ENTREVISTA

Álvaro Morte ('La casa de papel'): “Esta vez El Profesor no tiene plan B ni plan A ni plan Z”

El actor se despide del que ha sido durante cinco años su personaje: el cerebro de los atracos a la Casa de la Moneda y al Banco Central

Álvaro Morte, El Profesor en ’La casa de papel’.

Álvaro Morte, El Profesor en ’La casa de papel’. / NETFLIX

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Inés Álvarez
Inés Álvarez

Periodista

Especialista en programas de televisión y series

Escribe desde Barcelona

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Durante cinco años Álvaro Morte (Algeciras, Cádiz, 1975) ha estado metido en la piel de El Profesor, ese tipo 'nerd', 'outsider', pero educado y tremendamente seductor, que diseñabaesoss atracos que han mantenido en vilo a los espectadores de medio planeta de ‘La casa de papel’. En esta quinta y última temporada de la serie de Netflix, que se presenta dividida en dos partes (la primera se estrena este viernes, 3), la banda se encuentra contra las cuerdas. También él. Y hasta llega a despedirse de su extraña familia. El actor, al que últimamente hemos visto en ‘El embarcadero’ (M+) y ‘The head’ (Apple TV), también está de despedida. Pero se lleva una gran experiencia. Y fama mundial. 

Esta temporada se presenta trepidante. Es la guerra.

La gente no va a poder levantarse de la silla, creo, porque tenemos toda una guerra desatada en el banco y otra entre el profesor y Sierra Y son dos tipos de guerra completamente distintos: una es absolutamente bélica y la otra es como de estrategia entre ellos. Y de toda esa tensión que se genera en un sitio y el otro es de lo que más viene cargada.

Esta vez el profesor se mide a un enemigo también muy cerebral. Y no tiene plan B.

No tiene ni plan B ni plan A ni plan Z. Hay un momento de desestabilización absoluta en el momento en el que Alicia Sierra entra en el estanque de tormentas, descubre todo eso, algo que parecía inaccesible. Ella, con su prodigiosa cabeza, consigue descubrirle. En ese momento venimos de arrastrar la euforia del final de la cuarta temporada, en la que hemos conseguido meter a Lisboa en el banco y El Profesor dice: “Lo vamos a conseguir, vamos a ganar”. Justo en ese momento, cuando piensa que hay una luz al final del túnel, aparece Alicia Sierra desestabilizándolo. Y lo más importante es que se rompe la comunicación entre el banco y El Profesor, con lo cual todo se vuelve mucho más caótico. 

Pierde totalmente el control.

Sí, todo lo que sucede en el banco, controlado desde ese punto externo, se desmorona. La situación en el banco empieza a a ser muchísimo más desesperante. Y la de El Profesor es terrible. Era algo que se pretendía que sucediera en esta última temporada, que viene partida en dos. 

¿Serán muy diferentes una y otra parte?

En la primera se pone de una manera ulterior, de una manera mucho más definitiva, más forzada, a toda la banda y a El Profesor contra las cuerdas. Es mucho más bélica, mucho más de explosión, mucho más agónica. Para enfrentarnos después a una resolución en los cinco últimos capítulos, metiéndonos más en la emocionalidad de los personajes, conociendo más su pasado, lo cual nos ayudará a comprender un poco cuál ha sido el viaje y el porqué de ese viaje. Es una temporada que viene partida en dos, pero creo que es importante recordar que es una sola una. Porque como verdaderamente va a funcionar en la cabeza del espectador es cuando entienda el global todo junto. 

Hay un momento tremendamente emotivo en el que el profesor se despide de los atracadores. Su familia, al fin y al cabo. ¿Siente que les ha fallado?

Sí. Pero es sobre todo una despedida de su familia. Hay que tener en cuenta que El Profesor se ha quedado sin familia carnal, de sangre, en su vida y esta banda de pirados se ha convertido en la suya. Quizá es el último momento, como dice, y a lo mejor esta es la última vez que vea a esta familia ‘sui generis’ que ha conseguido llegar a tener. Ese es un momento realmente duro.

¿Cómo describiría a su personaje?

Es un ‘nerd’ maravilloso, es un friki 'outsider'. Cuuando lo estuvimos creando, decíamos: ”A ver qué tipo podemos hacer para que no sea el típico cerebro de una banda, que sea un poquito distinto a lo que estamos acostumbrados a ver”. Y nos dimos cuenta de que la gran mayoría de los cerebros de bandas en historias de atracos y demás eran todos como gente muy guay, con un carisma arrollador. Y entonces dijimos: “¿Y si nos lo llevamos a otro sitio?”.

¿Cuál ha sido su escena favorita?

Una de la primera temporada, la del desguace. Por lo divertido que fue hacerla con Jesús Colmenar, que me metió en un maletero, tengo que hablar en ruso, me persigue un perro, me pongo hasta arriba de grasa y tierra y hacemos como una transformación a lo Kaiser Soze, de 'Sospechosos habituales'. Pero dijimos: «A lo mejor El Profesor en acción también puede contar cosas, también puede ser entretenido». Se abrió una puerta en esa dirección.

Después de tantos años y tantas alegrías, ¿le echará de menos?

Sí, mucho. Pero también creo que lo inteligente es descansarlo. Si estiras mucho una historia, corres el peligro de caerte, de ser pesado. Yo he disfrutado muchísimo estos cinco años del personaje, de la grabación, de mis compañeros y, al fin y al cabo, es lo que me llevo. Más allá del éxito, que es efímero, porque un día estás arriba y otro, abajo, me llevo el disfrute de haber podido interpretar a un personaje que me ha dado la oportunidad de enfrentarme a muchísimas secuencias con situaciones absolutamente diferentes e, incluso, géneros. Yo, con El Profesor he hecho cosas de acción, verdaderamente trágicas, escenas de comedia... Y eso para un actor es muy gratificante, muy divertido. Me quedo con toda la experiencia de ese proceso de haber hecho de El Profesor.

¿Y cómo ha llevado la fama que supone participar en un fenómeno mundial?

La fama siempre es algo difícil de gestionar, sobre todo cuando viene tan de golpe. Porque si viene poco a poco, igual tienes tiempo de reacción para prepararte ante según qué circunstancias. Yo he intentado tomarme las cosas como dice Buenafuente: “El humor, al final, es la única salida”. Que me encanta. Y yo intento tomármelo así. Con mis colegas de toda la vida, que siguen afortunadamente comportándose conmigo como hace años, yo me río de lo que está pasando aquí y allá, con un poco de perspectiva. Lo que sí es muy agradable son todas las muestras de cariño que nos mandan desde muchísimas partes del mundo. 

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Me lo imagino.

Es tremendamente agradable, sí, pero no te voy a engañar: hay una parte de la fama más incómoda, que es perder la intimidad y el anonimato. Y hay que saber gestionarlo, sobre todo cuando salpica a miembros de tu familia. Tengo mucho cuidado de separar una cosa de otra.