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En primera persona

Carmen, activista: "Vivir una situación de violencia de género me predisponía a evitar otros vínculos"

"Hasta que no rompí esa relación no fui capaz de intentar conectar con otra gente. Entonces me di cuenta de lo sola que estaba"

"He sentido ese vínculo sanador, reparador y tranquilizador de saber que no estoy sola y que puedo vivir sin miedo"

Carmen Prieto, una de las protagonistas del documental 'Anhedonia dins la depressió'

Carmen Prieto, una de las protagonistas del documental 'Anhedonia dins la depressió' / Emilio Morenatti

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Carmen Prieto

Mataró
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El otro día, en clase de teatro, hablábamos acerca del vínculo entre personas, de la importancia que tiene a la hora de crear un personaje. La manera con que hablamos y nos comportamos con el otro depende del vínculo que existe entre ambos y, a la hora de interpretar, hay que tenerlo en cuenta. 

En la vida real no nos fijamos en esas cosas. Nos sale sin pensar. No decimos una misma cosa de igual manera según a la persona a la que nos dirigimos. Ni la miramos de la misma manera, o la tocamos, o gesticulamos, o nos sentamos o, simplemente, estamos con ella.  Y ese vínculo no solo depende de cuánto hace que la conocemos, o grado de consanguinidad, o cuánto tiempo pasamos con ellos. A veces el vínculo se establece desde el primer momento sin, ni siquiera, saber por qué. Su mera presencia nos produce bienestar. Nos tranquiliza estar, hablar, compartir, con esa o esas personas. Como un ansiolítico o un antidepresivo. Cuando me encuentro mal intento buscar a alguna de esas personas

He creído que yo era la "culpable"

Durante una gran parte de mi vida me ha costado establecer vínculos con muchas de las personas que han pasado por ella. Y durante mucho tiempo he creído que era yo la “culpable” de ser tan poco sociable. No hace mucho me he dado cuenta de que, probablemente, vivir una situación de maltrato y violencia de género me predisponía a evitar otros vínculos que no fuesen con el propio maltratador. Ya que cualquier atisbo de relación con otras personas era el inicio de una gran bronca que inducía a que desechase cualquier intento de romper con mi aislamiento. 

Ese aislamiento me impedía detectar que sufría violencia de género y que formaba también parte del maltrato

Vínculos tan claros como la familia, los compañeros de trabajo, amigos, dejaron de existir casi sin darme cuenta. Y hasta yo misma llegué a pensar que no los necesitaba. Pero fue, precisamente, ese aislamiento lo que me impedía detectar que sufría violencia de género y de que formaba también parte del maltrato. Y que, poco a poco, me iba hundiendo en la depresión y no tenía a quién agarrarme.

Huía de la gente

Hasta que no rompí esa relación no fui capaz de intentar conectar con otra gente. Entonces me di cuenta de lo sola que estaba y de que tenía que poner de mi parte para salir de esa cáscara que había fabricado a mi alrededor. Si yo no daba un paso, era infranqueable. Era una persona solitaria, desconfiada. Huía de la gente. Y nunca saldría de ese estado de tristeza y desesperanza sin ayuda. Necesitaba volver a vivir como ser social, personas en las que confiar. Restablecer vínculos que había perdido. Me cerré tanto que hasta casi perdí a mi familia. Y no tenía amigos. Comprendí que así no podría vivir sanamente. Pero me daba miedo. 

Me cerré tanto que hasta casi perdí a mi familia. Y no tenía amigos. Comprendí que así no podría vivir sanamente. Pero me daba miedo

Miedo a encontrar a alguien que me volviese a hacer daño. Hay que correr ese riesgo y aprender a detectarlos.  Tardé bastante en aprender todo eso. Años de terapia, de autoconvencerme de la necesidad de romper la coraza que me “protegía” de los demás. De hacer cosas que en un principio no me apetecía e, incluso, me aterrorizaba hacer. 

Explico mi historia de vida

Fue entonces cuando contacté con asociaciones que luchan contra el estigma de la salud mental (Obertament, Amb Experiència Pròpia), también con Salud Mental Catalunya, y empecé a colaborar como primera persona en salud mental, explicando mi historia de vida en universidades, en investigaciones para la salud mental y otros proyectos. 

Carmen Prieto, en un fotograma del documental 'Anhedonia dins la depressió'

Carmen Prieto, en un fotograma del documental 'Anhedonia dins la depressió' / EP

Teatro para "entrenar" aptitudes

También me apunté al aula de teatro de la población donde vivo. A cursos de interpretación, doblaje, locución, narración de audiolibros… Actividades que me obligaban a hablar y a mostrarme frente a la gente. Curiosamente, me atrae aquello que más me cuesta hacer. Pero lo hacía… y lo sigo haciendo. Me sirve para “entrenar” las aptitudes sociales y, sobre todo, para establecer vínculos sanos con gente fantástica. 

Vuelvo a disfrutar, a ser feliz, a salir, a compartir. A vivir

He tenido la gran suerte de conocer personas maravillosas que me han iluminado e ilusionado. Han alargado la mano para que yo me agarrara. Y he sentido ese vínculo sanador, reparador y tranquilizador de saber que no estoy sola y que puedo vivir sin miedo.  Me han escuchado y me han mostrado sentirse cómodas. Han estado conmigo, aunque yo me sintiese mal… hasta hacerme sentir bien. O han permitido que me sintiese mal. Me han hecho saber que no soy arisca ni antipática por hablar poco. 

Siento que mi salud mental va sanando, recuperando. Vuelvo a disfrutar, a ser feliz, a salir, a compartir. A vivir.  Doy las gracias a todas esas personas por regalarme esos pedacitos impagables de vida. 

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