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Reflexiones SanaMente

Eduard Vieta, psiquiatra: "Tenemos el prejuicio de que debemos hacerlo todo nosotros mismos y que la fuerza de voluntad lo puede todo"

Creemos que, si algo sale mal, es porque no nos hemos esforzado lo suficiente

La depresión puede aparecer sin un desencadenante explícito o claro

Te impulsa a pensar de esta manera, te engaña, te lleva a un agujero negro donde todo lo ves triste y negativo, donde no encuentras solución

Una mujer pasea con su hijo y un cochecito de bebé, en Madrid.

Una mujer pasea con su hijo y un cochecito de bebé, en Madrid. / Archivo / Europa Press

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Eduard Vieta

Barcelona
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El trabajo de un profesional de la salud mental es apasionante. Cada caso es diferente, y cada persona a la que atendemos es una persona a la que queremos ayudar con las herramientas de los medicamentos, los tratamientos biofísicos, la psicoterapia, la empatía, los buenos consejos y todo lo que tenemos a nuestro alcance.

María había sufrido una depresión. La primera fue después del parto de uno de sus hijos y, posteriormente, tuvo algunas más

Quiero hablaros de la historia de María, una mujer que está a punto de cumplir sesenta años, que trabajó como maestra y que actualmente está jubilada, después de pasar un tiempo de baja. María tiene tres hijos y dos nietos.

María había sufrido una depresión. La primera fue después del parto de uno de sus hijos y, posteriormente, tuvo algunas más. La última vez que padeció una depresión importante, por suerte conseguimos que mejorara con un tratamiento adecuado. Llevaba mucho tiempo bien y estaba ilusionada porque esperaba una nieta.

No sabemos por qué, María volvía a encontrarse mal. Sabemos también que esto puede ocurrir sin un desencadenante explícito o claro

En una visita que tenía programada, no sabemos por qué, volvía a encontrarse mal. Le pregunté si tenía alguna preocupación. Sabemos también que esto puede ocurrir sin un desencadenante explícito o claro. No sabía por qué, pero volvía a estar triste, apagada, muy pesimista; lo veía todo muy negro, a pesar de que su nieta estaba a punto de nacer.

Me dijo: "Quizá, si muero, los míos descansarán; si desaparezco de este mundo, dejaré de sufrir y de hacer sufrir a mi familia"

Después de hablar, le propuse un cambio de tratamiento, una medicación, y que volviéramos a vernos pronto. Y así lo hicimos. En aquel momento, María lo veía todo negro e incluso me dijo: "Quizá, si muero, los míos descansarán; si desaparezco de este mundo, dejaré de sufrir y de hacer sufrir a mi familia". Le dije que la depresión te impulsa a pensar de esa manera, te engaña, te lleva a un agujero negro en el que todo lo ves triste y negativo, donde no encuentras solución y, a veces, lo que te viene a la cabeza es dejar de sufrir desapareciendo del mundo.

La muerte como solución no es más que otro problema

En esos momentos no somos objetivos, pensamos en la muerte como una solución y no es más que otro problema, porque genera un sufrimiento mayor en otras personas. Por suerte, María aceptó el tratamiento y estuvo un tiempo siguiéndolo hasta que tuvo otra cita. La vi algo mejor.

Seguía un poco deprimida, pero empezaba a tener otra cara. Y en aquel momento me dijo: "Doctor, le he engañado, porque no le expliqué que, pensando en que venía mi nieta y en que yo siempre había sido una mujer fuerte, y como a veces me han aconsejado que las pastillas crean dependencia y que soy yo quien debe ser capaz de superar este problema, en su momento dejé de tomar el tratamiento".

Me dijo: "Doctor, le he engañado, como a veces me han aconsejado que soy yo quien debe ser capaz de superar este problema, en su momento dejé de tomar el tratamiento"

En aquel momento me sentí momentáneamente decepcionado al pensar que la persona a la que había tratado y aconsejado durante años hubiera tenido aquella debilidad de dejar de confiar en lo que yo le recomendaba. Pero enseguida me di cuenta de que esta es una fuerza muy poderosa, un prejuicio muy grande que tenemos: que debemos hacerlo todo por nosotros mismos, que tenemos que ser fuertes, que debemos ser valientes, que la fuerza de voluntad puede con todo y que, si algo sale mal, es porque no nos hemos esforzado lo suficiente.

Por eso le dije a María: "Lo comprendo perfectamente, entiendo que lo hayas hecho; seguramente yo también podría haber caído en esa tentación. Pero ahora que ya ha nacido tu nieta, tenemos que seguir adelante, por ti misma, por tus hijos, para vivir la vida con la alegría de tener a otra persona en la familia". Y así lo hicimos.

María, nada más entrar, ya tenía otra cara; estaba mucho mejor. Y vino con su nieta, con el cochecito

En la siguiente visita, María, nada más entrar, ya tenía otra cara; estaba mucho mejor. Y vino con su nieta, con el cochecito. Me la enseñó y, en aquel momento, me di cuenta de que íbamos bien, de que el tratamiento había funcionado, de que María volvía a ser ella misma y de que ya no era aquella persona que pensaba en la muerte como solución a su sufrimiento.

Por eso, aquel día, cuando terminé las visitas, me dije: hoy ha sido un buen día. Vámonos a casa.

Eduard Vieta es jefe de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona.

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