no contaba con ello.

Como consecuencia, es probable que antes de que acabe el presente siglo la temperatura media aumente varios grados. Si logramos contener el calentamiento en torno a los 20 grados centígrados, las consecuencias serían adversas pero no catastróficas. Por el contrario, si la media climática se eleva hasta más allá de los 30 o 40 grados, la vida del ser humano en la Tierra se vería seriamente afectada.

Una de las principales herramientas para estabilizar el calentamiento en esos 20 grados (nótese que nadie habla ya de parar el cambio climático, una misión que es del todo imposible) y mitigar sus consecuencias sería reducir nuestras emisiones de CO2 .Pero no un 17% o un 20%. Para que fuese efectiva, la reducción debería ser como mínimo del 50% con respecto a los niveles de 1990. Y ninguna delegación (excepto la del país anfitrión, Dinamarca) acude a Copenhague con esa propuesta. Por eso son muchos los que apuestan por una solución ciudadana más allá de los grandes acuerdos políticos.

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Si la inmensa infantería ciudadana de la que usted y yo formamos parte se decidiera a firmar su propio protocolo, particular, social y vinculante, y apostara de verdad por hacer un uso más eficiente de la calefacción, considerar las alternativas al automóvil, practicar la reducción y la recogida selectiva de los residuos o ahorrar más agua, tendríamos muchas posibilidades de eludir la incertidumbre.

El cambio climático es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de losObama, Sarkozy, Merkel, Zapatero, LulaoHu Jintao. Si usted decide cambiar la bombilla del comedor por una de bajo consumo o empezar a reciclar la basura orgánica mañana mismo, el 20% de reducción de emisiones que saldrá de Copenhague (me juego un guisante a que de ahí no se pasa) se verá superado por la respuesta ciudadana. Por eso, Copenhague, sí, pero social: desde casa y ahora.