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En primera persona

Noa Vives, activista: "No puedo hablar abiertamente de mi problema de salud mental"

"El verdadero problema es que todavía haya personas que sientan que deben ocultarlo para proteger su imagen"

"Muchas personas han crecido escuchando mensajes que relacionaban los trastornos mentales con la debilidad, la incapacidad o la inestabilidad permanente"

Noah Vives

Noah Vives / Obertament

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Noa Vives (pseudónimo)

Barcelona
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Vivimos en una sociedad que, poco a poco, habla más de salud mental. Sin embargo, hablar de ella no siempre significa comprenderla. Todavía existen prejuicios, etiquetas y miradas que hacen que muchas personas sigan ocultando una parte importante de sí mismas por miedo a ser juzgadas.

Yo soy logopeda, especializada en diferentes ámbitos de intervención. Trabajo cada día acompañando a niños, familias y personas que confían en mí como profesional. Estoy independizada, tengo una vida afectiva satisfactoria, practico deporte, tengo proyectos, responsabilidades, ilusiones y planes de futuro. En definitiva, llevo una vida plena.

Y, al mismo tiempo, convivo con un problema de salud mental.

No lo explico porque busque admiración ni porque considere que sea algo extraordinario. Lo explico precisamente porque no debería serlo. Porque tener un trastorno mental no me convierte en una persona menos válida, menos competente o menos capaz. No define mi personalidad, mis valores ni mis capacidades profesionales. Es una característica más de mi vida, igual que tantas otras.

Tener un trastorno mental no me convierte en una persona menos válida, menos competente o menos capaz. No define mi personalidad

Durante años, muchas personas han crecido escuchando mensajes que relacionaban los trastornos mentales con debilidad, incapacidad o inestabilidad permanente. La realidad es mucho más compleja. Hay miles de personas que estudian, trabajan, forman una familia, practican deporte, cuidan de los demás y desarrollan carreras profesionales exitosas mientras conviven con algún problema de salud mental.

La recuperación y el bienestar no consisten necesariamente en la ausencia total de dificultades, sino en aprender a convivir con ellas sin que ocupen todo el espacio de nuestra identidad. Porque una persona es mucho más que un diagnóstico.

Ahora bien, aquí aparece una contradicción que me cuesta entender.

A pesar de saber que mi problema de salud mental no me impide ejercer mi profesión ni desarrollar una vida satisfactoria, sigo sintiendo que no puedo hablar de ello abiertamente. No por mí, sino por el miedo a cómo podrían interpretarlo los demás. Por el miedo a que alguien cuestione mi capacidad profesional, mi criterio o mi estabilidad solo por el hecho de conocer una etiqueta diagnóstica.

Y esta realidad debería hacernos reflexionar.

¿Por qué una persona puede decir con total naturalidad que tiene diabetes, esclerosis múltiple, una infección de orina o un resfriado sin que nadie ponga en duda su valor personal o profesional? ¿Por qué una enfermedad física despierta comprensión y una enfermedad mental sigue despertando recelo?

¿Por qué una enfermedad física despierta comprensión y una enfermedad mental sigue despertando recelo?

Ambas afectan a la salud. Ambas pueden requerir tratamiento, seguimiento y cuidados. Ambas forman parte de la experiencia humana. Y, sin embargo, solo una de ellas suele obligar a quien la padece a esconderse.

Quizá el verdadero problema no sea convivir con un trastorno mental. Quizá el verdadero problema sea que, en pleno siglo XXI, todavía haya personas que sientan que deben ocultarlo para proteger su imagen.

Si realmente queremos normalizar la salud mental, no basta con repetir eslóganes o dedicarle un día al año. Es necesario construir una sociedad en la que nadie tenga que elegir entre ser honesto sobre su salud y sentirse aceptado.

Porque un trastorno mental no define quién eres. Pero el miedo a explicarlo dice mucho de la sociedad en la que vivimos.

Noa Vives (pseudónimo), activista de la entidad Obertament.

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