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Reflexiones SanaMente

Josep Tristany, Pla Director de Salut Mental: "Corremos el riesgo de psicologizar la vida cotidiana"

El reto es evitar que toda experiencia de malestar vital se convierta automáticamente en un problema sanitario

Necesitamos una sociedad más cohesionada, inclusiva y corresponsable. Los servicios sanitarios, por sí solos, no pueden generar bienestar emocional

Josep Tristany, director del Pla Director de Salut Mental i Addiccions, en el 8è Congrés Català de Salut Mental

Josep Tristany, director del Pla Director de Salut Mental i Addiccions, en el 8è Congrés Català de Salut Mental / MANU MITRU / EPC

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Josep Tristany

Cardona
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En los últimos años, sobre todo después de la pandemia, la salud mental ha dejado de ser un tema tabú para ocupar un espacio central en el debate público. Y este cambio es una buena noticia, ya que poder hablar de ello abiertamente contribuye a reducir el estigma y a tener una mayor conciencia de la importancia de cuidar la salud mental, lo que facilita que las personas pidan ayuda cuando creen necesitarla. Todo ello ha impulsado una mayor sensibilidad institucional hacia un ámbito invisibilizado durante demasiado tiempo.

La salud mental es una responsabilidad compartida. Lo es de las instituciones, de los profesionales, de las entidades, de los gobiernos locales y de toda la ciudadanía

Aun así, esta mayor conciencia también nos obliga a afrontar algunos retos. El primero es evitar que toda experiencia de malestar vital se convierta automáticamente en un problema sanitario. Vivir implica afrontar pérdidas, incertidumbres, frustraciones, conflictos, momentos de vulnerabilidad... Todas estas son experiencias inherentes a la condición humana que no siempre requieren una respuesta clínica. Cuando interpretamos cualquier dificultad vital como un trastorno que hay que diagnosticar y resolver desde el sistema sanitario, corremos el riesgo de psicologizar la vida cotidiana y de medicalizar aquello que, a menudo, necesita otras respuestas.

La sociedad contemporánea tiene muchas dificultades para tolerar el malestar, que se concibe como algo que hay que "resolver" y no como algo que hay que gestionar y que es inherente a la experiencia de vivir, hecho que impulsa a muchas personas a acudir al sistema sanitario.

Nos cuesta aceptar que hay situaciones que no se pueden eliminar, sino gestionar; que hay emociones difíciles que forman parte de este proceso de vivir

Nos cuesta aceptar que hay situaciones que no se pueden eliminar, sino gestionar; que hay emociones difíciles que forman parte de este proceso de vivir; y que la resiliencia no consiste en no sufrir, sino en disponer de los recursos personales y colectivos para afrontar las adversidades. La salud mental no es la ausencia absoluta de malestar, sino la capacidad de convivir con él, darle sentido y continuar desarrollando un proyecto vital.

Los exámenes y la ruptura con la novia

A modo de ejemplo, un compañero que trabaja en un centro de salud mental infantojuvenil me explicaba hace unos días que había atendido a una paciente que presentaba una situación de malestar importante y una elevada ansiedad por la frustración que le había generado no haber obtenido la nota que esperaba en Bachillerato y en las PAU; y a otro paciente, con una sintomatología similar, por una ruptura con su novia. Ambos casos estaban siendo atendidos en la atención especializada, con el añadido de que, en uno de ellos, ya le habían prescrito un tratamiento con psicofármacos, cuando está claro que no son situaciones que deban resolverse desde la red especializada de salud mental ni tratarse con psicofármacos, ya que lo más probable es que acabemos cronificando ambas situaciones.

Los recursos son limitados

Además, hay que tener en cuenta que los recursos son limitados y que estas situaciones inherentes al oficio de vivir —que, como hemos dicho, no pueden ni deben tener una respuesta, al menos exclusiva, desde el ámbito sanitario— acaban generando frustración, malestar, desbordamiento y la sensación de no dar abasto entre los propios profesionales, ya que con demasiada frecuencia impiden que se pueda prestar la atención necesaria a los casos de enfermedad mental más complejos.

Los recursos son limitados y que estas situaciones inherentes al oficio de vivir acaban generando la sensación de no dar abasto entre los propios profesionales

Esta mirada no pretende minimizar el sufrimiento ni cuestionar la necesidad de una atención especializada. Cataluña dispone de una red pública de salud mental consolidada, integrada en el sistema sanitario y formada por profesionales altamente cualificados que cada día atienden a miles de personas con trastornos mentales y situaciones de gran complejidad.

Salud mental en la familia, en el barrio, en la escuela...

Esta red es uno de los principales activos de nuestro sistema de salud y ha sido pionera en el desarrollo de un modelo de atención comunitaria centrado en la persona, orientado a la recuperación y coordinado con los recursos sociales y educativos. Precisamente porque estos servicios deben seguir dando una respuesta de calidad a quienes más los necesitan, es importante evitar que se conviertan en la única respuesta ante cualquier dificultad vital.

Entendemos la salud mental como un asunto colectivo y una responsabilidad compartida.

La salud mental debemos construirla, sobre todo, allí donde vivimos: en las familias, en los barrios, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en los espacios culturales, deportivos y asociativos. Las relaciones sociales, el sentimiento de pertenencia, la participación comunitaria, el acceso a la vivienda, a un trabajo digno o a oportunidades educativas tienen un impacto tan determinante sobre el bienestar emocional como muchas intervenciones sanitarias. Por eso entendemos la salud mental como un asunto colectivo y una responsabilidad compartida.

La salud depende de los vínculos sociales

Este es, de hecho, el camino que desde hace años se impulsa en la red de salud mental y adicciones de Cataluña. El modelo catalán ha apostado decididamente por una atención comunitaria, territorial, interdisciplinar y coordinada entre los ámbitos sanitario, social, educativo y local. No se trata solo de acercar los servicios al territorio, sino de reconocer que la comunidad es un activo de salud muy importante y que la recuperación de las personas también depende de los vínculos sociales, la participación y las oportunidades que ofrece el entorno. Esta manera de entender la atención constituye una de las grandes fortalezas del sistema catalán de salud mental.

Fomentar la conexión de una persona con actividades culturales, grupos de apoyo mutuo, proyectos de voluntariado... no es una alternativa menor a la atención sanitaria

En este contexto, fomentar la conexión de una persona con actividades culturales, grupos de apoyo mutuo, proyectos de voluntariado, espacios comunitarios o iniciativas deportivas no es una alternativa menor a la atención sanitaria. En muchos casos es la respuesta más adecuada, porque actúa sobre el aislamiento, refuerza los vínculos sociales, incrementa el sentimiento de utilidad y favorece la recuperación. Prescribir comunidad es también prescribir salud.

Reforzar la red y cohesionar la sociedad

Necesitamos seguir reforzando una red de salud mental que ya es un referente por su modelo comunitario, su implantación territorial y el compromiso de sus profesionales. Pero también necesitamos una sociedad más cohesionada, inclusiva y corresponsable. Los servicios sanitarios, por sí solos, no pueden generar bienestar emocional si no cuentan con comunidades capaces de acompañar a las personas en los momentos de dificultad.

Los servicios sanitarios, por sí solos, no pueden generar bienestar emocional si no cuentan con comunidades capaces de acompañar a las personas en los momentos de dificultad

La salud mental es una responsabilidad compartida. Lo es de las instituciones, de los profesionales, de las entidades, de los gobiernos locales y de toda la ciudadanía. Cataluña dispone de una red de salud mental sólida y comprometida que seguirá siendo imprescindible para atender el sufrimiento mental, pero su impacto será aún mayor si es capaz de trabajar de la mano de una comunidad activa, inclusiva y cohesionada.

Fortalecer esta alianza entre el sistema sanitario y la comunidad es probablemente una de las mejores inversiones que podemos hacer para mejorar la salud mental de la población.

Josep Tristany es director del Plan Director de Salud Mental y Adicciones del Departament de Salut.

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