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Reflexiones SanaMente

Maria del Pino Alonso, psiquiatra: "Sabremos lo bastante sobre las enfermedades mentales cómo para prevenirlas"

Lograremos mejorar los tratamientos de los que disponemos y personalizarlos, en la línea de lo que hacen los oncólogos frente al cáncer

La enfermedad mental no hace distinciones. No entiende de clases sociales, de sexos, de estudios

María del Pino Alonso, jefa de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge

María del Pino Alonso, jefa de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge / M.P.

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Maria del Pino Alonso

Barcelona
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Se llama Mónica y tenemos prácticamente la misma edad. Las dos estamos asustadas, muy asustadas, aunque por motivos distintos.

Es mi primera guardia sola en el hospital desde que empecé la residencia en Psiquiatría hace ahora apenas un año. Reconozco la sensación, la llaman el síndrome del impostor. Tienes persistentemente la impresión de no saber lo suficiente, de carecer de control sobre todas las cosas imprevisibles que pueden suceder en una guardia… ¿Y si me llaman por un paciente agitado y no sé qué medicación administrarle? ¿Y si no valoro bien el riesgo de una ideación suicida? Lo que aprendí en la facultad no parece suficiente para enfrentarme al mundo real…

"¿Qué me está pasando?"

Pero observo a Mónica e, incluso con mi escasa experiencia, percibo que algo terrible le está sucediendo. Ella sí está realmente asustada. Aterrorizada. Encogida en un rincón del despacho en el que la han ubicado esperando mi llegada. Me mira implorante cuando entro y se limita a decir: “No entiendo nada, nada… ¿Qué me está pasando?”. Su mirada se pierde en algún lugar lejano y terrorífico, del que solo parece capaz de regresar haciendo un gran esfuerzo. A su lado, su madre le sostiene la mano y la mira con angustia. Dentro de unos minutos, cuando me hayan contado su historia y Mónica haya podido explicarme cómo se siente, les explicaré que esto que le está sucediendo, esta angustia extraña que de repente ha invadido su mundo tiene un nombre: trema psicótico.

Su mirada se pierde en algún lugar lejano y terrorífico, del que solo parece capaz de regresar haciendo un gran esfuerzo

Hace casi tres años que Mónica concluyó una licenciatura en Económicas. Siempre fue una alumna brillante, metódica, responsable. Y ahora que trabaja en un banco sigue siéndolo. Todos la aprecian. Ella y Marcos, su novio, han empezado a plantearse alquilar un piso y empezar a vivir juntos. Llevan saliendo desde el instituto y les parece que ya es el momento.

Él también la ha notado rara estos últimos días, como ausente, asustada a ratos, en otros perpleja

Marcos llegará en un rato, con la preocupación pintada en el rostro. Le han avisado de que Mónica ha tenido una crisis de ansiedad y sus padres la han acompañado a Urgencias. Él también la ha notado rara estos últimos días, como ausente, asustada a ratos, en otros perpleja; le ha contado que apenas duerme… Él lo ha atribuido al trabajo. Mónica es tan perfeccionista, quiere causar buena impresión entre sus compañeros, que todos sepan que pueden confiar en ella.

Cuando Mónica y yo nos quedamos a solas, me coge la mano angustiada y empieza a hablar: "Necesito entender qué está sucediendo, nada de esto tiene sentido… Nada parece ser lo que era. Nada parece real. Todo se está transformando. La gente a mi alrededor… es como si no fueran quienes son. Me miran como si me conocieran. Me cruzo con las mismas personas, aunque no pueden serlo. Percibo señales. Algo terrible está a punto de suceder. No sé qué es, solo sé que no voy a poder evitarlo, y va a terminar conmigo y con mi vida… ¡Ayúdame, por favor! No puedo dormir. No puedo concentrarme en el trabajo, siento que todo está a punto de desmoronarse".

Mónica empieza a hablar: "Algo terrible está a punto de suceder. No sé qué es, solo que no voy a poder evitarlo, y va a terminar conmigo y con mi vida"

Salgo al pasillo. La madre de Mónica y Marcos me miran con preocupación. Ambos insisten en que Mónica nunca ha tenido problemas emocionales. Es perfeccionista y autoexigente, sí, pero sabe cómo llevarlo. Todos están tan orgullosos de ella… La madre de Mónica le pide entonces a Marcos que nos permita hablar un instante a solas. Marcos se sorprende, pero accede. Quiere estar con Mónica, tranquilizarla.

La madre de Mónica baja la voz, cómo si no quisiera contarme, en realidad, lo que va a decirme y rompe a llorar: "Mónica no lo sabe, nunca le he hablado de ello. Ni a mi marido, ni mucho menos a Marcos, no quería que pensaran que no éramos una familia normal… pero yo ya he visto esto antes. Mi hermana menor. Se llamaba Luisa. Cuando tenía 21 años empezó a oír voces, a decir que querían envenenarla… Mis padres la llevaron a un psiquiatra. Nos dijeron que tenía esquizofrenia. Le dieron una medicación, pero ya no volvió a ser la misma. Un año después la encontramos en su habitación. Se había tomado un frasco de pastillas, no pudimos hacer nada por ella… ¿Eso es lo que le espera a Mónica?"

La madre de Mónica: "Mi hermana menor. Se llamaba Luisa. Cuando tenía 21 años empezó a oír voces, a decir que querían envenenarla"

Han transcurrido treinta años desde ese momento y sigo acordándome con frecuencia de Mónica y de todo lo que aprendí en esa guardia: ninguno de nosotros está a salvo. Ni nuestros seres queridos. La enfermedad mental no hace distinciones. No entiende de clases sociales, de sexos, de estudios

Una de cada cuatro personas tendrá a lo largo de su vida un problema de salud mental. Los menos afortunados, como Mónica, padecerán una enfermedad mental grave: una esquizofrenia, un trastorno bipolar, una depresión severa, un trastorno obsesivo-compulsivo incapacitante… Enfermedades que condicionarán sus vidas y las de sus familias, que truncarán algunos de sus sueños, con las que tendrán que aprender a convivir.

Que ninguno de nosotros está a salvo. Ni nuestros seres queridos. La enfermedad mental no hace distinciones

Me gusta pensar que Marcos no dejó a Mónica, que siguió queriéndola y compartieron una vida juntos, pero no sé si sucedió así. Las enfermedades mentales graves conllevan rechazo, soledad, incomprensión, estigma. El mismo estigma que llevó a la madre de Mónica a no hablarle nunca a su marido ni a su hija, de su hermana con esquizofrenia, como si aquello que no nombramos, no existiera.

El estigma llevó a la madre de Mónica a no hablarle nunca a su marido ni a su hija, de su hermana con esquizofrenia, como si aquello que no nombramos, no existiera

Me gusta pensar que en algún momento sabremos lo bastante sobre las enfermedades mentales como para prevenirlas, cómo han conseguido los cardiólogos o los dermatólogos con algunas de las patologías que tratan. O que lograremos mejorar los tratamientos de los que disponemos y personalizarlos, en la línea de lo que hacen los oncólogos frente al cáncer.

La angustia del trema psicótico es solo el síntoma de una enfermedad mental para la que disponemos de tratamiento eficaz

Los psiquiatras trabajamos con esos dos objetivos. Para poder explicar a las Mónicas del futuro y a sus familias, que la angustia del trema psicótico es solo el síntoma de una enfermedad mental para la que disponemos de tratamientos eficaces y terapias específicas adaptadas a cada persona, que les permitirán seguir construyendo sus vidas, sin renuncias, sin vergüenza.

Disponemos de tratamiento eficaz, de una terapia específica para cada persona, que les permitirá seguir construyendo sus vidas

Nota: El trema psicótico es un concepto psiquiátrico clásico introducido por el neuropsiquiatra alemán Klaus Conrad en 1958 para describir la fase prodrómica o inicial de la psicosis. El paciente experimenta una intensa angustia existencial y desarrolla la intuición inminente de que algo terrible va a suceder, aunque aún no puede definir qué. El mundo se transforma en un lugar amenazante; el entorno se intuye cambiante; lo cotidiano adquiere un significado oculto e incomprensible.

María del Pino Alonso es la jefa de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge.

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