04 jul 2020

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CIENCIA

La carne clonada crea recelos entre expertos y consumidores

Exigen más control, mayores garantías y un etiquetado claro de los productos

Para los ganaderos es un negocio ruinoso, y para los ecologistas, mermalabiodiversidad

ANTONIO M. YAGÜE
MADRID

La simple idea de degustar un sabroso filete de clon de vaca genera inquietud y perplejidad en el consumidor y algunos recelos entre los expertos, pero todo indica que la carne y la leche de verdos y vacas clonados están cada vez más cerca del plato. El organismo que regula los alimentos y los fármacos en Estados Unidos (FDA) asegura que estos productos son tan aptos para el consumo y tan seguros como los procedentes de animales criados en una granja. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), más cautelosa, anuncia que seguirá con las investigaciones y que contará con la voz de los consumidores, que podrían "no estar preparados" para aceptar estos productos. Una encuesta de EEUU refleja que el 60% no compraría un alimento que proceda de estos animales.

Varias compañías y laboratorios estadounidenses han clonado más de 500 vacas, otros tantos cerdos y algunas cabras, aunque los expertos dudan de que estos animales lleguen a surtir los supermercados en un futuro de carne y leche comercial, sobre todo por el coste del procedimiento. Un ternero clonado puede salir por unos 10.000 euros, un precio muy elevado para destinar el animal al consumo humano.

ANIMALES DE PRIMERA

Según el presidente del Consejo General de Colegios de Veterinarios, Juan José Badiola, el interés por estos animales está más en el hecho de que se pueden utilizar para la reproducción y "así transmitir sus ventajas a la descendencia, igual que se hace, por ejemplo, con un semental". El objetivo es clonar animales con pedigrí, como cerdos ibéricos o toros bravos --cuyas ventajas genéticas se perderían con la muerte del animal-- y luego hacer que críen de forma convencional.

La carne de clon es una copia de la carne del animal donante, como si se tratara de gemelos idénticos pero nacidos en momentos distintos. No implica manipulación genética, sino una sustitución completa del código genético de un animal por el de otro, pero los ciudadanos suelen equiparar ese alimento con los organismos modificados genéticamente.

Badiola, que también es vicepresidente del Comité Científico del Foro Interalimentario, defiende que por encima de todo debate y de los intereses de las empresas de biotecnología debe primar el derecho de los consumidores: "Si se aprueban, hay que ofrecerles toda la información para que decidan si desea comprar o no esos alimentos".

Asociaciones de consumidores, expertos en bioética y expertos en alimentación no ven objeción siempre que se especifique en la etiqueta. "El consumidor tiene derecho a estar informado sobre lo que compra y se va a comer", subraya Pía Jakobsen, portavoz de la Federación de Consumidores en Acción (Facua).

Pilar Zaragoza, catedrática de genética de la Universidad de Zaragoza, y Marcelo Palacios, presidente del comité científico de la Sociedad Internacional de Bioética, tampoco muestran reservas éticas, ya que simplemente se empieza a materializar uno de los fines de la clonación de animales, como es la obtención de productos derivados de ellos, y de momento no se ha demostrado nin-

gún problema para la salud.

MUERTE PREMATURA

No obstante, advierten de que los animales obtenidos por clonación suelen tener peor estado de salud y morir antes que los criados por métodos más naturales. Zaragoza coincide con los ganaderos y ecologistas en que producir animales en cadena puede acarrear un "empobrecimiento de la biodiversidad" de las poblaciones. Juan Felipe Carrasco, responsable de Greenpeace contra los alimentos transgénicos, considera que, ade-

más, destruirá un formato de agricultura sostenible, local y en manos de la gente. Y apostilla: "Las prisas por introducir esta tecnología obedecen a intereses económicos de las grandes multinacionales".

Para Andoni García, presidente de la Confederación de Agricultores y Ganaderos, la clonación de animales no solo "no aporta nada a la humanidad", sino que exige más costes porque son más frágiles y enferman con mayor facilidad, y además amenaza la ganadería tradicional.