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Psicología

Los psicólogos coinciden en que olvidar nombres puede ser una forma distinta de prestar atención: "no crees que sea importante"

Muchas veces quienes están pendientes de causar buena impresión o de mantener viva la conversación pueden dedicar tanta energía a ese objetivo que no terminan de "archivar" bien el nombre, según la psicología

Los investigadores coinciden sobre las personas más inteligentes: prefieren la soledad, son autocríticas y disfrutan de los desafíos

Un grupo de amigos hablando

Un grupo de amigos hablando / 123RF

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Seguro que alguna vez, al cabo de unos segundos, ya has olvidado el nombre de alguien a quien te acaban de presentar. Recuerdas su cara pero no recuerdas su nombre. Se suele decir que esto, de ocurrir a menudo, se debe a falta de educación o de interés. Sin embargo, varios estudios psicológicos apuntan a que no siempre se debe a que la persona no nos importe, sino que puede tener que ver con la forma en que el cerebro reparte la atención durante una conversación.

Charan Ranganath, experto en memoria y profesor de la Universidad de California Davis, explica para la revista TIME que existen varias razones por las que los nombres se evaporan tan rápido. La más simple, dice, es que a veces no estamos especialmente motivados para aprenderlos. "Las personas recuerdan mejor las cosas que les motivan a aprender. A veces te motiva aprender los nombres de las personas, y otras veces es algo pasajero, y en ese momento no crees que sea importante", expone.

Estar pendiente de causar buena impresión

En otras ocasiones, sin embargo, sí queremos recordar el nombre, aunque esa información debe competir por un espacio en nuestra saturada mente. "No solo recordamos el nombre, sino que lo recordamos en relación con un rostro. Incluso si logramos incorporar la información, lo que llamamos codificación, es posible que no podamos encontrarla debido a la gran competencia entre otros nombres y rostros en nuestra memoria", explica Ranganath. "La gente suele tener exceso de confianza y subestima la dificultad que esto implica", añade.

El psicólogo apunta a que muchas veces esto ocurre porque quienes están pendientes de causar buena impresión o de mantener viva la conversación pueden dedicar tanta energía a ese objetivo que no terminan de "archivar" bien el nombre.

Nuestra memoria está mejor preparada para retener conceptos con carga semántica o imágenes mentales (una profesión, una actividad) que palabras arbitrarias (nombres propios). Esto es lo que se extrae de la famosa paradoja Baker/Baker que precisamente expone las complicaciones que tiene la memoria para retener nombres propios.

Así, más que un déficit, olvidar nombres puede ser un indicador de un estilo cognitivo orientado a las historias, a los matices y a la información esencial.

Cómo evitarlo

Recordar nombres se puede entrenar. Ranganath aconseja buscar algún rasgo distintivo de la persona y vincularlo mentalmente con su nombre, repetirse el dato poco después de escucharlo o intentar recuperarlo durante la propia conversación.

Aun así, el experto deja una conclusión tranquilizadora: olvidar nombres es un problema muy común, incluso entre quienes estudian la memoria. Con tantas caras, tantos nombres y tantos estímulos compitiendo a la vez, lo sorprendente no es que se nos escape alguno. Lo sorprendente es que recordemos tantos.

Lapsus de envejecimiento

Esto no supone un problema siempre que sea un lapsus normal propio del envejecimiento, sobre todo si se da en situaciones de muchos estímulos o de estrés.

Pero si sucede de manera continua, y se da junto a desorientaciones, puede ser una señal de que la persona pueda estar sufriendo traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares, Alzheimer o demencia.