Reflexiones SanaMente
Silvia Llopis, activista: "Tuve que volver a aprender a vivir"
"Podemos dejar que el dolor nos defina o transformarlo en sensibilidad, empatía, fortaleza y esperanza"
"La salud mental no es la ausencia de dolor. Es la capacidad de convivir con él sin dejar que decida quién eres"

.Silvia Llopis, en su participación en el proyecto 'Silencios rotos" / Manu Mitru / Jordi Otix
No creo que la salud mental sea algo con lo que nacemos. Tampoco creo que la fortaleza sea un don reservado a unas pocas personas. Creo que ambas se construyen. Se construyen con las experiencias que vivimos, con las personas que nos sostienen cuando nosotros ya no podemos más, con las heridas que aprendemos a mirar de frente y con la decisión de seguir caminando, incluso cuando pensamos que ya no nos quedan fuerzas.
Yo no siempre pensé así. Necesité perderlo casi todo para entenderlo. Hace diez años intenté poner fin a mi vida. Aquel día estaba convencida de que todo había terminado. Hoy sé que, sin saberlo, aquel fue también el primer día de mi renacimiento.
Hace diez años intenté poner fin a mi vida. Aquel día estaba convencida de que todo había terminado
Después comenzó un largo camino de reconstrucción. Tuve que volver a aprender a vivir. El dolor, el miedo y la incertidumbre se convirtieron en compañeros de viaje. Durante mucho tiempo, los hospitales fueron una segunda casa. Pero hay un recuerdo que permanece intacto. Cuando ya no podía más, miré a una de las personas que más quería y le dije: "Déjame marchar".
Nunca olvidaré su respuesta: "Lucha una vez más. Inténtalo por mí. Porque si tú te vas, yo me iré detrás de ti". Aquellas palabras no borraron el dolor. Pero encendieron una pequeña luz. Al principio seguí luchando por aquella persona. Con el tiempo aprendí a luchar por mí.
Le dije: "Déjame marchar". Nunca olvidaré su respuesta: "Lucha una vez más. Inténtalo por mí. Porque si tú te vas, yo me iré detrás de ti"
Aquel día descubrí que, a veces, necesitamos que alguien crea en nosotros hasta que seamos capaces de volver a creer en nosotros mismos. A menudo me dicen que soy una mujer muy fuerte. Yo siempre respondo lo mismo: no. Yo no nací fuerte. La fortaleza no es un regalo. Es una construcción. Nace cada vez que decides levantarte después de una caída, cuando avanzas aunque tengas miedo y cuando entiendes que pedir ayuda también es una forma de valentía.
Mi fortaleza se construyó. Igual que mi salud mental. Paso a paso. Lágrima a lágrima. Caída a caída
Mi fortaleza no apareció de la noche a la mañana. Se construyó. Igual que mi salud mental. Paso a paso. Lágrima a lágrima. Caída a caída. Esperanza a esperanza. Renacer no consistió en recuperar la vida que había perdido. Consistió en aceptar que aquella vida ya no existía y tener el valor de construir otra.
Perder la voz, pero no la esencia
En este camino perdí muchas cosas: la salud, la normalidad, muchos de los sueños que había imaginado y también la voz. Pero hubo una pérdida que transformó por completo mi manera de estar en el mundo: perdí la voz. Y perder la voz no es solo dejar de hablar. Es perder una forma de habitar el mundo. Es llegar a una conversación y sentir que el silencio se adelanta a las palabras. Es cansarte solo por explicar una historia.
Perder la voz no es solo dejar de hablar. Es perder una forma de habitar el mundo
Durante mucho tiempo pensé que, con la voz, también había perdido una parte de mí. Pero estaba equivocada. Perdí la voz. Pero no perdí mi esencia. Porque mi esencia no vivía en mis palabras, sino en mi manera de amar, de mirar a los demás y de afrontar la vida.
Fue entonces cuando comprendí de verdad aquella frase de El Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos". Hoy añadiría otra reflexión: lo esencial también es invisible a los oídos. Porque una persona no es su voz. Es su manera de amar, de acompañar, de mirar a los demás y de levantarse después de cada caída.
También me ha acompañado una frase atribuida a Frida Kahlo: «Haz de tu dolor un talismán». No porque el dolor sea un regalo, sino porque siempre podemos decidir qué hacemos con él. Podemos dejar que nos defina o transformarlo en sensibilidad, empatía, fortaleza y esperanza.
Cambiar es crecer
Con los años también he comprendido que la vida es movimiento. Nosotros cambiamos. Nuestros sueños también evolucionan con nosotros. Hay sueños que dejamos atrás y otros que nacen cuando menos lo esperamos. Y todos, de una manera u otra, nos transforman. Cambiar no es perderse. Es crecer.
El éxito no es llegar a un lugar. Es el camino. Es la persona en la que te conviertes mientras avanzas
También he cambiado mi manera de entender el éxito. Para mí, el éxito no es llegar a un lugar. Es el camino. Es la persona en la que te conviertes mientras avanzas. Es volver a empezar tantas veces como sea necesario sin dejar de creer que todavía queda vida por vivir.
Y también he descubierto que muchas veces no se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de ser capaces de convertir en extraordinario lo ordinario. Una fotografía. Un baile. Un café compartido. El mar. Una conversación. Una sonrisa. Son esos pequeños instantes los que, a menudo, dan sentido a la vida y nos recuerdan que la felicidad no siempre llega haciendo ruido.
Vida en lugar de diagnóstico
Por eso, hoy, si alguien me preguntara qué es para mí la salud mental, no le hablaría de diagnósticos. Le hablaría de la vida. La salud mental no es la ausencia de dolor. Es la capacidad de convivir con él sin dejar que decida quién eres. Es seguir amando, soñando, aprendiendo y empezando de nuevo. Quizá el verdadero reto no sea evitar los cambios. Quizá sea aprender a reconstruirnos una y otra vez, sin perder nunca nuestra esencia.
Si alguien me preguntara qué es para mí la salud mental, no le hablaría de diagnósticos. Le hablaría de la vida
Porque la salud mental y la fortaleza no son el punto de partida de nuestra vida. Son el camino que construimos con cada decisión, con cada caída, con cada esperanza y con cada nuevo comienzo.
Y quizá ese sea el verdadero éxito: seguir caminando, seguir amando y seguir encontrando esperanza, incluso cuando la vida nos obliga a empezar de nuevo. Porque, al final, no nos define todo lo que hemos perdido, sino la manera en que decidimos vivir con aquello que todavía tenemos y con todo lo que aún somos capaces de construir.
Silvia Llopis es activista por la salud mental y participante del proyecto Silencios Rotos, protagonizado por ciudadanos supervivientes de un intento de suicidio.
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