Salud mental
Catalunya carece de datos unificados sobre contenciones, ingresos involuntarios y tiempos de espera en urgencias
"No podemos mejorar lo que no medimos", denuncia el jefe de Psiquiatría de Can Ruti, Jorge Cuevas
Las personas atendidas en ese centro pasan una media de 12 horas en urgencias, ingresen o no
Profesionales, activistas, familiares y juristas plantean la necesidad de revisar espacios, circuitos, garantías y alternativas

Contenciones mecánicas en pacientes psiquiátricos. / ANNA MAS TALENS

Catalunya no dispone de registros unificados ni datos epidemiológicos sistemáticos que permitan conocer con precisión qué ocurre en las urgencias psiquiátricas. No se sabe de forma integrada cuántas medidas restrictivas se aplican, qué porcentaje de ingresos son involuntarios o qué tiempos de espera acumulan las personas atendidas. Así lo ha denunciado Jorge Cuevas, jefe de Psiquiatría del Hospital Can Ruti, durante una jornada sobre urgencias en salud mental organizada por el Comité de Ética Asistencial de la Fundació Congrés Català de Salut Mental (FCCSM).
“No podemos mejorar lo que no medimos”, afirma Cuevas, que sitúa la falta de datos como uno de los obstáculos para planificar cambios en un ámbito asistencial cada vez más tensionado. Según expone, en el hospital de Badalona las urgencias psiquiátricas registran un incremento de casos del 30% desde la pandemia de la covid-19. Las personas atendidas pasan una media de 12 horas en urgencias, ingresen o no.
Servicios más saturados
Cuevas describe unos espacios inaugurados en 2018 que llegaron a ser referentes, pero que hoy han quedado superados tanto por el volumen asistencial como por su propio diseño físico. “No solo porque ya no caben los usuarios, sino por el espacio”, resume. Según detalla, las urgencias actuales no tienen luz natural, ofrecen poca conexión con el exterior y disponen de pocas posibilidades de intimidad o desescalada emocional.
Ante esta situación, el Hospital trabaja en una transformación hacia el modelo de las llamadas EmPATH Units, dispositivos más diáfanos y visibles, con espacios personales de regulación y una arquitectura orientada a reducir el estrés ambiental. El centro también prevé evaluar cómo estos cambios modifican la experiencia de usuarios y profesionales.
Para Cuevas, la revisión del modelo no pasa únicamente por el espacio físico. También defiende una toma de decisiones más compartida. “El psiquiatra de urgencias debe dejar de ser un hombre orquesta”, sostiene.
Crisis vitales que llegan al hospital
El Comité de Ética Asistencial de la FCCSM plantea la pregunta de si pueden las urgencias psiquiátricas facilitar la recuperación. Iria Domínguez, psiquiatra de la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica y Atención Domiciliaria de la Fundació Sanitària de Mollet y presidenta de ACPSM-AEN Catalunya, cuestiona el concepto de “urgencia psiquiátrica”. Según plantea, muchas situaciones que llegan a los servicios sanitarios no son solo episodios médicos, sino momentos vitales complejos que el entorno ya no puede sostener. “No deben plantearse como urgencias médicas”, defiende Domínguez.
La psiquiatra recuerda que los profesionales han sido formados para evaluar síntomas, hacer una valoración clínica y proponer un tratamiento, pero considera que este esquema es insuficiente cuando detrás hay una situación difícil en la vida de una persona. El objetivo, sostiene, no debería limitarse a contener o clasificar la crisis, sino abrir un diálogo donde la persona pueda construir un relato que le dé sentido. “Hay que generar un discurso que dé sentido a la situación emocional”, señala. Domínguez defiende que la respuesta no siempre tiene que pasar por un psiquiatra y reclama otros dispositivos terapéuticos más vinculados a la comunidad.
Contenciones, reparación y familias
Edgar Vinyals, presidente de Obertament y vocal de Acción Política y Relaciones Institucionales de la Federació Veus, agradece el acompañamiento de profesionales que, en momentos de crisis, “se lo creen” y han querido acompañarle en la recuperación. Pero también señala la distancia entre las buenas prácticas conocidas y lo que todavía ocurre en algunos servicios. “¿Por qué sabemos desde hace tanto cómo deben hacerse las cosas, pero hoy todavía hay mucha gente que no lo hace así?”, se pregunta.
¿Por qué sabemos desde hace tanto cómo deben hacerse las cosas, pero hoy todavía hay mucha gente que no lo hace así?
Vinyals pone el foco en las medidas restrictivas y en la necesidad de reparación. “Tengo mucha esperanza en este cambio, pero en este tiempo hay muchas personas que mueren”, advierte. Por eso reclama “verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”. Vinyals señala que existen datos sobre personas que han estado atadas durante más de tres días, pero cuestiona que el sistema tenga suficiente valentía para comunicarlo abiertamente. “¿Y cómo reparamos todo esto?”, plantea.
En la misma mesa, Joan Pedreny, representante del grupo Famílies en Acció de la FCCSM, traslada el malestar de familias que se sienten excluidas de los procesos de recuperación, especialmente en situaciones de urgencia. Relata experiencias de maltrato en el diagnóstico, indicaciones recibidas más como órdenes que como orientaciones y esperas en dispositivos vinculados al riesgo de suicidio. Las urgencias de salud mental, denuncia, a menudo “no dan lugar a las familias que acompañan”. Pedreny también señala que muchas personas no encuentran alternativas dentro del sistema público y acaban recurriendo a la atención privada.
Profesionales, derechos y garantías
La revisión de las urgencias también interpela a los profesionales. Àlex Marieges, vocal de salud mental del COIB, recuerda que los malestares psíquicos son cada vez más comunes y defiende que las urgencias puedan tener una respuesta comunitaria.
Marieges explica que se ha “peleado mucho con gerentes” para reclamar más inversión en salud mental y que ha llegado a “volver a casa llorando” por la frustración de ver que los recursos no llegan. Según plantea, si la inversión continúa dirigiéndose “donde siempre” dentro del sector salud, será difícil abordar malestares con raíz social o comunitaria.
La mirada jurídica añade otra dimensión. Judith Franco, jurista de la Fundació Silvestre Moreno, sitúa en el centro cuestiones como capacidades, evaluaciones para ingresos involuntarios, medidas restrictivas, consentimientos informados y planificación de decisiones y voluntades. También señala la ausencia del poder judicial en este debate.
Las urgencias psiquiátricas, según se plantea durante la jornada, no son solo un espacio clínico: también pueden convertirse en lugares donde se deciden límites sensibles entre protección, autonomía y coerción. Por eso, las intervenciones apuntan a abordar no solo circuitos asistenciales, sino también garantías, derechos y alternativas comunitarias previas. Como resume Vinyals, la pregunta no es solo cómo cambiar lo que ocurre a partir de ahora, sino qué hacer con el daño ya causado: “¿Y cómo reparamos todo esto?”.
Suscríbete para seguir leyendo
- Los Mossos enmarcan la ejecución de la calle de Balmes en la guerra de narcos que se libra en Barcelona
- Rafael Santandreu, psicólogo y divulgador sobre el insomnio: 'La costumbre de dormir ocho horas del tirón no es natural
- Esta es la imagen del pistolero que ha ejecutado a un hombre frente a la comisaría de la calle de Balmes de Barcelona
- Las Matemáticas vuelven a convertirse en el 'drama' de la selectividad en Catalunya: 'Ha sido terrible, criminal
- Estas son las nuevas enfermedades que pueden acogerse a la jubilación anticipada: 'Es un importante apoyo
- Visita del Papa a España, en directo | Última hora de la salida de León XIV de Barcelona rumbo a Canarias
- La madre del bebé maltratado en Barcelona confesó a sus amigas enfermeras que se planteaba echar al marido de casa porque no cuidaba bien del niño
- Días clave en el caso del bebé maltratado en Barcelona: declaran vecinas de los padres, médicos de Vall d'Hebron y los abuelos del niño