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La entrevista con la Médica en África

Felicitas Ibáñez: «El objetivo más fácil son los cooperantes»

EVA PERUGA

Aún le gusta que la llamen ‘Ntumba’, ‘a la que el alma le sube y le baja’. Se lo puso un africano cuando en sus inicios de cooperante Felicitas Ibáñez (Manresa, 1965) unos días se deprimía y otros tocaba el cielo. Salió de Madrid a principios de los 90 con la intención de cambiar el mundo. Ahora solo aspira a no cambiar ella. Es la responsable de África de Médicos del Mundo. Su libro ‘Misión en África’ (Ediciones B) recoge su experiencia en Angola, el Congo y Sierra Leona.

–¿Lo de Mauritania es un aviso?

–Hace un tiempo que las oenegés estamos en el punto de mira de los grupos armados. Todos los años hay secuestros y muertes de expatriados. Desde el 11-S es cuando más se ha notado.

–¿Los cooperantes son un objetivo fácil?

–Sí. Somos el objetivo más fácil para un tipo de acciones como esta. No vamos armados, somos un objetivo civil, conocen nuestro trabajo, el lugar y las horas en las que estamos. Un objetivo facilísimo.

–Dicen que la zona es segura.

–Mauritania es segura, no es Sudán o el Congo. Esta zona era segura, pero desde hace unos meses se repiten incidentes de seguridad en relación con Al Qaeda, según los rumores. A veces es difícil saber si es bandolerismo, si eres el objetivo o si simplemente te tocó porque estabas ahí. Ahora se toman precauciones con los expatriados.

–En un momento de peligro en Angola, usted se quedó.

–Te quedas y te preguntas por qué. Cuando trabajas con la gente, llevas tiempo con ella y ves la situación, te quedas porque crees que tienes una responsabilidad en lo que pasa.

–En su libro empieza a explicar sus 10 años de cooperación en África con un baile.

–Para mí fue la manera de sacar las cosas que tenía dentro.

–Para exorcizar las emociones, otros tenían como meta afeitarse cada día u oler la colonia de la enfermera.

–Es importante encontrar la manera de sobrellevar las situaciones de mucho sufrimiento o muy fuertes. En mi caso era el baile.

–¿Cómo se pasa de ser espectadora a ser miembro activo?

–Cuando tienes a la persona delante de ti y, como médico, tienes que dar respuestas.

¿O cuando se empieza a creer en la magia negra?

–Es muy fuerte, sobre todo cuando vas con la mente científica y, de repente, ves cosas inexplicables. Lo aceptas como una realidad diferente de la que estás acostumbrada.

–¿Tuvo miedo?

–Muchísimo. La única cosa que me tranquilizaba es que decían que la magia negra no funcionaba con los blancos.

–¿La presencia de oenegés ha evitados muchos males?

–No sé si ha evitado males, pero ha permitido que situaciones que nadie hubiera visto, de las que nadie hubiera sido testigo, luego puedan explicarse. Esto es importante. Por otro lado, también es importante que la gente que está ahí sienta que no se la ha olvidado, que hay alguien que se interesa por lo que pasa con ellos.

–Incluso cuando se enfrentó a los niños soldados.

–Mi sentimiento era de miedo y un poco de odio, sobre todo cuando vi algunas de las cosas que habían hecho. Quería visitarlos después de la guerra, en Sierra Leona, cuando se rehabilitaban. Los vi nadando, en la playa. Me di cuenta de que habían sido víctimas de las circunstancias.

–En un control se enfrentó a uno y lo amansó con un cascabelito.

–Hay que buscar siempre estrategias, cómo salir de situaciones que parece que no tienen salida. Al fin y al cabo son niños. En un control de carretera me pararon, estaban muy fumados, con los ojos inyectados de sangre. Te das cuenta de que estás a su merced. Yo hablaba y hablaba y, en un momento, le enseñé el cascabel. El chico se fijó en mi cascabel, que yo utilizaba para llamar la atención de los niños pequeños cuando estaba en pediatría. Lo vio. Esa fue la manera que tuve para desviar su atención, porque me estaban poniendo en una situación muy difícil, no me querían dejar pasar, querían que saliera del coche. Se lo quedó.

–¿La vida y la muerte tienen en esos países el mismo significado que en Occidente?

–No. En el mundo occidental la muerte se esconde. En África, la muerte es algo cotidiano, que va al lado de la vida, porque la gente cada día muere por enfermedades, por la guerra, por la pobreza,

–El olor a genocidio del que habla.

–A genocidio, a amputación. En Angola es un olor a mezcla de sangre, pólvora, suciedad y mucho sufrimiento.

–¿Qué es la paz para los africanos?

–Para nosotros, la paz es la ausencia de guerra. Para ellos es tener comida y medicamentos.

–¿Qué es lo más importante que ha cambiado en su vida tras esta experiencia?

–La priorización. Lo que cuenta es el día a día. Vivo el momento.

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