14 ago 2020

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CRÍTICA DE SERIE

Crítica de 'Devs': una nueva obsesión de ciencia ficción cortesía de Alex Garland

Este jueves llega a HBO la primera serie limitada del director de 'Ex_Machina', que arranca como alucinante 'thriller' tecnológico y filosófico

Juan Manuel Freire

Sonoya Mizuno en una imagen de ’Devs’.

Sonoya Mizuno en una imagen de ’Devs’.

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Devs ★★

Dirección: Alex Garland

Reparto: Sonoya Mizuno, Nick Offerman, Jin Ha, Alison Pill, Zach Grenier

País: Estados Unidos

Plataforma: HBO

Duración: 8 episodios (2 facilitados para la reseña)

Año: 2020

Género: Ciencia ficción

Estreno: 5 de marzo del 2020

Lo explicaba Alex Kurtzman, cocreador de 'Star Trek: Picard', en este diario hace solo unas semanas: "Antes las series eran pequeñas y las películas eran grandes. Eso se acabó. La pregunta que nos solemos hacer ahora es: ¿qué historia es mejor para dos horas de película y cuál para diez horas de 'streaming'? Cinematográficamente, en realidad, ya no existe diferencia".

Y así es, no existe diferencia a ningún nivel entre el díptico de ciencia ficción formado por 'Ex_Machina' y 'Aniquilación' y la serie que ahora estrena su autor, Alex Garland, el hombre revelado consecutivamente como buen novelista ('La playa'), mejor guionista ('28 días después', la adaptación de 'Nunca me abandones') y, finalmente, nuevo director de referencia del fantástico.

Todo lo que fascinaba en aquellas películas reaparece en esta serie limitada de ocho capítulos, de los que hemos podido ver dos: el estilo visual frío y exacto, tan kubrickiano; esa imaginería en el cruce de naturaleza majestuosa con arquitectura modernista, o la exploración de conceptos científicos y filosóficos a través de tramas accesibles, emocionales y emocionantes.

'Devs' se sitúa también en lo que parece un futuro cercano, demasiado cercano. En la mirada de Garland, Silicon Valley es un valle realmente inquietante, en esencia por la decisión de la compañía Amaya de adornar sus instalaciones con una muñeca gigante que emerge por encima de las secuoyas. En Amaya trabajan la desarrolladora Lily (Sonoya Mizuno) y su novio codificador Sergei (Karl Glusman), al que han convocado a una reunión con el CEO, Forest (Nick Offerman), para discutir avances en inteligencia artificial. Sergei acaba siendo promovido a Devs, una misteriosa división de 'desarrollo avanzado' sobre la que casi nadie sabe nada.

Sergei y, después, Lily acabarán tratando de desvelar los secretos alrededor de Devs, cuya investigación imposible parece impulsada por el duelo infinito de Forest, quien se arrastra por el mundo bajo los efectos narcóticos de una pérdida "rápida, sin significado, irreal". Estamos ante otro genio excéntrico del estilo del Nathan (Oscar Isaac) de 'Ex_Machina', pero uno por el que cuesta menos preocuparse un poco, con el que uno lucha por no sentirse identificado. Casi más temible es su segunda de a bordo Katie (Alison Pill), especie de Lady Macbeth que observa a los humanos como criaturas débiles, incapaces de aplacar sus emociones.

En el centro de esta historia hay una conversación filosófica sobre libre albedrío y determinismo, así como algunas consideraciones sobre nuestro afán por abrazar la tecnología casi como una religión y observar a sus gurús como inexplicables mesías. En su corazón, una pregunta simple: ¿hasta dónde te atreverías a llegar para recuperar a un ser querido?

'Devs' funciona como reflexión crítica y 'thriller' emocional a la vez que confirma a Garland como gran estilista de nuestros días. Sabe capturar el ojo sin falso frenesí, solo a base de bellas composiciones (de nuevo, los reflejos en superficies brillantes juegan un rol clave), cadencias hipnóticas y una sabia confianza en el poder de la música y el diseño de sonido.

De la banda sonora se encargan, nuevamente, Geoff BarrowBen Salisbury y The Insects, en un trabajo cercano en su experimentación vocal al post-techno de Holly Herndon. También repiten Rob Hardy en la fotografía y Mark Digby en un diseño de producción de líneas duras. 'Devs' es idéntica a las películas de Garland; simplemente, dura unas ocho horas en lugar de un par. El cuádruple de fascinación, si nada se tuerce tras los dos primeros capítulos, algo que no debería pasar.