Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Psicología

Del FOMO al JOMO, del estrés por no salir al placer de quedarte en casa: "Podría interpretarse como una expresión saludable"

Los dos movimientos están directamente relacionados con niveles de ansiedad

El JOMO, el 'joy of missing out', es el nuevo FOMO: "La persona que quiere ir a todo ahora da 'cringe'"

Las redes sociales no salen gratis: más ansiedad y menos bienestar entre los adolescentes

Redes sociales en un dispositivo.

Redes sociales en un dispositivo. / EFE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Andrea Valenzuela García

Andrea Valenzuela García

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Consultar las redes sociales provoca, en ocasiones, una sensación de inquietud, de ansiedad o de estrés que se produce al ver las publicaciones de amigos o conocidos disfrutando de planes de los que tú, por una razón u otra, no formas parte. Es entonces cuando nace el pensamiento de que deberías estar ahí, de que te estás perdiendo algo importante, sin siquiera saber qué te estás perdiendo. Este fenómeno recibe el nombre de FOMO, acrónimo de 'Fear of missing out', que se traduce en el miedo de perderse algo.

El FOMO es una tendencia que lleva presente en redes sociales desde hace algunos años. Sin embargo, durante los últimos meses se ha popularizado su antónimo: el JOMO, del acrónimo 'Joy of missing out', lo que se traduciría en el placer de perderse algo.

JOMO: "La expresión saludable de límites psíquicos"

Lo cierto es que ambos conceptos se relacionan con diferentes niveles de ansiedad y de presión social. Por una parte, "el JOMO podría interpretarse como una expresión saludable de límites psíquicos, particularmente en personalidades con un sentido claro del yo y con estrategias maduras de afrontamiento", explica la psicóloga Ana Pamplona en el 'Heraldo'. Por otro lado, en cuanto al FOMO, añade: "Sentir que uno se pierde eventos o experiencias puede generar malestar en algunas personas presentando síntomas ansiosos, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una autoimagen empobrecida".

El JOMO genera muchos beneficios emocionales directamente relacionados con la reducción del estrés y la ansiedad de forma natural, así como la mejora de las relaciones sociales, especialmente la relación con uno mismo. Querer perderse un evento por elección propia provoca tranquilidad y paz mental y, además, suele estar relacionado con una pérdida de la necesidad de estar constantemente pendiente de qué hacen los demás.

El FOMO comporta un clima poco saludable

En este sentido, el placer que provoca el JOMO se integra en la vida cotidiana pudiendo "constituirse como un factor protector frente a los trastornos asociados a la hiperconectividad y la sobreestimulación", añade Pamplona.

Contrariamente, el FOMO comporta un clima poco saludable para la salud mental, en la que se cree que nuestra realidad es siempre peor que la de los demás. Entre los factores que propician este sentimiento, se encuentra la sobreestimulación emocional y social provocada por la inmediatez de Internet, la superabundancia de información, la adicción a las pantallas y la sobreexposición de la vida personal motivada por la búsqueda de validación externa y por la intención de reafirmar la personalidad.

Elegir conscientemente lo que aporta bienestar

Es por ello que psicólogos como Pamplona recomiendan seguir la práctica del JOMO, pero siempre teniendo en cuenta que incorporar la tendencia no implica rechazar todos los planes. En su lugar, se trata más bien de elegir conscientemente lo que aporta bienestar y de saber cuáles son las prioridades auténticas para poder dedicar tiempo en lo que realmente se desea y no en algo impulsado por el FOMO.

Quien es más propenso a sufrir FOMO debe saber que se puede trabajar en ello "acudiendo a una terapia en la que nos enfoquen a una reestructuración cognitiva del ocio y del tiempo libre o enseñándonos a hacer una buena gestión del tiempo, realizando además una identificación y validación de las necesidades internas. Principalmente, a través de una revisión de creencias disfuncionales sobre la productividad, la disponibilidad constante, el rendimiento social y una psicoterapia basada en modificar rasgos de personalidad", concluye Pamplona.