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    El festival de cine fantástico de Catalunya

    Universos fantásticos

    Óscar Aibar estrena la intriga sobrenatural 'El bosc', basada en un cuento de Sánchez Piñol

    Desirée De Fez

    Presentada ayer a concurso en el festival de Sitges, 'El bosc' es producto de la suma de dos voces personales y con debilidad por los universos fantásticos y las ideas de naturaleza sobrenatural. Una es la del barcelonés Óscar Aibar, cuya relación con el festival viene de lejos: en 1995 presentaba en Sitges 'Atolladero', su primer largo, título maldito del cine español que luce etiqueta de filme de culto. Director de películas como la espléndida 'Platillos volantes' (2003) y 'El gran Vázquez' (2010), el cineasta ha edificado su filmografía en torno a una serie de variables que vuelven a confluir en este 'thriller' agreste sobrenatural. Son la hibridación genérica, el humor de poso triste, los personajes inadaptados y, sobre todo, los universos paralelos en los que éstos buscan algo parecido a la felicidad.

    Pues bien, la otra voz de 'El bosc' es la de un escritor sobradamente familiarizado con esos aspectos, sobre todo con los personajes en ruta y los universos paralelos: el escritor y antropólogo barcelonés Albert Sánchez Piñol, autor de 'La pell freda' y de la recientísima 'Victus', guionista de 'El bosc' y escritor del relato corto en el que esta se inspira.

    DEL RELATO A LA PANTALLA

    La decisión de Aibar de tirar adelante la adaptación del cuento de Sánchez Piñol, ambientado en 1936 en la comarca del Matarranya, fue fruto de algo parecido a un flechazo. "Conocía, como todo el mundo, sus novelas; pero cuando llegué a 'El bosc' [incluido en el libro de relatos 'Les edats d'or'] mi única obsesión fue conseguir que el espectador sintiera lo mismo que yo al leerlo. Tiene ocho páginas, pero darían pie a una trilogía, incluso a una serie. Es uno de los mejores cuentos que he leído nunca. Propone una historia que funciona como metáfora del mundo", cuenta Aibar en conversación con este diario.

    Se trata de una versión fiel. "En una adaptación siempre hay que trasladar el texto a un lenguaje cinematográfico, pero ni hemos añadido ni hemos quitado nada del relato original", explica Sánchez Piñol, que siguió de cerca el rodaje: "Cuando iba al set me subía la moral ver cómo el director y los actores elevaban el guion". 'El bosc' sucede en los albores de la guerra civil, pero no es una película más sobre ese periodo. De hecho, no solo no juega a la crónica histórica, sino que derriba uno a uno los clichés de los filmes sobre ese periodo y se sitúa en un terreno neutral, no juega a los buenos y a los malos: "La guerra civil es solo el contexto, una tela de araña en la que las emociones del ser humano son puestas al límite y están por encima de cualquier ideología", explica Aibar, que pese a la solemnidad de algunos temas del filme no ha sacrificado el humor que empapa su obra: "En la historia de la música, las mejores canciones son letras tristes con músicas alegres y letras alegres con músicas tristes¿ Intento hacer lo mismo con el cine".

    Encarnado por Àlex Brendemühl, que como el resto de los actores (entre ellos Maria Molins, Pere Ponce y el estadounidense Tom Sizemore) tuvo que aprender el peculiar dialecto 'matarranyí', el protagonista de 'El bosc' debe emprender una huida al ganarse la enemistad de sus vecinos por sus tierras y ser acusado de fascista. Su fuga no es convencional, y es ahí donde entra en juego el elemento fantástico. Aibar reconoce su predilección por los universos paralelos: "Me gusta mucho el escapismo, por eso mis personajes siempre miran hacia un mundo, a veces real y a veces utópico, que creen mejor que el suyo». Y el protagonista de 'El bosc' se refugia en un extraño universo del que solo conocemos la puerta de acceso: un pequeño bosque donde se cuece algo sobrenatural. El cineasta salta de lleno a la fantasía para recrear esa puerta al otro mundo, arriesga y sorprende al cruzar melodrama rural y 'thriller' sobrenatural y, sin caer en soluciones crípticas o abiertas, da al espectador toda la libertad para sacar sus conclusiones sobre lo que hay al otro lado, algo que ya ocurría en el relato de Sánchez Piñol. "No quería que el aparato simbólico del cuento fuera demasiado evidente; quería estuviera al servicio del relato e hiciera disfrutar al espectador", explica el escritor.

    LA MIRADA DE BRENDEMÜHL

    Según Aibar, son dos los pilares a los que el espectador se agarra para extraer sus conclusiones sobre lo que hay en el mundo extraño en el que se sumerge el protagonista. Se trata de la precisa escritura de Sánchez Piñol y del excelente trabajo de Brendemühl. "Albert consigue con elementos muy sugerentes, sin necesitar 22 millones de dólares, que imaginemos cómo es ese otro universo; y eso te hace viajar, te pide como público que trabajes la imaginación. El otro universo está en la mente de cada espectador, y me gustaría que, a partir de las pistas que le da el protagonista, cada uno dibujara lo que se imagina porque todos haríamos algo distinto. De todos modos, podemos hacernos una idea de lo que hay allí con la mirada de Brendemühl, un actor magnífico que tiene la capacidad de contar muchas cosas desde el gesto más pequeño", afirma el director.

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