04 jun 2020

Ir a contenido

ESTRENO

Crítica de 'Altered Carbon 2': de 'Blade runner' a 'Matrix'

La segunda temporada de la serie basada en la saga de Richard Morgan es menos perturbadora pero más eficaz que la primera

Ernest Alós

La nueva cara de Takeshi Kovacs (Anthony Mackie) en la segunda temporada de ’Altered Carbon’.

La nueva cara de Takeshi Kovacs (Anthony Mackie) en la segunda temporada de ’Altered Carbon’. / NETFLIX

item

Altered Carbon ★★★

Dirección:  Alison Schapker (showrunner). Ciaran Donnelly, MJ Bassett y otros

Reparto: Anthony Mackie, Renée Elise Goldsberry, Lela Loren, Simone Missick, Chris Conner, Dina Shihabi,Torben Liebrecht, Will Yun Lee y James Saito 

País: Estados Unidos

Plataforma: Netflix

Duración: 8 episodios

Año: 2020

Género: Ciencia ficción

Estreno: 27 de febrero del 2020

Hace ya dos años, la primera temporada de ‘Altered Carbon’ llegaba a Netflix con altísimas expectativas: iba a ser el ‘Blade runner’ televisivo, un paso adelante, en ambición y recursos, de la ciencia ficción serial, con un presupuesto superior al de las tres primeras temporadas de ‘Juego de Tronos’. El resultado de la adaptación de la novela de Richard Morgan fue notable y los resultados visuales, sobresalientes, pero lo intrincado de la trama detectivesca en que se veía sumergido el protagonista, Takeshi Kovacs (Will Yun Lee en su cuerpo original, Joel Kinnaman en su reencarnación como investigador), no acabó de entusiasmar.

Y eso que habría muchas cosas a decir a favor de aquel ‘Altered Carbon’: más allá de la intriga ciberpunk noir, conseguía plasmar de forma inquietante la premisa de las novelas de ciencia ficción antisistema de Morgan. Si la mente humana llegase a ser descargada en un chip, pudiera actuar en nubes digitales, ser transferida de un cuerpo a otro hasta el punto de que los superricos pudieran alcanzar una virtual inmortalidad, ¿cuáles serían las consecuencias en un sistema crudamente capitalista? Entre otras, que el cuerpo humano, reducido a la categoría de ‘funda’, pasa a ser un subproducto que puede ser masacrado, violado, golpeado, torturado, desechado, comprado y vendido (y la serie exploraba todas estas posibilidades con profusión de detalles) hasta alcanzar cotas inimaginables de desigualdad.

Aquella temporada adaptaba el primer libro de la trilogía de Morgan (con notables modificaciones: lamentablemente no se aprovechó el capítulo en que, dentro de varios siglos, un almacén de clones subterráneo ocupa la monumental tumba subterránea de un tiranuelo de la antigüedad… sí, un tal Francisco Franco). La segunda picotea en algunos personajes y situaciones del segundo libro, ‘Ángeles rotos’, que acaba de publicar Gigamesh, y algo más del tercero, aún inédito en España, ‘Woken Furies’. Pero apenas son una inspiración remota. Tiene sus ventajas: el ritmo de difusión bulímico de contenidos de Netflix a menudo deja un vacío tras el consumo instantáneo de una serie que en este caso puede rellenar muy satisfactoriamente la lectura.

La segunda temporada de ‘Altered carbon’ traslada (en una nueva funda, Anthony Mackie, el Falcon de Marvel) a Takeshi Kovacs, antiguo marine intergaláctico y guerrillero derrotado, a su planeta natal. Seguirá el rastro de la mujer que ha buscado de cuerpo en cuerpo durante siglos, la antigua líder rebelde Quellcrist Falconer, y topará con una de las antiguas civilizaciones alienígenas de las que los humanos han heredado sus nuevas tecnologías. La serie da un giro en busca de la renovación que aún no tiene garantizada: menos intriga policial, más escenas de combate acrobático, más persecuciones en una Matrix virtual (con el mejor personaje de la serie, una melancólica inteligencia artificial afectada de una especie de alzéimer digital que adopta la apariencia de Edgar Alan Poe). Menos perturbadora, más eficaz.