Tendencias y bienestar emocional
¿No te gusta el fútbol? La psicología de quedarse fuera de la conversación del Mundial
Cuando el Mundial lo ocupa todo, no entender de fútbol puede hacernos sentir fuera de lugar
El psicólogo Aleix Cortés explica qué hay detrás de esta necesidad de sentirnos parte del grupo

AME8044. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 06/07/2026.- Aficionados observan la transmisión del partido de octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre España y Portugal este lunes, en Nueva York (EE.UU.). Más de 800 españoles celebraron en el Mercado Little Spain de Nueva York la clasificación de España para los cuartos de final del Mundial bajo el éxtasis del gol del triunfo de Mikel Merino ante Portugal y con una comunidad entregada a la selección: "No podemos pedir más". EFE/ Ángel Colmenares / Angel Colmenares / EFE

Llegas al trabajo y tus compañeros discuten si aquel penalti era o no era. En el grupo de WhatsApp solo circulan memes del VAR. En la pausa del café alguien comenta la alineación y, por la noche, cuando quedas con tus amigos, la conversación vuelve a girar alrededor del Mundial. Si el fútbol no te interesa nada, es fácil tener la sensación de que te has perdido algo más que un partido: te has perdido un lenguaje compartido.
El fútbol es la excusa; hablar de lo que está pasando genera identidad
No es una situación exclusiva del fútbol. Hace unas semanas pudo pasar con la visita del papa. En otros momentos es Eurovisión, una serie de la que todo el mundo habla, un festival o la última polémica que ocupa las redes sociales. Hay temas que, durante unos días, parecen convertirse en la banda sonora común de una parte de la sociedad. Y cuando no los seguimos, podemos sentir que nos quedamos un poco al margen.
Por qué nos sentimos fuera cuando todo el mundo habla del Mundial
Para el psicólogo Aleix Cortés, de Kafka Psicoterapia, en Mataró, esta incomodidad tiene poco que ver con el fútbol y mucho con una necesidad profundamente humana: la de sentirnos parte de un grupo. “El fútbol es la excusa”, resume. Lo que hay detrás, explica, es “la posibilidad de compartir una conversación con los demás, de reconocernos en un mismo momento y de tener algo en común, aunque no compartamos muchos más intereses”.
“Hablar de lo que está pasando genera identidad”, señala Cortés. Por un lado, dice, nos ayuda a construir una identidad individual: “qué me gusta, qué pienso, qué me despierta interés o incluso qué decido no seguir”. Pero, por otro, también crea una identidad colectiva. Compartir un mismo foco de atención nos hace sentir que formamos parte de una comunidad.
Para explicarlo, el psicólogo recurre a una imagen muy sencilla. “En una familia se habla de muchas cosas, pero si acaba de morir la abuela, todos hablan de la muerte de la abuela. Si ha tocado la lotería, todos hablan de la lotería”. Los grandes acontecimientos funcionan de una manera parecida: ofrecen un tema común que ordena las conversaciones y facilita la conexión entre personas muy distintas. Durante unos días, todo el mundo sabe de qué se está hablando.
El fútbol como excusa para sentirnos parte del grupo
Esta es también la razón por la que muchas personas que prácticamente no ven fútbol durante el año acaban pendientes del Mundial. No necesariamente porque hayan descubierto una nueva afición, sino porque ese acontecimiento se convierte en un punto de encuentro. “Lo que interesa son los espacios para compartir tiempo, emociones y conversaciones”, apunta Cortés. Las polémicas arbitrales, los goles inesperados o las sorpresas del torneo ofrecen un lenguaje fácilmente compartible.
Lo más importante no es tanto lo que digo, sino la sensación de que alguien me escucha, me mira, me da la razón o me lleva la contraria
Por eso tampoco es extraño que haya quien acabe fingiendo que ha visto el partido o que sabe perfectamente de qué se está hablando. Según Cortés, a menudo no se trata tanto de demostrar conocimientos como de sentirse presente dentro del grupo. “Lo más importante no es tanto lo que digo, sino la sensación de que alguien me escucha, me mira, me da la razón o me lleva la contraria”, explica. Participar en la conversación, aunque sea con poca información, nos permite sentir que existimos dentro de ese espacio compartido.
Cómo participar en conversaciones sobre el Mundial sin ver los partidos
Cortés recomienda entender un poco el contexto: saber cuál es la polémica del día, qué jugador ha acaparado titulares, qué partido ha tenido una carga simbólica o qué debate circula por las redes. “No hace falta ver todos los partidos. A veces es suficiente con entender qué representa ese Mundial y cuáles son las cuestiones que más están dando que hablar”, afirma.
Eso permite intervenir desde la curiosidad más que desde la experiencia. Preguntar qué ha pasado, pedir que alguien te explique una jugada o interesarte por qué aquel resultado ha generado tanta euforia también son formas de participar. Muchas conversaciones alrededor de los grandes acontecimientos deportivos no tratan solo de táctica o de resultados, sino de emociones, anécdotas, rivalidades y formas de vivir la alegría o la decepción con los demás.
Cortés también apunta que, a veces, no hace falta entrar en la conversación desde el partido en sí, sino desde el contexto que lo rodea: una jugada polémica, una decisión arbitral, un debate en redes o el componente social de un enfrentamiento concreto. Informarse de estos elementos puede permitir participar sin haber visto el partido completo y sin fingir un interés que no se tiene.
Qué hacer si el Mundial nos satura
Ahora bien, también existe la otra cara de la moneda: las personas que acaban saturadas porque todo parece girar alrededor del mismo tema. En este caso, el psicólogo defiende que no hay que forzarse. Buscar otras actividades, quedar con personas que compartan intereses distintos, evitar algunos espacios donde se sabe que el partido será el centro absoluto o, simplemente, proponer otro tema de conversación son estrategias perfectamente legítimas.
“El mundo no se detiene porque haya Mundial”, recuerda Cortés. En verano siguen pasando muchas otras cosas: hay planes, vacaciones, incendios, debates políticos, lecturas pendientes, museos, playa y conversaciones que no tienen nada que ver con ninguna selección. El Mundial puede ocupar mucha atención social, pero no anula el resto de la vida.
No participar de todo no significa quedar excluido de todo. A veces, también significa reconocer qué nos interesa de verdad y qué no
Tampoco hay que vivir el desinterés como una carencia. Cortés recuerda que incluso decidir quedarse al margen de este tipo de conversaciones también puede formar parte de nuestra identidad. “No participar de todo no significa quedar excluido de todo. A veces, también significa reconocer qué nos interesa de verdad y qué no”.
No hace falta entender de fútbol para conectar con los demás
También hay una responsabilidad compartida. Cortés apunta que las personas más aficionadas pueden hacer pequeños gestos para que las conversaciones no dejen fuera a quien no sigue el torneo. Explicar brevemente el contexto de una jugada, resumir qué ha pasado antes de seguir hablando o preguntar por los intereses de los demás son formas sencillas de abrir la puerta. No se trata de dejar de hablar de lo que entusiasma, sino de no convertir ese entusiasmo en una frontera.
Como apunta Cortés, “en el fondo, participar en una conversación no siempre significa demostrar que sabemos más que nadie. También podemos escuchar, preguntar, reír con los demás o reconocer sin vergüenza que no tenemos ni idea de qué ha pasado”. De hecho, el psicólogo habla también desde la experiencia. Al final de la entrevista reconoce que él mismo no ha visto ningún partido completo del Mundial.
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