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En primera persona

Sandy Martos, activista: "El malestar emocional merece ser atendido antes de que sea un problema mayor"

Existen señales claras en el día a día que son buenos indicadores

Muchas personas conviven durante meses o años con síntomas psicológicos importantes antes de buscar ayuda

Fotografia de una de las caminatas organizadas en Lleida para gente mayor para luchar contra la soledad no deseada (archivo)

Fotografia de una de las caminatas organizadas en Lleida para gente mayor para luchar contra la soledad no deseada (archivo) / Ferran Nadeu

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Sandy Martos

Barcelona
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La salud mental ha dejado de ser tabú para ser un tema recurrente en muchas sobremesas. Es frecuente hablar de ir a terapia, de trastornos mentales, del último famoso que ha hecho pública su experiencia o de la medicación que toma un conocido. Ahora bien, ¿qué sucede cuando el malestar llama a nuestra puerta?

Es sencillo ver, desde fuera, cómo una persona cae en relaciones tóxicas, cómo repite comportamientos autodestructivos o cómo sufre, y querer llevarla de la mano a terapia. Sin embargo, cuando los síntomas los sufrimos nosotros, identificarlos no es tan sencillo. El malestar emocional no suele aparecer repentinamente, sino que se va depositando poco a poco en nuestro día a día y, sin darnos cuenta, normalizamos pequeñas cosas que, en conjunto, no son para nada pequeñas.

El malestar emocional no suele aparecer repentinamente y, sin darnos cuenta, normalizamos pequeñas cosas que no son para nada pequeñas

¿Cómo podemos darnos cuenta de que algo va mal? Los cambios en nuestra manera de ser o de actuar son un buen indicador. El cansancio, la irritabilidad, el aislamiento, el insomnio, la dificultad para concentrarse y la falta de interés por la vida son señales claras. Desde fuera todo es más sencillo, así que a menudo son las personas de nuestro entorno quienes perciben estos cambios antes que nosotros mismos.

¿Qué espacio ocupa la emoción?

¿Cómo distinguir entre el malestar normal de la vida y un sufrimiento que necesita atención profesional? Sentir tristeza, ansiedad, miedo o euforia es natural y forma parte de la experiencia humana. Sin embargo, no siempre importa qué emoción sentimos, sino cuánto espacio ocupa en nuestra vida. Si la tristeza empieza a dirigir nuestras decisiones, la ansiedad nos impide hacer cosas que antes hacíamos con normalidad o la euforia dificulta mantener una vida estable, ya no estamos hablando únicamente de una emoción pasajera, sino de una señal de que algo falla. Cuando el malestar es intenso, persistente, interfiere en la vida cotidiana o genera un sufrimiento importante, merece atención.

Muchas personas conviven durante meses o años con síntomas psicológicos importantes antes de buscar ayuda

Si alguien llevara tres meses con dolor de espalda, probablemente pediría cita con un profesional. Sin embargo, muchas personas conviven durante meses o años con síntomas psicológicos importantes antes de buscar ayuda. No es necesario estar en crisis para acudir a terapia. Del mismo modo que no esperamos a que una molestia física se vuelva insoportable para prestarle atención, el malestar emocional también merece ser atendido antes de que se convierta en un problema mayor.

Importa recibir ayuda

Tampoco es necesario tener motivos “suficientes” para acudir a terapia. Por supuesto que hay personas que lo están pasando peor, pero la vida no es una competición para ver quién tiene derecho a estar mal. Independientemente de cómo te rompas una pierna, recibirás los calmantes necesarios para que deje de doler. Con el dolor emocional sucede lo mismo: da igual de dónde venga; importa lo que duele e importa recibir la ayuda necesaria para tratarlo.

No todo malestar psicológico es un trastorno, pero todo malestar merece ser escuchado

Buscar ayuda psicológica tampoco significa necesariamente que exista un trastorno mental. En muchos casos, supone simplemente reconocer que algo importante está ocurriendo. Si llevas tiempo planteándote si deberías pedir ayuda, esa pregunta ya es una información valiosa. No todo malestar psicológico es un trastorno, pero todo malestar merece ser escuchado.

Y aunque acudir a terapia sigue siendo un privilegio al que no todo el mundo puede acceder con facilidad, existen recursos públicos, asociaciones, servicios comunitarios y líneas de atención que pueden ofrecer apoyo profesional. Pedir ayuda no siempre implica acudir a una consulta privada; lo importante es no afrontar el sufrimiento en soledad.

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