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noticia publicada el 3 de febrero del 2007

Neus Català: "No puedo ni quiero olvidar"

Luchadora incansable, se dio a la ingente tarea de conservar la memoria de aquellas 92.000 mujeres que perdieron la vida en Ravensbrück

ROSA MASSAGUÉ / Barcelona

"No puedo ni quiero olvidar". Neus Català (Els Guiamets, Tarragona, 1915) se ha repetido machaconamente esta frase desde que salió con vida del campo de concentración de Ravensbrück, el 5 de mayo de 1945. Se lo debía a las 92.000 compañeras muertas en aquel infierno y se lo debía a las generaciones futuras.

La vida de esta mujer pequeña, de mirada perspicaz e incisiva escondida detrás de unas gafas de gruesa montura, ha sido la vida de una lucha permanente. Diplomada en enfermería en 1937, fue testigo de la fundación del PSUC, el viejo partido comunista en Catalunya. Pasó la frontera hacia Francia después de que las tropas franquistas llegaran a Barcelona en enero de 1939 y lo hizo acompañando a 182 huérfanos de la colonia Negrín de Premià de Dalt.

Como tantísimos republicanos españoles que escapaban del avance franquista, Català entró en la resistencia francesa haciendo trabajos de correo hasta que un farmacéutico la denunció a los nazis.

"El 3 de febrero de 1944 se acabó mi juventud", asegura. Aquel fue el día fatídico en que Català llegó a Ravensbrück, el único campo construido exclusivamente para mujeres. Cuando habla de aquel día, Català no encuentra palabras para describirlo: "No se han inventado", y desautoriza a Dante:"En su infierno no pudo imaginar lo impensable".

Tras la liberación vino otra lucha, la de sobrevivir en el exilio al que la obligaba la dictadura franquista. Pero como no es mujer a la que espanten los retos, Neus Català se dio a la ingente tarea de conservar la memoria de aquellas mujeres que habían muerto en Ravensbrück y en especial, las españolas. No estaba dispuesta a que los nombres de las hermanas María y Leonor Rubiano, Carmen Bartolí, o Sofía Limán, por citar solo a algunas, cayeran en el olvido.

La tarea que se había impuesto era más que difícil. Ni por asomo podía contar con las autoridades españolas, pero París tampoco ayudaban cuando se trataba de reconocer que en las filas de la resistencia no todos eran franceses.

En su lucha por la memoria, Català siempre le estará agradecida a dos personas, a Joan Reventós, el político del PSC que fue embajador en París en los 80, y a Montserrat Roig, la autora que investigó la presencia de catalanes en los campos de concentración nazis. Su espíritu luchador también lo ha empleado a fondo con las autoridades alemanas deseosas de borrar del mapa el campo de Ravensbrück.

En la vida los reconocimientos siempre llegan tarde, pero en los últimos años, Neus Català ha sido testigo de cómo su incansable tarea está dando fruto. Ha visto cómo el Govern impulsa un memorial en homenaje a los represaliados por el franquismo. Ha visto cómo se ponía en evidencia la impostura de quienes han utilizado fraudulentamente el nombre de los deportados. Ha visto cómo, desde la Amical Ravensbrück que ella misma preside, la sociedad catalana no quiere olvidar.