Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

En confianza

Josep Maria Pou: "En lugar de tomar una pastilla, vaya al teatro, el resultado quizás sería el mismo"

"Muchos espectadores, sin darse cuenta, están obteniendo el mismo resultado que si fueran a un psicólogo"

"Se habla de ir a terapia entre mucha gente joven como quien va al gimnasio, y eso me sorprende muchísimo"

"No me asusta morirme en absoluto.Yo ya he cumplido. Si me han puesto en este mundo para hacer algo, creo que ya lo he hecho"

En confianza, Josep Maria Pou, actor

Belén González / EPC

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Fidel Masreal

Fidel Masreal

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Ha interpretado unos 300 personajes entre teatro, cine y televisión, durante más de sesenta años. Por eso, Josep Maria Pou, a los 81 —él ya cuenta 82—, tiene un máster en emociones que le permite reflexionar sobre la condición humana, la vida, la muerte y su propia existencia. Nunca ha ido a terapia y confiesa que eso es así, probablemente, porque el teatro ha sido su mejor manera de entenderse y de creer, pese a todo, en la bondad humana.

-¿Qué has aprendido de la condición humana, después de meterte en la piel de tantas personalidades diferentes?

-Si hay algo en lo que creo absolutamente, firmemente y sin ninguna duda es en la bondad del hombre, en que el ser humano es, por encima de todo, una persona buena, compasiva, empática, capaz de desvivirse por los demás.

Si hay algo en lo que creo absolutamente, firmemente y sin ninguna duda es en la bondad del hombre

-¿Crees en ello?

-Creo en el ser humano y creo tanto que mi oficio consiste en comunicarme con los seres humanos, en contar una historia que les llega directamente. El único interés que tengo, y que hace que lleve sesenta años dedicándome a este oficio, es estar encima de una tribuna contando historias a la gente y recibir ese feedback.

-Ahora que hablas de personas delante de otras personas, quizá el teatro sea una de las pocas cosas que nos quedan sin filtro, de verdad…

-Y que se salvarán. Ahora que oigo hablar de la inteligencia artificial, que es como un tsunami, sé que será la base de un futuro que no viviré demasiado, pero como ciudadano estoy muy tranquilo, porque la inteligencia artificial nunca podrá suplir la comunicación del actor sobre el escenario y el espectador en la butaca, ni la transmisión de emociones. Desde el escenario, lo que intento hacer en cada función no es solo contar una historia. Se trata de provocar una emoción en el espectador. Y aún más, de sacudirlo. Esa comunicación emotiva no la podrá hacer nunca la inteligencia artificial.

La IA nunca podrá suplir la comunicación del actor sobre el escenario y el espectador en la butaca, ni la transmisión de emociones

-¿Crees que, con el tiempo, la IA y las redes sociales darán paso a la comunicación entre personas, a verse las caras, a volver a la naturaleza, a una buena conversación?

-Yo creo que eso volverá. Mejor dicho, no ha desaparecido. Sí echo de menos las tertulias. Tenía una los martes, otra los viernes. Eso se ha perdido, en general, y se ha sustituido por 'mails' más o menos largos, o por WhatsApp. Cuando salgo de casa y veo en el bar a un grupo de cinco o seis hombres charlando, pienso: ¡qué maravilla!

-Tú no tienes redes sociales…

-Nunca las he necesitado. En mi móvil no ha entrado nunca un tuit. Lo único que consulto cuando me dicen “mira esto, que te interesa” es Instagram, como fuente de información. Tengo una cuenta en Instagram donde nunca he subido una foto, ni sé cómo se hace.

Entrevista al actor Josep Maria Pou. Sociedad. Barcelona, 2 de julio de 2026. Foto: Belén González / EP

Josep Maria Pou, en su domicilio de Barcelona, tras la conversación. / Belén González / EPC

-Hablabas de la bondad humana, pero en las redes sociales impera la inmediatez, la rapidez, los mensajes de mala educación… Incluso las obras de teatro son más cortas… ¿Te preocupa?

-Sí, porque no es un consumo de calidad. Quiero creer que hay generaciones jóvenes que se han acostumbrado a los ritmos circadianos y que son capaces de sacarles partido, pero hay un montón de generaciones de gente de cierta edad que, con esta inmediatez, se pierden muchísimas cosas por el camino. En la función 'Gigante', que dura dos horas y media, hacemos un descanso. Y me sorprende ver escrito en muchas críticas que es demasiado larga. Me quedo absolutamente alucinado. No lo entiendo. Nos estamos cargando toda la historia del teatro.

-La salud mental ha entrado como temática en el teatro.

-Antes no se hablaba de ello y a los enfermos se los mantenía escondidos en casa. Por suerte, la gente habla de ello con toda normalidad. Y el teatro debe recoger eso. Hay muchas sesiones de psicoanálisis y de psicodrama en una función. Hay muchos espectadores que, viendo una función, sin darse cuenta, están obteniendo el mismo resultado que si fueran a una sesión de psicólogo.

-Tú viviste una experiencia que te traumatizó con 'El padre', donde interpretabas a un hombre mayor con la enfermedad de Alzheimer.

-Viví experiencias brutales, que me conmovieron mucho. Una mujer, en la puerta del Romea, me cogió del brazo. Y me dijo: “Usted, en esta hora y media de función, ha cambiado absolutamente mi vida. Hace un año me vi en la necesidad de llevar a mi madre a una residencia. Salí de allí convencida de que era la peor hija del mundo. Yo le he dejado en la fila seis, butaca número 7, mi mochila de culpabilidad”. Esa virtud catártica del teatro es lo que da sentido a mi vida.

Esa virtud catártica del teatro es lo que da sentido a mi vida

-Quizá por eso no has tenido que ir nunca al psicólogo ni al psiquiatra… Quizá el teatro te ha hecho de psicólogo.

-Totalmente. A mí me sorprende ver testimonios o leer en la prensa a gente joven de todas las edades en tratamiento, aconsejando a la gente que no tenga miedo. Se habla de ir a terapia entre mucha gente joven como quien va al gimnasio, y eso me sorprende muchísimo.

-¿A qué lo atribuyes?

-Yo creo que hay, en parte, cierto componente de contagio colectivo. No diría de moda, pero sí de corriente que se va extendiendo. Y unos se van aconsejando a otros. Antes nadie se atrevía. Hace unos años, decir que ibas a un psicólogo marcaba. Se ha perdido ese prejuicio, por suerte, pero lo veo en tanta gente que hay algo de decir: igual que voy al dentista, voy al psicólogo.

-En lugar de tomar determinada pastilla, podríamos decirle: “Vaya usted al teatro”, ¿no?

-Exacto, completamente. Por eso cuento la anécdota de la señora y la mochila. O lea usted un libro adecuado, o igual que va a un psicólogo una vez a la semana, simplemente forme parte de una tertulia de tres o cuatro amigos una vez a la semana. El resultado quizá sería el mismo. Confieso que muchas veces pienso, sobre mí mismo: nunca he sentido la más mínima necesidad de ir a terapia. Para mí es algo que no existe. También es verdad que me he formado mi vida, me gusta mucho la soledad, y aprendí desde muy joven a solucionarme las cosas solo.

La vida es tan efímera como el teatro que estoy haciendo. Cada vez que acaba una función, aquello ha desaparecido. Y ya está

-No has tenido pareja…

-He tenido parejas circunstanciales, pero nunca una pareja estable.

Entrevista al actor Josep Maria Pou. Sociedad. Barcelona, 2 de julio de 2026. Foto: Belén González / EP

Pou, en su domicilio, junto a una edición especial de obras de Miguel Ángel y una foto de La Scala de Milán. / Belén González / EPC

-Ni hijos.

-No, no. Tuve clarísimo desde muy joven que no me sentía capaz de asumir la responsabilidad de formar una familia, y eso viene dado por las condiciones de mi trabajo. Sin darme cuenta, llevado por el entusiasmo de los primeros años de mi oficio, que me dio éxito y trabajo desde el principio, nunca tuve la necesidad de formar una familia. Y he vivido siempre con la sensación de provisionalidad, de que todo puede cambiar en cualquier momento.

He vivido siempre con la sensación de provisionalidad, de que todo puede cambiar en cualquier momento

-Otra cuestión fundamental de la vida es la muerte. ¿Te preocupa, piensas en ella?

-Ahora sí pienso bastante a menudo en la muerte. Por eso hace poco hice testamento, porque me pareció que ahora era el momento de hacerlo. Hay miles de discos, más de mil libros... Yo sé que, para liberar a mi familia de problemas —y soy incapaz de deshacerme de nada— tengo que desprenderme de eso antes de morirme.

-¿No te asusta morirte?

-No me asusta en absoluto. ¿Sabes por qué? Porque, de la misma manera que el día que haga la última función no lo sabrá nadie, cuando digo que me quiero jubilar me dicen que tengo que continuar. Yo tengo una frase: yo ya he cumplido. Si me han puesto en este mundo para hacer algo, creo que ya lo he hecho.

-Ahora me haces pensar en tu obra sobre Sócrates, que afrontó la muerte serenamente…

-Acabas de tocar un punto de mi carrera que guardo muy dentro: la escena con Carles Canut, casi al final de la función, cuando Sócrates está en la cárcel y dice que está condenado y que debe morir. Pocas veces sobre el escenario me he sentido siendo tanta verdad pura. Yo, en aquella escena, era Josep Maria, en una fusión total con Sócrates. No me da miedo morir porque tengo la sensación de que ya he cumplido. Si ahora me muriera, moriría muy tranquilo y feliz porque he tenido la vida que quería tener.

No me da miedo morir porque tengo la sensación de que ya he cumplido. Si ahora me muriera, moriría muy tranquilo y feliz

-No eres creyente…

-No soy de trascendencia. El hecho de no tener hijos hace que no tenga sentido de la trascendencia. Y el hecho de dedicarme a este oficio hace que esté convencido de que la vida es tan efímera como el teatro que estoy haciendo. Cada vez que acaba una función, aquello ha desaparecido. Y ya está.

He vivido casos de tres personas de mi entorno que se han suicidado y me ha sorprendido mucho

-No te preocupa nada…

-La única enfermedad que me preocuparía mucho es una enfermedad mental, un Alzheimer que te hace completamente dependiente. Y, por desgracia, he vivido casos de tres personas de mi entorno que se han suicidado y me ha sorprendido mucho. He estado comiendo con una persona un domingo y al día siguiente, por la mañana, me han llamado diciendo que se había tirado por la ventana. Es algo que nunca he llegado a comprender.

Suscríbete para seguir leyendo