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RELACIÓN FRUSTRANTE

Hollywood, una pesadilla para los grandes novelistas

Scott Fitzgerald, Faulkner, Chandler y Hammett, entre otros, fracasaron como guionistas en la época clásica del cine estadounidense

Quim Casas

Francis Scott Fitgerald, a finales de la década de 1920.

Francis Scott Fitgerald, a finales de la década de 1920.

Fallecido en 1940, Francis Scott Fitzgerald, el gran exponente de la generación perdida de las letras estadounidenses, el mejor escritor de la era del jazz, dejó inconclusa la novela 'El último magnate', una descripción del Hollywood que el autor de 'El gran Gatsby' y 'Hermosos y malditos' conoció por dentro durante su desastrosa etapa como guionista.

El protagonista de la novela, considerada el primer estudio antropológico de Hollywood, es el productor Monroe Stahr, y en su descripción pueden encontrarse rasgos de los grandes magnates que convirtieron Hollywood en una de las más poderosas industrias económicas y culturales del mundo.

Elia Kazan llevó al cine el libro en 1976, con guion de Harold Pinter y Robert De Niro en el papel de Stahr. Fitzgerald ya había volcado en varios de sus espléndidos relatos algunas de sus experiencias en el cine, pero 'El último magnate' continúa siendo uno de los documentos más fidedignos y crudos del funcionamiento del sistema de los estudios.

Se han realizado buenas películas a partir de sus obras (las distintas versiones de 'El gran Gatsby', 'La última vez que vi París', 'El curioso caso de Benjamin Button'), pero el paso de Fitzgerald por los departamentos de guiones de Hollywood, entre 1923 y 1939, fue una pesadilla: le rechazaron guiones, participó sin acreditar en una decena de películas y solo apareceen los créditos de una, 'Tres camaradas' (1938), según la novela pacifista de Erich Maria Remarque.

Infilmables

No fue el único de los autores de su generación que tuvo desencuentros con Hollywood. Y aunque los productores podían ser feroces y despiadados, la culpa fue, en parte, de ellos: casi nunca supieron escribir pensando en imágenes en movimiento, por lo que la mayoría de sus guiones tenían más de novela que de guion cinematográfico y eran infilmables.

En una secuencia de 'Cautivos del mal' (1952), de Vincente Minneli, esta dificulta  d para adaptarse a otro tipo de lenguaje queda muy bien explicada. El productor encarnado por Kirk Douglas tacha dos páginas enteras de lo que un joven novelista contratado como guionista considera su mejor escena, muy dialogada. Douglas le dice que lo mejor es que los personajes no digan nada y la cámara avance hacia ellos, de esta forma el espectador imaginará lo que no tiene por qué verse.

Fitzgerald no comprendió la escritura cinematográfica, aunque tenía buenas ideas en relación con el cine. Tampoco lo hizo William Faulkner, el inconmensurable autor de 'Santuario' y 'Mientras agonizo', que sobrevivió en Hollywood gracias a su amistad con Howard Hawks, para quien escribió los guiones de 'El camino de la gloria' (1936); 'Tener y no tener' (1944), según el libro de Ernest Hemingway; 'El sueño eterno' (1944), adaptación de una de las novelas negras de Raymond Chandler, y 'Tierra de faraones' (1955).

Bien, lo de escribir los guiones resulta en algunos casos un eufemismo: el propio Hawks recordaba que la aportación de Faulkner a 'Tierra de faraones' fue de una única página, pero aparece acreditado al mismo nivel que los guionistas que escribieron el resto, Harry Kurnitz y Harold Jack Bloom.

En 'Barton Fink' (1991), otro retrato demoledor del Hollywood de los 30 realizado por los hermanos Coen, aparece un guionista fracasado y envejecido, de nombre William P. Mayhew, que termina alcoholizándose para soportar mejor sus desavenencias con los productores. El personaje está inspirado en el de Faulkner, que acabó de la misma manera. El protagonista de este filme (John Turturro) representa a todos aquellos dramaturgos de éxito que fueron rápidamente canibalizados por Hollywood sin saber cómo se hacía un guion: la soledad del autor ante la máquina de escribir.

Modélico

Faulkner adaptó a Chandler. Este, uno de los maestros de la literatura criminal, tuvo un corto pero más fructífero paso por el cine, adaptando siempre novelas de otros autores del género policiaco: 'Perdición' (1944), de Billy Wilder, según la obra de James M. Cain, y 'Extraños en un tren' (1951), de Alfred Hitchcock, según Patricia Highsmith. Chandler no se entendió con Hitchcock, pero aun así el guion de 'Extraños en un tren' es modélico.

Otro autor canónico de la serie negra, Dashiell Hammett, pasó también por el cine. Gozó de cierta consideración con las adaptaciones de sus novelas y relatos –la serie de 'El hombre delgado', 'El halcón maltés'–, pero, incapaz tampoco de entender la mecánica de la escritura de guiones, solo aportó algunos argumentos originales como el del notable filme de gánsteres 'Las calles de la ciudad' (1931), de Rouben Mamoulian.