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Bienestar y migraciones

Khalil Dabdoub, psicólogo: "No podemos acoger a personas refugiadas y detenernos ahí: hay que ir más allá"

Un estudio analiza la salud mental de poblaciones desplazadas por conflictos y alerta del peso de la pobreza, la separación familiar o la incertidumbre administrativa

El trabajo defiende una atención accesible y culturalmente adaptada

Khalil Dabdoub, psicólogo e investigador

Khalil Dabdoub, psicólogo e investigador / KD

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Marc Darriba

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Barcelona
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Huir de una guerra, una persecución o una situación de violencia puede dejar una profunda huella en la salud mental, pero llegar a un lugar seguro no pone necesariamente fin al malestar. La pobreza, la separación de la familia, las barreras lingüísticas o la incertidumbre sobre el estatus legal pueden mantener o agravar los síntomas después del desplazamiento. Un trabajo que analiza las poblaciones palestina, sudanesa o rohinyá señala que la atención no puede terminar con la acogida. "No podemos reasentar a personas refugiadas en un nuevo país y detenernos ahí", advierte Khalil Dabdoub, psicólogo e investigador de la Georgia Southern University.

Los factores posteriores al desplazamiento pueden tener, según explica este investigador, «un impacto tan grande» en el bienestar como el trauma anterior a la migración. Entre estos factores están el estrés de adaptarse a un entorno nuevo, la dificultad para desenvolverse en los sistemas administrativos y sanitarios, la separación familiar, las barreras lingüísticas o la pobreza. Además de provocar malestar por sí mismos, pueden mantener o agravar síntomas previos. Por eso, insiste Dabdoub, "trasladar a una persona a un país seguro es solo una parte de la respuesta: después hay que garantizar recursos y apoyo psicosocial".

Creo que mucha gente pasa por alto el papel de los factores sociopolíticos y ambientales en la salud mental

Khalil Dabdoub

— Psicólogo e investigador de la Georgia Southern University.

"Las personas refugiadas, como cualquier otra persona, son más que su diagnóstico o que los acontecimientos que han vivido", defiende el investigador. Los datos, sostiene, deben servir para mostrar los factores estructurales que contribuyen al sufrimiento, no para presentar a todo un colectivo como psicológicamente dañado.

Tener servicios no significa poder acceder a ellos

Dabdoub diferencia tres condiciones para que la atención sea efectiva: que sea suficiente, accesible y culturalmente adecuada. La primera pasa por disponer de profesionales formados, servicios e intervenciones basadas en la evidencia. Pero tener una consulta disponible no garantiza que una persona pueda llegar a ella.

"No importa cuántas clínicas o cuántos profesionales haya si las personas se encuentran con numerosas barreras para recibir atención", resume Dabdoub. Entre los obstáculos están la falta de intérpretes con formación sanitaria, la desconfianza hacia autoridades o profesionales, la situación jurídica incierta, las dificultades económicas, el estigma o el desconocimiento del sistema.

Modelos que no encajan

Dabdoub cuestiona la aplicación automática de modelos occidentales que entienden el malestar y la recuperación principalmente desde una perspectiva individual. Este enfoque puede chocar con culturas más colectivistas, en las que la persona se entiende como parte de una familia o comunidad.

No importa cuántas clínicas o cuántos profesionales haya si las personas se encuentran con numerosas barreras para recibir atención

Khalil Dabdoub

— Psicólogo e investigador de la Georgia Southern University.

Estas diferencias, explica Dabdoub, pueden hacer que algunas personas no busquen ayuda o abandonen el tratamiento si no se sienten comprendidas. Dabdoub habla de "humildad cultural": incorporar, cuando sean relevantes, la lengua, los valores, la identidad, la espiritualidad o la manera de entender el malestar. Intérpretes, líderes comunitarios o religiosos, sanadores tradicionales y personas con experiencia vivida pueden desempeñar un papel según las preferencias de cada paciente.

Las políticas de acogida

Dabdoub señala que los procedimientos de asilo largos y la incertidumbre sobre el estatus jurídico tienen un impacto negativo. Reducir los tiempos de espera y proporcionar información clara sobre derechos y trámites son, según el investigador, medidas relevantes también para la salud mental.

El psicólogo e investigador remarca que las poblaciones desplazadas tienen un riesgo más elevado de sufrir problemas de salud mental, pero también pueden encontrar fortaleza en las redes familiares y sociales, la cultura, las tradiciones o la espiritualidad. "Creo que mucha gente pasa por alto el papel de los factores sociopolíticos y ambientales en la salud mental", concluye.

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