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INTERFERENCIAS

Sitges-2017: la jornada del domingo, en píldoras

Julián García - Juan Manuel Freire / Sitges

Sarandon, en la ceremonia de entrega del Gran Premi Honorífic del Festival de Sitges

Sarandon, en la ceremonia de entrega del Gran Premi Honorífic del Festival de Sitges / WIREIMAGE / XAVI TORRENT

Sarandon, cantando a capella

Con un retraso mortal, casi trágico, de una hora sobre el horario previsto, Susan Sarandon recibió en la madrugada del sábado a domingo el Gran Premio Honorífic del Festival de Sitges, en un acto previo a la proyección del musical de culto 'The Rocky Horror Picture Show', en el que la carismática y combativa actriz interpretaba a la heroína Janet Weiss. Tras recibir el galardón, Sarandon sorprendió al público con la interpretación a capella de uno de los himnos del musical, 'Over at the Frankenstein place'. Ovación para ella.


La confirmación de otro Trier

Joachim Trier todavía tiene camino por recorrer hasta alcanzar a cierto pariente lejano. Pero en 'Thelma', después de otras tres películas subyugantes, confirma ir por el buen camino. Aunque presentada como su viraje a la ciencia ficción, sigue siendo, como 'Reprise' y 'Oslo, 31 de agosto', un cara a cara con los deseos reprimidos y la oscuridad inherente al ser humano. Si Ingmar Bergman viviese y hubiera decidido rodar una tercera adaptación de 'Carrie' cambiando a Billy por una chica, el resultado habría sido, quizá, parecido.


Las apariencias matan

Si el año pasado 'The neon demon' avisaba sobre el poder demoníaco de la belleza, este año al menos dos películas han querido, de nuevo, forjar una relación entre culto a la imagen y desintegración moral. Por un lado encontramos algo como 'Fashionista', del siempre interesante Simon Rumley, sobre una joven cuya estrecha relación con la ropa llega hasta la insania. Y después está 'Replace', en la que una chica encuentra un modo macabro de arreglar su problema de cutis en descomposición: coger la piel de otras.


Un 'C.S.I.' con conciencia

Imaginen un episodio de 'C.S.I.' rodado en las montañas de Wyoming. Rodado, por suerte, con paciencia, al modo de un discípulo aventajado de Clint Eastwood. Y con un componente de denuncia social (en defensa de la comunidad nativa americana) ausente en la franquicia televisiva. Todo esto es 'Wind river', nacimiento de un director a seguir, Taylor Sheridan, guionista de 'Comanchería'. En realidad no es su ópera prima, pero queremos creer –él también– que el terrible 'torture porn' 'Vile' nunca existió.


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