OBSERVADORES DEL CIELO

Astrónomos domésticos

Cientos de aficionados catalanes contribuyen con observaciones efectuadas desde sus viviendas al progreso de la ciencia

No hace falta un gran equipo, sino ganas

Jordi Lopesino, en Mataró.

Jordi Lopesino, en Mataró.

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ANTONIO MADRIDEJOS
BARCELONA

Un asteroide bautizado como 2008 TC3 se desintegró al penetrar en la atmósfera terrestre la madrugada del pasado 7 de octubre. El cuerpo rocoso no tenía ninguna particularidad especial ni en cuanto a tamaño ni en cuanto a peligro, pero sí marcó un hito porque fue la primera vez que se lograba determinar el lugar y la hora del impacto antes de que aconteciera: se anunció que sería a las 3.46 horas sobre los cielos de Sudán, y así fue. De hecho, hasta la aviación civil había sido advertida de esa posibilidad. Si todo ello fue posible es porque un puñado de aficionados españoles decidieron enfocar sus telescopios hacia tan atractivo objetivo. Desinteresadamente, por supuesto.

Montse Campàs y Ramon Naves, que residen en Cabrils (Maresme), formaron parte de la red de seguimiento junto a Rafael Benavides (Córdoba) y Gustavo Muller (Lanzarote), entre otros. Viven lejos, pero se conocen bien porque se suelen comunicar mediante una lista de correo en internet y además participan periódicamente en encuentros de astrónomosamateurs."El 70% de las observaciones que permitieron precisar la trayectoria procedían de España",explica el matrimonio de Cabrils. Cada vez son más quienes siguen sus pasos.

En casa de Montse y Ramon, el techo del comedor se abre para permitir que su telescopio asome el morro y escrute el universo. Se trata de un Schmidt-Casagrain de 12 pulgadas, equivalente a un espejo de 30 centímetros. Lo compraron de segunda mano, pero uno nuevo puede salir por 5.000 euros. Luego disponen de otro más pequeño"para salidas a la montaña".No muy lejos, Jordi Lopesino tiene en la azotea de su vivienda en Mataró un telescopio de la misma marca de 8 pulgadas, que costará unos 3.000 euros, y otros"cuatro o cinco más pequeños".

Verdaderos especialistas

Claro está que ellos son auténticoscracks. Ramon Naves, por ejemplo, es un enamorado de la observación desde que tenía 10 años y ahora va por 43."Yo estoy muy orgullosa --presume su mujer-- de haber colaborado con la NASA en el seguimiento del proyectil lanzado por la sonda Deep Impact sobre el cometa Tempel 1".Lopesino, que atesora más de dos décadas de afición, es además novelista y divulgador (acaba de publicarMi primera guía de astronomía,en La Galera).

Para los primeros pasos es mejor un aparato más humilde."No debe empezarse con uno demasiado potente porque puedes estar tirando el dinero --resume con afición contagiosa Pere Closes, de la agrupación astronómica Aster, de Barcelona--. Yo recomiendo mirar el cielo a ojo o con prismáticos y aprender a localizar los objetos más sencillos".Aunque muchos telescopios modernos ya llevan una carta astronómica acoplada, entre los novatos es esencial disponer de un sencillo planisferio celeste para poder orientarse.

Mar López Rubió, también de Aster, recuerda la importancia de dar los primeros pasos junto a alguien versado:"Es aconsejable contactar con una asociación porque, de lo contrario, corres el riesgo de aburrirte por no saber qué mirar o no saber manejar el telescopio".Además de Aster, entre las agrupaciones más sólidas de Catalunya destacan Sabadell, Castelldefels, Mataró, Alella, Girona, Osona, Tiana, Lleida, Banyoles, Manresa, Corbera, Tarragona, Roda de Ter... Son una veintena que suman, en total, unos 2.000 socios. Internet se ha convertido en el gran medio de comunicación entre los aficionados, pero las agrupaciones mantienen el encanto del conservar cara a cara y organizan cursillos y atractivas salidas.

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"Cuando hayas dado los primeros pasos --añade López Rubió--, entonces ya sabrás qué telescopio comprarte".A partir de 300 euros empieza a haber en el mercado aparatos interesantes. De hecho, la tecnología está mejorando tan rápido que un aficionado puede observar objetos que hace 10 años solo estaban al alcance de los observatorios profesionales."El romanticismo de la tecnología pedestre casi lo hemos perdido, pero hemos ganado otros muchos encantos",dicen Montse y Ramon."Yo hago cosas que hacía el observatorio Fabra en los años 50 o 60",precisa Lopesino.

Una vez se domina lo esencial, empiezan a surgir las preferencias. Y cada una requiere un tipo de telescopio y luego una cámara acoplada porque"algo esencial de la afición es poder enseñar tus logros a los compañeros",asume Lopesino. Montse Campàs y su marido son especialistas en cometas, asteroides y exoplanetas, pero hay gustos para todo. En Aster podemos encontrar a José Muñoz, especialista en fotografía del Sol; a Pere Closes, que estudia estrellas variables; a Jesús Efrén, enamorado del Sol...