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    EL FESTIVAL DE CINE FANTÁSTICO DE CATALUNYA

    La fantasía es un grado

    El director irlandés Neil Jordan, autor de las referenciales 'Entrevista con el vampiro' y 'En compañía de lobos', recibe el Gran Premio Honorífico de Sitges por su contribución al género

    Desirée De Fez

    El festival de Sitges ha concedido este año el Gran Premio Honorífico -galardón que celebra la contribución de un cineasta al fantástico y/o el terror- al director irlandés Neil Jordan, responsable de una de las películas más populares de los años 90, la estilizada y entonces moderna Entrevista con el vampiro (1994), uno de los filmes que pusieron de moda algo que aún colea: el vampirismo en clave sentimental y melodramática.

    Las razones del premio, que recogió el pasado sábado en la gala de clausura de la 45ª edición del festival, no son solo aquella espléndida película y su importancia para el cine moderno de terror. Jordan, hombre de pocas palabras, merece el galardón al menos por otros dos motivos. El primero, sus numerosas huidas al fantástico y al terror: «A lo largo de mi filmografía me he movido en distintos géneros porque lo realmente maravilloso del cine es que puedes cambiar de uno a otro, o buscar soluciones intermedias, y que al final siempre salgan a flote las mismas cosas, los mismos temas. Mi película En compañia de lobos [1984] es puro fantástico. The butcher boy [1997], en cambio, es un drama con elementos de fantasía. Pero en ambos filmes brotan las mismas ideas», explica el cineasta, de 62 años, en conversación con EL PERIÓDICO.

    Emblemáticos 'thrillers'

    Otro motivo que justifica el premio es la importancia para el festival y, por extensión, para el cine de género de dos de sus películas, la citada Entrevista con el vampiro y el muy metafórico cuento para adultos En compañía de lobos (1984), extraordinaria película que ofrecía una mirada de la licantropía muy insólita en su momento e imitada hasta la saciedad. El director, que nunca se ha cerrado a ningún género, asegura sentirse muy cómodo en el terreno de la fantasía, al que también pertenece su descocada comedia con espíritus El hotel de los fantasmas (1988), y tiene en mente un proyecto que aguarda un golpe de inspiración: «Rodar, casi 30 años después, una película similar a En compañia de lobos ».

    Director de filmes como los emblemáticos thrillers Mona Lisa (1986) y Juego de lágrimas (1992), el drama histórico Michael Collins (1996), el soberbio melodrama de época El fin del romance (1999) y El buen ladrón (2002), actualización de un clásico de Jean-Pierre Melville, Jordan conoce al dedillo los mecanismos de la fantasía y, en numerosas ocasiones, la ha utilizado en propuestas de otros géneros para reforzar las historias y generar atmósfera. En este sentido, sin ser películas deliberadamente fantásticas, sus interesantes The butcher boy, In Dreams (Dentro de mis sueños) (1999) y Desayuno en Plutón (2005) huyen puntualmente de la realidad para adentrarse en territorios desconocidos.

    Su nueva película, el asunto del que más le apetecía hablar, no tantea la fantasía de manera colateral. El director de La extraña que hay en ti (2007), que anda ahora inmerso en Los Borgia, una serie de televisión de la que es creador y que define como «un proyecto muy ambicioso», presentó en el pasado festival de Toronto un filme en el que reincide en el tema de su película más importante: el vampirismo. La película, que no ha podido verse en el festival de Sitges, lleva por título Byzantium y está interpretada por Gemma Arterton y Saoirse Ronan, en la piel de una madre y una hija vampiras. «Mi productor me envió el guión y me pareció muy interesante porque era una película de vampiros protagonizada por dos mujeres y sobre una historia muy melancólica y metafórica. Además, era audaz narrativamente», cuenta el director.

    Jordan, que suele escribir sus películas, ha trabajado en esta ocasión según un guión de Moira Buffini, autora de la pieza teatral en la que se inspira el filme. Texto que, según cuenta, le sedujo por el enfoque del vampirismo y la libertad con la que lo aborda: «El guion de Byzantium me gustó porque es una especie de fábula feminista que, de alguna manera, reinventa el vampirismo. Los vampiros de esta película son muy distintos. No tienen ningún problema con el sol, no les crecen los dientes y, cuando tienen que atacar, les crece una uña. Además, el proceso para volverse vampiro se ha inventado específicamente para esta historia».

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