Psicología y pseudociencia
Claves sobre la "terapia de confrontación": nada que ver con las técnicas de la terapeuta de los Andic
"Llevarla a cabo en un acantilado es una locura total", describe la experta Júlia Pascual
"Nunca sería aconsejable si hay miedo a la reacción de algún familiar, amenazas, violencias, coacción o cuando hay riesgo de represalias", advierte

Jonathan Andic entrando a los juzgados de Martorell debido a la detencion por presunto homicidio de su padre Isak Andic. / Zowy Voeten

Los psicólogos han contestado al unísono: la supuesta "terapia de confrontación" usada por Julia Lüderwaldt, la autodenominada terapeuta de la familia Andic (propietarios de la firma Mango), no tiene ninguna base científica. Poner en situación de riesgo a los protagonistas para afrontar un malestar familiar carece de rigor. Es pseudociencia. Otra cosa es que se lleven a cabo técnicas de confrontación en un entorno familiar, con las máximas garantías. Pero su contenido no tiene nada que ver con pasear por un precipicio para experimentar sensaciones arriesgadas. Nos lo explica Júlia Pascual, psicóloga sanitaria y referente en Terapia Breve Estratégica.
No existe tal terapia
"No existe la terapia de confrontación, y con este nombre no tendría muchos adeptos, porque asociamos ese nombre con la discusión y el enfrentamiento", describe Pascual.
Empatía y mano izquierda
"Aunque se llaman técnicas de confrontación, han de usarse con mucha mano izquierda y empatía, porque si un psicólogo confronta, genera máas resistencias al cambio, y la gente acude al profesional para conseguir objetivos. Basta con que cada persona piense si, cuando ha discutido con su pareja, ha logrado resultados o no".
Cuando leo que les hablaron de hacer la técnica en la montaña, con riesgo, sabiendo que uno de ellos tenía un problema físico, es totalmente contraproducente
Se trata, pues, de una técnica -dentro de la terapia breve estratégica- que pretende que la persona "haga una reestructuración, vea las cosas de una manera diferente o amplíe sus perspectivas sobre la realidad, con una reflexión que invite al cambio".

Júlia Pascual, psicóloga sanitaria y experta en 'coaching' estratégico. / Cristina Cabré
"La confrontación consiste en señalar, de forma respetuosa, las disonancias, incongruencias y contradicciones en el discurso o la conducta de una persona o de una familia", añade esta terapeuta. Por ejemplo, cuando alguien afirma que trata a todos sus hijos por igual, aunque toma decisiones claramente distintas, o asegura que el conflicto no tiene que ver con el dinero, pero sí con la herencia.
"Nunca cuando exista miedo a la reacción de algún familiar"
"Nunca sería aconsejable esta técnica cuando exista miedo a la reacción de algún familiar, cuando existan amenazas, violencia, coacción o control, cuando hay discusiones que escalen de forma simétrica -describe Pascual-- y cuando hay riesgo de represalias, autolesiones o abandono del hogar o cuando haya menores implicados en el conflicto".
Aprender a discutir
Lo importante, insiste, es velar por la seguridad. "Esta técnica se usa con el terapeuta en medio, para que las personas aprendan a discutir. "Este es el primer paso, aprender a discutir", subraya esta profesional. "Los terapeutas breves estratégicos enseñamos a 'pelear' y lo difícil "es gestionar cómo se reacciona cuando se recibe un golpe comunicativo, trabajar la escucha, y gestionar la frustración".
Cómo se hace
El psicólogo decide qué integrantes de la familia participan en esta prescripción. Qué temas se van a plantear. Qué objetivos tienen. Cuánto va a durar el ejercicio. Qué límites existen. Y qué hacer si alguien se desregula durante las sesiones, si se altera.
La habitación de las discusiones
"En la terapia breve estratégica, una de las técnicas es la prescripción de la habitación de las discusiones. En este caso, sin el psicólogo, se prescribe hacerlo cada día. Primero, los familiares han de aceptar la prescripción. Se decide la habitación. Se sientan uno enfrente del otro y sentados, mirándose cara a cara. Se decide el tiempo. Normalmente, se prescribe entre media hora y una hora de discusión diaria. Sin turnos. Después, fuera de la habitación, se debe evitar hablar del tema tratado hasta el día siguiente", explica Pascual.
De la habitación al púlpito
"Después de la habitación se evoluciona hacia la técnica del púlpito, que se puede hacer en la misma habitación, uno enfrente del otro, y se valora si, tras esa media hora, ya puede hacer un intercambio". Entonces, la persona más alterada o desregulada tiene el turno de hablar media hora, mientras la otra permanece en riguroso silencio. La persona más estable, más fuerte emocionalmente, escucha".
Tercera evolución: se intercambian los roles. El que ha callado hablará. "El primer día, acabará hablando aquel a quien el psicoterapeuta ve que es el paciente más débil, el más impulsivo". Y un día acaba hablando uno, y al siguiente el otro. "El psicólogo tiene que ir viendo si se puede o no evolucionar", insiste Pascual. La clave, destaca, es "mirarse a los ojos".
Hacerlo en un acantilado, una locura
"Hacerlo en un acantilado es una locura total, e incluso tampoco debería hacerse en el coche, porque hay un peligro, necesitamos atención, y podernos mirarnos a los ojos. Mirarse a los ojos es la primera señal de afecto, de respeto", describe esta psicóloga. Se puede hacer andando pero aun así es peligroso. "Cuando leo que les propusieron de hacer la técnica en la montaña, con riesgo, sabiendo que uno de ellos tenía un problema físico, me parece totalmente contraproducente", zanja Pascual.
Terapia de exposición, nada que ver
Se podría hacer una terapia de exposición, de tipo cognitivo-conductual. Pero, insiste, la exposición debe realizarla el paciente en soledad para enfrentarse a las fobias. En este caso sería una exposición a las alturas o al hecho de ir solo a algún lugar. Y puede que el terapeuta acompañe al paciente las primeras veces, "pero no lo haría con un padre".
Pascual concluye que no cualquier psicólogo puede abordar situaciones familiares, sino que debe hacerlo un terapeuta familiar con una formación mínima de ocho años. "Si dudamos de si un psicólogo tiene o no la formación, tenemos al Col·legi Oficial de Psicologia, donde lo comprueban de inmediato", apunta. Lo dice porque las terapias de pareja, en el marco de la terapia familiar, "están llenas de intrusismo".
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