Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Kerry Nichols Experta en perros y abogada

Kerry Nichols: “El consentimiento es una base para que un perro pueda ser resiliente y feliz en nuestro mundo humano"

"Nos estamos alejando de la idea de que nosotros somos los dominantes y ellos pequeños soldados que tienen que obedecer"

La autora de ‘El cerebro de un perro’ explica cómo la “vacunación emocional”, el lenguaje corporal y el respeto a los límites del animal pueden ayudar a criar perros más seguros

El cerebro de tu perro también necesita cuidado emocional

Kerry Nichols, autora de 'El cerebro de un perro'

Kerry Nichols, autora de 'El cerebro de un perro' / KN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Marc Darriba

Marc Darriba

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Muchas familias se preguntan cómo lograr que un perro obedezca. Kerry Nichols prefiere formular otra pregunta: cómo ayudarle a sentirse seguro en un mundo pensado por y para los humanos. Criadora de golden retrievers y autora de ‘El cerebro de un perro’, Nichols defiende que las primeras semanas de vida de un cachorro son decisivas para su desarrollo emocional, pero también insiste en una idea que va más allá de la crianza temprana: querer a un perro no basta si no aprendemos a leer lo que nos está diciendo.

-¿Qué cree que los humanos seguimos entendiendo mal sobre los perros?

-Estamos avanzando y nos estamos alejando de la idea de que nosotros somos los dominantes, los alfa, los jefes, y ellos pequeños soldados que tienen que obedecer. Pero esa expectativa todavía está muy presente. Cuanto más entendamos que convivir con un perro es una relación, como lo es una relación con nuestros hijos, nuestros hermanos o nuestra pareja, mejor será ese vínculo para todos.

-¿Cuál es la diferencia entre querer a un perro y saber leerlo?

-Lo primero es tomarse el tiempo de aprender cómo se comunican los perros. Solo así podemos escuchar lo que nos están diciendo. A menudo proyectamos sobre ellos emociones o necesidades humanas, pero son una especie distinta. Por ejemplo, los humanos expresamos afecto abrazando, pero para muchos cachorros un abrazo puede ser una experiencia amenazante, sobre todo si viene de alguien que para ellos es prácticamente un desconocido.

A menudo proyectamos sobre ellos emociones o necesidades humanas, pero son una especie distinta

-En el libro habla de “vacunación emocional”. ¿Qué suele malinterpretarse de ese concepto?

-Creo que se malinterpretan dos cosas. La primera es que la ventana para este tipo de aprendizaje es muy breve. Los perros pueden seguir aprendiendo después, pero durante el periodo de socialización se produce un aprendizaje acelerado. Cada día cuenta muchísimo. La segunda es que socializar no es inundar al cachorro de experiencias ni dejar que todo el mundo lo toque. Muchas veces lo que necesita es estar en el mundo: oler, mirar, escuchar, observar y activar sus sentidos.

-¿Cómo se distingue una exposición saludable de una experiencia que puede desbordar al cachorro?

-La clave es ir por capas. Con los cachorros, ir despacio es ir rápido. Si llevas a un cachorro por primera vez a la playa, no hace falta sacarlo del coche y plantarlo directamente delante del mar. Eso puede ser muchísimo para su cerebro. Quizá el primer día basta con abrir la puerta del coche y dejar que huela que está cerca del mar. Después se pueden añadir capas: el sonido, la arena, el movimiento, el agua. La exposición útil es gradual, no abrumadora.

El error es asumir que al perro le va a gustar formar parte de una situación sin comprobar qué nos dice su cuerpo

-¿Cómo puede una familia saber si su cachorro está aprendiendo desde la confianza o desde el miedo?

-A través del lenguaje corporal. Es fundamental aprender a leerlo, sobre todo en familias con niños. Hay una gran diferencia entre una cola que se mueve rápido con un cuerpo suelto y una cola alta, rígida y lenta. También es importante darle opciones. Si ve algo nuevo y retrocede, se queda rígido o muestra cautela, nos está diciendo que eso le provoca una reacción fuerte. A partir de ahí podemos ayudarle con refuerzo positivo, pero primero tenemos que haber visto la señal.

-¿Cuál es uno de los errores emocionales más comunes que cometemos con los perros?

-No prestar atención a lo que nos están diciendo. Si un cachorro se pone boca arriba, muchas personas interpretan automáticamente que quiere que le rasquen la barriga, y no siempre significa eso. El error es asumir que al perro le va a gustar formar parte de una situación sin comprobar qué nos dice su cuerpo. Si hay una fiesta en casa y el cachorro muestra señales de estrés, necesita poder irse. Tenemos que darle margen para decidir cuándo acercarse y cuándo retirarse.

Los perros son aprendices muy duraderos. Una sola experiencia puede generarles un miedo que dure toda la vida

-Usted introduce el concepto de consentimiento del cachorro. ¿Por qué es importante?

-Es esencial. Abarca toda su experiencia con nosotros: las caricias, el corte de uñas, el baño, el coche. Los perros son aprendices muy duraderos. Una sola experiencia puede generarles un miedo que dure toda la vida. Si desde cachorro tocamos sus patas con cuidado y de forma cotidiana, no desarrollará sensibilidad o miedo a que se las manipulen. El consentimiento, en ese sentido, es una base para que pueda ser resiliente y feliz en nuestro mundo humano.

-¿Pedimos a veces a los perros que regulen nuestras emociones?

-En el caso de los perros de terapia, las organizaciones certificadoras suelen hacer un buen trabajo enseñando a los humanos a estar atentos a sus perros. Si el perro ya ha tenido suficiente, la persona debe retirarlo de la situación. Lo que puede pasar es que el humano esté tan centrado en el trabajo terapéutico que deje de ver las señales que el perro le está dando. Los perros pueden acompañarnos mucho, pero también tenemos que proteger su bienestar.

Los perros pueden acompañarnos mucho, pero también tenemos que proteger su bienestar

-¿Qué necesitan los perros de nosotros que a menudo no les damos?

-Elección. Y también cosas de perros. Olfatear, por ejemplo, es una parte esencial de ser perro. Necesitan espacios abiertos, una correa larga, oportunidades para usar sus sentidos como están diseñados para usarlos. Los perros que viven en entornos muy urbanos a menudo pierden esa posibilidad. Cada perro es distinto, y tenemos que descubrir qué necesita cada uno.

-¿Por qué quiso incluir la muerte y el duelo en un libro sobre cachorros?

-Porque es una de las cuestiones sobre las que más me escriben. Culturalmente todavía no apreciamos de verdad lo que significa perder a un perro. Es un duelo profundo. Además, traer un cachorro a casa significa saber que algún día tendrás que despedirte. Quería ofrecer una herramienta para ese momento: cómo tomar la decisión, cómo no sentirse culpable, cómo no sentirse solo ni perdido cuando llega el final.

Necesitan oportunidades para usar sus sentidos como están diseñados para usarlos. Los que viven en entornos muy urbanos a menudo pierden esa posibilidad

-¿Cómo puede una familia saber que está decidiendo desde la calidad de vida del perro y no solo desde su miedo a perderlo?

-Lo primero es permitirse tomar esa decisión sin culpa. Muchas personas sienten que lo han hecho demasiado pronto o que han elegido mal, casi sea cual sea el momento. Después, hay que mirar al perro y escuchar al veterinario. Yo no quiero que mi perra sufra para que yo pueda tenerla más tiempo conmigo. Podemos preguntarnos si tiene más días buenos que malos y cómo queremos que sea su último día realmente bueno. A veces despedirse bien también es un regalo.

todavía no apreciamos de verdad lo que significa perder a un perro. Es un duelo profundo

-Si hubiera una idea del libro que pudiera mejorar la vida cotidiana de millones de perros, ¿cuál sería?

-Aprender a prestar atención. Aprender su lenguaje corporal y responder en consecuencia. Si entendemos lo que nos dicen, podemos convivir con ellos de una forma mucho más justa, respetuosa y feliz.