Reflexiones SanaMente
Claudi Camps, psiquiatra: "La finitud empuja a moverse. Eres finito"
"Cuando estamos muy angustiados por las cosas de la vida o las personas que nos rodean deberíamos pensar en el esqueleto que seremos"
"Se habla poco de la muerte en estos tiempos, y creo que este es un motivo por el que hay tanta angustia flotante en la sociedad"

Grupos de personas fotografían el atardecer en Ses Variades en Ibiza. / Germán Lama - Europa Press - Archivo
Las personas de cierta edad recordamos que cuando éramos niños circulaba un llavero con un pequeño esqueleto articulado de plástico. Unos meses atrás encontré uno en un cajón. Me lo había regalado una compañera de trabajo hace unos cuantos años. Ella lo había conservado desde su edad infantil. Me lo regaló porque le expliqué que en la época del imperio romano era costumbre poner una pequeña figura en forma de esqueleto en las mesas de los banquetes y celebraciones en general. Se llamaba 'larva convivalis' y se utilizaban como 'memento mori' (recordatorio de la muerte y la brevedad de la vida). Se utilizaba para recordar que estamos en la vida de paso, animando a los presentes a disfrutar de los momentos presentes, relativizando los supuestos problemas y preocupaciones cotidianos.
El llavero me hizo recordar lo que me dijo un compañero psiquiatra, hace muchos años, durante la cena en un congreso, medio en broma, medio en serio: “Actúa como si ya hubieras muerto, y estuvieras observando tu vida desde fuera, como si ya hubiera pasado. ¿Cambiarías tu comportamiento y tus prioridades?"
Tendemos a abusar del piloto automático, y eso puede ser una forma real de estar “muerto” en vida
Me quedé pensando, entre risas, y me puse a recordar una canción de Luis Eduardo Aute, titulada 'De paso': “Decir espera es un crimen, decir mañana es igual que matar… Solo morir permanece, como la más inmutable razón... En esta noche infinita, que va meciendo este gran ataúd, donde olvidamos que el día, solo es un punto, un punto de luz”.

Luis Eduardo Aute. / EP
No se trata de vivir como si “todo se acaba”, sino como si el tiempo importara y lo esencial contara más que lo urgente
Se habla poco de la muerte en estos tiempos, y creo que este es un motivo por el que hay tanta angustia flotante en la sociedad. En épocas anteriores siempre se ha tenido presente, y eso marcaba un límite y una organización de la vida. Y al asumirlo desde el principio, una tranquilidad. Y una orientación para centrarse en aquello que consideramos realmente importante.
Solo tenemos una vida
Hay un aforismo que dice: “Tenemos dos vidas, la segunda comienza cuando nos damos cuenta de que solo tenemos una”
La sociedad moderna amplifica lo trivial. Así, “la primera vida” la pasamos muchas veces cumpliendo expectativas ajenas, por inercia, preocupados por cosas superficiales. Ritmo rápido, comparación constante, preocupación por tenerlo todo controlado. Hoy en día parece que esta actitud es una forma aceptable de decir que estoy involucrado con la vida. Rápido, como si huyéramos de algo que no queremos pensar.
Si somos finitos, ¿por qué nos preocupamos tanto de nuestra imagen?
De hecho, pensándolo, si somos finitos, ¿por qué nos preocupamos tanto de nuestra imagen, de lo que piensan de nosotros, de las pequeñas cosas? Cuando estamos muy angustiados por las cosas de la vida o las personas que nos rodean deberíamos pensar en el esqueleto que seremos.
Muchas preocupaciones diarias probablemente perderían peso y cosas que ahora parecen urgentes dejarían de serlo, valorando más el tiempo, las relaciones y las experiencias. Así, lo superficial tendería a caer, y lo esencial subiría. Nos ayudaría a tener más facilidad para decir lo que pensamos o sentimos y tomaríamos más decisiones alineadas con lo que realmente queremos.
De hecho, cuando no hay un “mañana garantizado”, fingir deja de tener sentido, y tenemos menos miedo al qué dirán. Pues resulta que nadie tiene un mañana garantizado. Aumentaría el aprecio por lo cotidiano, un café, una conversación, un paseo… Momentos simples ganan profundidad porque dejan de ser rutina y pasan a ser algo limitado. Seríamos de más acción y menos postergación, menos “ya lo haré” y tendríamos más ganas de aprovechar oportunidades.
La finitud empuja a moverse. Eres finito
En el fondo muchas filosofías ya lo plantean:
Estoicismo: recuerda que vas a morir, vive mejor.
Budismo: todo es transitorio, no te aferres tanto.
Existencialismo: tú decides el sentido, actúa.
Quizá el problema no sea tanto que nos agobiemos de vez en cuando por cosas pequeñas, sino aprender cuándo ampliar la perspectiva y relativizar, y cuándo y cómo centrarnos en la tarea pendiente. La sabiduría debe estar en saber cómo alternar ambos modos, integrándolos en nuestro hacer diario.
Cuando algo nos moleste o nos estrese, deberíamos preguntarnos: “¿Esto me importaría dentro de un año?
Por lo tanto, una 'larva convivalis' en el bolsillo, podría ayudarnos a vivir de forma más consciente, con más presencia y menos piloto automático. Tendemos a abusar del piloto automático, y eso puede ser una forma real de estar “muerto” en vida, de dejarnos llevar por la corriente: tengo un amigo que dice que la cuestión real que hay que preguntarse es si hay vida antes de la muerte… no después (esa es otra historia).
Así que sería conveniente usar el filtro de importancia real y cuando algo nos moleste o nos estrese, deberíamos preguntarnos: “¿Esto me importaría dentro de un año? ¿O en el final de mi vida?” Si la respuesta es “no mucho”, mejor suelta un poco de lastre. Si es “sí”, pues dale atención de verdad. Esto elimina muchísimo ruido mental.
Tengo un amigo que dice que la cuestión real que hay que preguntarse es si hay vida antes de la muerte
Los expertos nos hablan de cambiar una decisión pequeña al día. No tenemos que cambiar nuestra vida entera, solo decir algo que normalmente callarías, dar un paso que llevas tiempo posponiendo, o dedicar tiempo a alguien importante.
Necesitamos micro-valentía diaria, no cambios radicales
Reconciliarnos más rápido, menos rencores y menos orgullo. Esto no significa aguantarlo todo, sino hablar antes, cerrar antes los conflictos y malestares, no arrastrar tonterías.
No tenemos que cambiar nuestra vida entera, solo decir algo que normalmente callarías
Introducir “momentos vivos”. Pequeñas cosas que nos hagan sentir realmente el presente, como ver un atardecer, una comida tranquila, un baño en el mar o una buena conversación.
Creo que, al final, no se trata de vivir como si “todo se acaba”, sino como si el tiempo importara y lo esencial contara más que lo urgente. Cada día puede tener algo significativo. Pronto llegará septiembre, ¿pondremos el piloto automático? ¿O llevaremos una 'larva convivalis' con nosotros? He comprobado que puede ser fácil adquirir una.
Claudi Camps es psiquiatra y director de Salud Mental y Adicciones de Girona.
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