Soledad generacional
Los psicólogos coinciden: los mayores conviven mejor con el silencio que las personas jóvenes
El entorno con el que cada generación creció influye en la forma de sobrellevar la soledad
¿Prefieres quedarte en casa a salir con amigos? Esto es lo que la psicología dice sobre ti

Varias personas mayores sentadas en un banco. / Juan Carlos Castro

En una sociedad marcada por la hiperconectividad, encontrar momentos de silencio resulta cada vez más complicado. Las pantallas acompañan buena parte de la jornada, las redes sociales generan un flujo constante de información y las notificaciones interrumpen la rutina a cualquier hora del día.
En este contexto, pasar unos minutos -o incluso segundos- sin estímulos externos puede convertirse en un gran desafío para muchas personas.
Sin embargo, la forma en que se vive el silencio no es igual en todas las etapas de la vida. Así lo refleja un estudio publicado en 2021 en la revista científica 'Frontiers in Psychology', que analizó cómo adolescentes (13-16 años), adultos mayores (35-55 años) y personas mayores de 65 años describían su experiencia de estar a solas.
La investigación se llevó a cabo durante los tres primeros meses del brote de Covid-19, un periodo en el que las restricciones sociales hicieron que muchas personas pasaran más tiempo solas de lo habitual.
Sensación de paz y tranquilidad
La investigación concluyó que los adultos de más edad tendían a asociar esos momentos con una mayor sensación de paz, descanso y reflexión, mientras que los participantes más jóvenes mostraban una relación más ambivalente con la soledad.
Durante gran parte de su infancia y juventud, las personas nacidas a mediados del siglo XX crecieron en un entorno mucho menos saturado de información que el actual: la televisión tenía canales limitados, la comunicación era más lenta y menos inmediata y el ocio no estaba dominado por dispositivos electrónicos. Como consecuencia, el silencio y los periodos sin estimulación constante formaban parte de la vida cotidiana.
Ese contexto puede ayudar a entender por qué muchas personas mayores muestran una relación más natural con la calma y con el hecho de pasar tiempo a solas. De hecho, el estudio señala que la soledad no siempre se vive como algo negativo: cuando se percibe como una elección, y no como una imposición, puede convertirse en un espacio de descanso mental, autonomía personal y reflexión.
El entorno condiciona la forma en que se vive el silencio
Los investigadores observaron que, entre los adultos mayores, los relatos sobre el tiempo a solas se vinculaban con más frecuencia a sensaciones de tranquilidad y a un menor malestar social.
En cambio, en los adolescentes, la soledad aparecía más a menudo relacionada con cuestiones sociales, desconexión o ambivalencia emocional.
En otras palabras, la forma de experimentar esos momentos cambia con la edad, y la capacidad de encontrar bienestar en ellos puede fortalecerse con el paso del tiempo.
Interpretar la tranquilidad
Los psicólogos explican que el entorno en el que una persona se desarrolla influye en sus hábitos de atención, en su tolerancia a la ausencia de estímulos y en la manera en que interpreta los momentos de tranquilidad. Quienes han crecido en ambientes más pausados pueden estar más familiarizados con el silencio como una parte normal del día a día.
Por el contrario, quienes han vivido desde edades tempranas rodeados de estímulos audiovisuales constantes pueden sentir una mayor necesidad de llenar los vacíos con entretenimiento, música, pantallas o actividad.
Para muchas personas mayores, los periodos de silencio representan una oportunidad para descansar mentalmente, ordenar ideas o simplemente desconectar del entorno: no existe una necesidad tan urgente de llenar cada instante con algún tipo de contenido o distracción.
Una pausa que no siempre se vive igual
El estudio mencionado sugiere que la soledad puede vivirse de forma positiva cuando se percibe como una elección y se asocia a sensaciones de calma, autonomía y reflexión. Más que una simple ausencia de ruido, esos momentos pueden convertirse en un espacio de pausa y bienestar.
En la actualidad, gran parte del entretenimiento está diseñado para captar la atención de forma inmediata. Los vídeos cortos -como los reels de Instagram-, redes sociales como TikTok y numerosas aplicaciones móviles proporcionan estímulos continuos que mantienen al usuario conectado durante largos periodos de tiempo.
Cuando desaparecen estas fuentes de entretenimiento, algunas personas sienten la necesidad de buscar rápidamente otra actividad que ocupe ese espacio. Revisar el teléfono, encender la televisión, escuchar música o ponerse un pódcast son respuestas habituales ante la falta de estímulos.
La experiencia de quienes crecieron en una realidad menos acelerada recuerda que el silencio no siempre es una ausencia, sino también una forma de descanso necesaria para la mente.
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